Diario Judío México - Simón era un viejo pescador y un pescador
viejo… Vivía en una aldea de pescadores a la
orilla del mar. Salía como todos los pescadores
a pescar al amanecer…

Hacía mucho tiempo que no pescaba casi
nada… La gente decía que tenía “mala suerte.”
Habían pasado ya algunas horas de paciente
espera en el mar cuando sintió un fuerte jalón
en su carnada. Apenas podía con aquella
fuerza indómita que aleteaba con
desesperación sintiéndose atrapado…

Era un enorme pez vela, como pudo logró
atraparlo y lo amarró a lo largo de su bote Se
adueño de él un entusiasmo casi infantil…
Sentía orgullo… Pensaba también lo que
ganaría al vender el producto de ese pez.

Emprendió su regreso a la aldea; cuando de
pronto ve que manadas de peces unos de gran
tamaño, otros no, empezaban a devorar al
… Tomo uno de los remos, empezó a golpear
con desesperación a cuanto pez se acercara
sin éxito…

Después del pez capturado solo quedaba el
esqueleto… La gente de la aldea que lo vio
llegar no daba crédito del tamaño del
esqueleto del pez. Ya fatigado, Simón se dirigió
a su cabaña con un intenso deseo de dormir.

Lo anterior sucedió porque en el mar hay
mucha hambre… Porque en el mar el pez
grande se come al chico… Porque la ventaja y
la desventaja son siempre desiguales… Lo
mismo que en la tierra…

Nissim Mansur T.
[email protected]

*Para la realización de este escrito me base en
el libro El Viejo y el Mar de Ernest Hemingway.

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Industrial y asesor en materia de seguros y fianzas, inicia su actividad periodística hace siete años, principalmente en periódicos y revistas comunitarias judías y en el periódico El Asegurador, en su sección "Vivir seguros".