Por estas fechas millones de personas en Norteamérica celebran una festividad que trasciende fronteras, ideologías políticas, religiones y hasta diferencias personales. El Día de Acción de Gracias es quizá la práctica cultural que más impronta deja en los migrantes; muchos de quienes regresan a sus lugares de origen la siguen practicando. Se trata de una cena donde la familia se reúne para agradecer. En muchas comunidades es una fecha más trascendente que la Navidad.

Mi abordaje no aspira a profundizar en esta fiesta nacional ni explicar que al día siguiente se practica un ritual masivo que hace apología del consumo, el Black Friday, sino entender cuál puede ser una de las razones por las cuales tiene tanta aceptación. Para ello nos vamos un poco al norte de Plymouth (el lugar donde muchos historiadores establecen la cuna del Thanksgiving en Norteamérica) y llegamos a Cambridge, en el mismo estado de Massachusetts, específicamente a la prestigiada Universidad de Harvard. En 1938 esta institución inició un estudio para rastrear la salud de 724 hombres durante la Gran Depresión. Buscaban pistas para determinar qué hacía que alguien tuviera una vida saludable y feliz. Lo notable es que este estudio se sigue haciendo con los sobrevivientes (algunos ya en sus años noventa); se tiene registro sobre su salud y su condición mental, durante más de ocho décadas. La conclusión de este trabajo podría explicar por qué el Día de Acción de Gracias tiene fuerza entre millones de personas. También podría ser una especie de secreto de lo que hace que tengamos una mejor vida.

Démosle voz al cuarto director del estudio, Robert Waldinger, quien en una ponencia de la serie TEDx inquiere: ¿en qué invertirías tu tiempo y energía para tener una vida saludable y feliz? Luego cita una encuesta con millennials donde se les cuestionó cuáles eran las grandes metas de su vida. Ochenta por ciento dijo que “ser rico”, 50 por ciento dijo “ser famoso”. Waldinger explica que lo valioso del experimento de seguimiento de vida a un grupo de adultos no es preguntarles ¿qué recuerdas que te hace feliz y saludable?, sino que es un seguimiento objetivo fundamentado en evidencias. Probablemente sea un estudio único en el mundo.

Se han rastreado dos grupos de hombres (sí, algo que hay que reclamar es que no incluyeran mujeres, aunque últimamente ya invitaron a esposas e hijos), un grupo de estudiantes de Harvard, otro de chicos de barrios pobres de Boston. Algunos se convirtieron en albañiles, abogados, directores de empresa, uno en presidente de Estados Unidos (John F. Kennedy); obreros, médicos; algunos tuvieron ascenso social, otros descendieron, en fin, como es la vida.

La información la obtienen mediante respuestas directas de los participantes, también a partir de revisar evidencias de sus estudios médicos, observar conversaciones con sus familiares y hasta respuestas de éstos. La gran conclusión es: “Las buenas relaciones nos hacen más felices y saludables. Punto”, enfatizando en tres aprendizajes adicionales: primero, las conexiones sociales nos hacen bien y la soledad mata (las personas con más vínculos a familia, amigos y sociedad son más felices y viven saludables más años; la soledad resulta tóxica: su salud decae más rápidamente, sus funciones cerebrales también). Segundo: no se trata de tener muchas relaciones sociales sino relaciones de calidad (el conflicto daña; el apoyo cercano, el amor es terapéutico). Tercero: las buenas relaciones no sólo protegen físicamente, también mentalmente.

Muchos de quienes han sido parte de este estudio, cuando eran adolescentes, también respondieron que lo que anhelaban para una vida feliz y saludable era fama y fortuna. La conclusión del estudio muestra que, más importante que esas metas, invertir tiempo y energía en relaciones humanas de calidad es clave. Es esto lo que podría explicar por qué una cena que congrega a los seres queridos alrededor de un pavo es tan practicada. Si extendemos el tema a una temporada, explicaría (más allá de una visión religiosa) por qué la Navidad o un domingo en familia provocan felicidad.

Volvemos a nuestro origen, la caverna, el fuego primitivo, la punta de obsidiana y el valor de enfrentar a una fiera. Es importante ser un buen cazador, es más importante tener una buena tribu.

@eduardo_caccia

FuenteReforma

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

A excepción de tu nombre y tu correo electrónico tus datos personales no serán visibles y son opcionales, pero nos ayudan a conocer mejor a nuestro público lector

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.
Artículo anteriorCementerios, los últimos vestigios de la vida judía en Europa del este
Artículo siguienteEl Muro de los Lamentos
Desde que Eduardo Caccia (Ciudad de México, 1962) era niño, estuvo en búsqueda para descubrir lo extraordinario y tener respuestas a preguntas paradójicas. Su deseo era convertirse en arqueólogo; la vida lo puso en otra dirección, que lo llevó a la investigación no tradicional de consumidores. Según dice, esta actividad semeja mucho a la del arqueólogo, pues consiste en escarbar profundo en las capas de la mente humana, hasta el fondo, donde están enterrados los tesoros.Eduardo Caccia reta el statu quo muy a su manera, se nombra “Any Possibility Officer” en Mindcode, la empresa de neuromarketing que fundó para hacer innovaciones y posicionamiento de marcas. Es coautor de la metodología brandgenetic y creyente en la integración de las ciencias sociales con los negocios, para mejor entender la conducta del consumidor. Su meta ha sido ser un puente entre la academia y los negocios.Licenciado en Administración de Empresas, Eduardo ha sido profesor universitario en la Universidad Panamericana, miembro de la Universidad de San Diego, en la Oficina de Educación Corporativa y Profesional, también ha escrito artículos sobre marcas y temas de código cultural en prestigiadas publicaciones como Expansión, Reforma, Mural, El Norte, La Jornada. Eduardo es conferencista y ha dado cientos de conferencias y presentaciones en diferentes temas, en varios países. Como observador y estudioso de la conducta individual y de grupos, ha escrito artículos para entender y mejorar la convivencia urbana y rescatar las tradiciones y los barrios temáticos de las ciudades.Sus aportaciones han ayudado a más de cien diferentes marcas, muchas de las cuales están dentro de las 500 de Fortune: Pepsico-Sabritas, Danone, Kellogs, Nestle, Nextel, Italiannis, Lawry’s, Bimbo, Cinépolis, Tequila Cuervo, Tequila Sauza, Pedro Domeq, Casas Geo, Maseca, Promexico, TVAzteca, Televisa, Holcim Apasco, Microsoft, Mabe, Smuckers, Folgers Cafe, Tecate, Wings, Fiesta Inn, Fiesta Americana, Marlboro, Alsea, Tecate, Pepsico, Oxxo, DHL, El Globo, Coca Cola, Bacardi, Tecno Lite, Michelin, Gayosso, entre otras.