Diario Judío México - Me encontraba yo formado detrás de varios autos para verificar mi auto… Llego mi turno y al entrar al verificentro:

– Su tarjeta de circulación, su verificación anterior, su identificación personal…

-Se me olvido mi identificación.

– No lo podemos verificar, se me dijo… De regreso a casa noto que me falta mi tarjeta de circulación… Rápido, muy rápido, me regreso al verificentro:

– Señor creo que le deje mi tarjeta de circulación…

– Yo no la tengo, fue la respuesta… Me empecé a sentir mal, muy mal. De pronto se me acerca una joven muchacha…

– Le voy a ayudar a encontrar su tarjeta de circulación… Abrió una a una las puertas del auto, buscó en los asientos, buscó en el piso, abrió la otra puerta, de pronto me dice aquí está.

– Si le falta su identificación, mi esposo manejará su coche. Abordó mi coche un hombre joven, mostró su identificación y se formo para verificar el auto. Me sentí apenado, agradecido por la molestia.

– Si gusta váyase y yo le llevo su identificación a su casa, le dije.

– No se preocupe yo me espero… Finalmente pude verificar mi auto en el momento que le era entregada la identificación al joven que me ayudó… Al salir del verificentro con rumbo a casa orille el auto frené y pensé: No me cabe duda de que Alguien me acompaña siempre… Y así a sido a lo largo de mi toda mi vida.

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