Por un lado, un grupo terrorista – Hamás -, que lanza ataques masivos e indiscriminados con cohetes contra un país vecino al territorio que controla; que cuenta con una red de empresas en el extranjero (unos 500 millones de dólares) de las cuales subdivisiones regionales de esa organización terrorista recibe dinero, mientras sume a la Franja de en la pobreza. Un grupo que organiza “campamentos de verano” para niños y adolescentes que sirven “de herramienta para inculcar la ideología religiosa extremista de la organización a la yihad, el martirio y la glorificación del terrorismo y de los terroristas”, y donde “inculcan un compromiso con la intransigente lucha armada en contra de Israel con un único objetivo de liberar a Palestina desde el río hasta el mar, mientras enseñan una amplia gama de habilidades militares y de combate”. Un grupo que utiliza a su población civil como escudo. Y etcétera, etcétera, etcétera de terribles acciones, de peregrinas acusaciones.
Por el otro, medios en español que se dicen serios, publicando un suceso como un hecho destacable de ser añadido a su sección de noticias internacionales… Decía, ese grupo, según el titular del diario 20 minutos, que “Israel entrena “delfines asesinos” para misiones militares en la costa de Gaza”, y que uno de sus miembros había sido muerto “manos de un ‘delfín militar’ entrenado por Israel. El animal estaba supuestamente equipado con un dispositivo capaz de matar”. En un video, el fiable grupo terrorista mostraba el artefacto con el que supuestamente habría estado equipado el sagaz cetáceo.

Decía el propio medio que “no hay ninguna prueba de que el artefacto mostrado en el video pertenezca a Israel, ni de que haya sido utilizado por un delfín”, pero, aun así, al parecer resultaba más jugoso publicar los dichos de una organización criminal.

Y es que, ¿el artefacto no podría haber sido fabricado por el propio Hamás? ¿Es una hipótesis de trabajo muy descabellada?

El diario español La Razón, mientras citaba como fuente al periódico israelí Jerusalem Post, que titulaba“Killer Zionist dolphins? claims they exist (¿Delfines sionistas asesinos? Hamás afirma que existen”); elegía titular de la siguiente manera:

““Delfines asesinos”: así es el nuevo arma letal de Israel contra frente a las costas de Gaza”

Daba por verificado, confirmado, corroboradísimo y súper comprobado lo que no era más que la acusación de un grupo terrorista – es decir, lo que se parecía a una vuelta más de la manivela propagandística de Hamás.

También El Español, en su sección “tecnología”, y desde el propio titular, daba como un hecho lo que, a falta de comprobación, era una la readaptación de un viejo hit propagandístico:

“Un delfín que dispara arpones: la última arma letal de Israel contra Hamás”

Y además decía:

“Tal y como se explica en un vídeo publicado en las redes sociales de Hamás, Israel estaría utilizando delfines asesinos entrenados por sus fuerzas armadas”.

Tal y como se explica… en las redes sociales de Hamás… Así, sin más, normalizado, validando como fuente de información, de confianza, a un grupo terrorista.

Todos daban por ciertas las afirmaciones de un grupo terrorista. Si había alguna duda, era enterrada en el texto, donde no se notara mucho. El titular, en cambio, le decía alto y claro al lector qué debía “entender”.

Por un lado, un grupo terrorista como director de orquesta; por el otro, unos medios que seguían la partitura al pie de la letra. Uno y otro lados, confundidos en un mismo producto final.

Esto, que parece más digno de una página amarilla o, incluso, multicolor – si es que, fuera del país interesado, tal acusación tiene sitio -, entraba en la agenda editorial de estos medios. Eso sí. La investigación del medio alemán Welt, que exponía la red de empresas del grupo terrorista, en cambio se quedaba afuera. Como en su momento también lo hacían las declaraciones de Fathi Hammad, histórico líder del grupo terrorista palestino Hamás, transmitidas por el canal de televisión de Hamás, Al-Aqsa TV, dirigidas a los palestinos en el extranjero:

“Tenéis judíos en todas partes y debemos atacar a todos los judíos del mundo – debemos masacrarlos y matarlos, si Dios lo permite. ¡Suficiente calentamiento!”

Nada, en definitiva, que le muestre a la audiencia el verdadero rostro de Hamás.

¿Qué diferencia hay, entonces entre unos hechos y otros?

Qué diferencia hay entre el llamado a asesinar judíos alrededor del mundo, entre un grupo terrorista varias veces millonario que somete a su población, y un delfín… Entre lo factual y lo meramente posible… Entre lo estremecedor y lo anecdótico…

Más claro, y lo llamamos vidrio.

FuenteRevista MO

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