Una fundación extraña

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Una fundación extraña
LA VIDA es lo que se pierde,
la muerte lo que se gana;
lo de la vida fue ayer,
lo de la muerte mañana”
“ISABEL: vIvir, para ver”

Isabel Escudero

A Irene Gracia, a Irene Palaud, arte, sensibilidad y gracia en las Navas del Marqués.

El geógrafo del siglo XVII Rodrigo Méndez Silva, escribió una obra, propia de su materia de estudio, y aun más, que tituló “Población de España”. El Capítulo LXXIII de dicha obra está dedicado a nuestra Villa (como literalmente la llama el autor)  de Las Navas del Marqués. En el momento en que Méndez Silva escribe su obra, son 800 los vecinos que habitan aquí en Las Navas, los cuales, según asimismo se dice, antes incluso de dedicarse a la cría de ganado, lo hacen fundamentalmente “al gran trato de muy buenos paños, proveyendo varias partes dellos Reynos”.


Resulta, pues, claro que, en tal época, Las Navas era sobre todo una villa de tejedores, o fabricantes de tejidos, sin limitarse al propio consumo y el de sus alrededores, sino que exportaba a otras regiones de España. Más aún que de criadores de vacas y producción de leche, como se la ha conocido desde primeros del pasado siglo XX. A esto debió contribuir en notable medida aquel chascarrillo que a mí me contaron el primer año de mi ya prolongada estancia veraniega, en 1973: “Leche de las Navas”, ofrecían algunos naveros en un cantarito de barro, desde los andenes, al estacionamiento de los trenes. “La mitad agua”, dicen que replicaban los viajeros desde la ventanilla. “La mitad… leche”, replicaba el oferente, indignado. Pues eso he dicho, “la mitad agua y la mitad leche”, concluía el viajero de ferrocarril. ¡Por Dios, qué mala fama…! De las tres supremas necesidades que integran la trilogía marxista, en lo que atañe al concepto de necesidad (nutrirse, cubrirse, cobijarse), los naveros de entonces habían decidido dedicar sus esfuerzos y su trabajo a satisfacer las del primer y segundo órdenes, y nada menos que a título de exportación. Y aunque, de los cantaritos de leche, la mitad fuera agua (cosa que no creo, dada la honestidad de las gentes del lugar), sin duda los paños, si hemos de otorgar crédito a Méndez Silva, eran en el siglo XVII, “muy buenos y muy bien tratados”. Nada de fraude en esta materia. Por el contrario, a diferencia de los productos lácteos -según entiendo carentes de toda regulación-  ya en 1500 se había promulgado la Pragmática de Granada, firmada por los Reyes Católicos en dicha Ciudad el 15 de Septiembre de dicho año, que aprobó las Ordenanzas sobre la fabricación de paños.

Lógicamente, en el siglo XVII, en que se escribe la indicada obra geográfica “Población de España” [cuyo facsímil del Capítulo LXXIII, tomado de la Biblioteca Nacional se inserta inicialmente, junto al edificio del actual BBVA] aún no había sido realizado el Catastro de Ensenada, que data del año 1751, ya transcurrida la mitad del siglo XVIII. Como es bien sabido, con el advenimiento de este último siglo, España había logrado superar la prolongada crisis de la centuria anterior, abriendo una etapa de reactivación y desarrollo económico. Por ello precisamente, el Marqués de la Ensenada, Don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, máximo responsable de la política económica durante el reinado de Fernando VI (un gran rey, por cierto, a diferencia de todos los demás borbones y muy especialmente de algunos), aprobó un nuevo modelo de la Hacienda pública, en el año 1749, cuya base fundamental del sistema tributario fue la sustitución de todos los impuestos hasta entonces tradicionales por el impuesto único del Catastro, que se denominó por ello “El Catastro de Ensenada”. El catastro, actualmente, es un registro fiscal orientado, no a saber quién ostenta el derecho de propiedad, por haberse constituido en su favor dicho derecho (de eso se encarga otra institución, el Registro de la Propiedad, inexistente en España hasta 1861), sino quién es el sujeto pasivo tributario que ha de pagar por los bienes inmuebles sobre los que recae el mismo. También  -entonces-  en el caso que nos ocupa, sobre las actividades económicas que se realizaban. El Catastro de Ensenada se basó, en su elaboración, en una serie de preguntas que determinaron, una vez efectuadas las correspondientes actividades de investigación, las consiguientes Respuestas Generales, por parte de cada uno de los Municipios de toda España. Las Respuestas Generales de la Villa de Las Navas del Marqués fueron publicadas, en el año 1993, por Ediciones del Umbral, bajo patrocinio del Ayuntamiento de Las Navas, sobre los fondos documentales de dicho Catastro, depositados en el Archivo General de Simancas y en el Histórico Provincial de Ávila, con Introducción de Gonzalo Martín García, de la Institución de Estudios Abulenses “Gran Duque de Alba”, e Ignacio González Tascón, de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de la Universidad de Granada.

Por este motivo, los 800 habitantes que Méndez Silva atribuye a la Villa de Las Navas del Marqués, en el siglo XVII, un siglo más tarde, en 1751, se han convertido en 2.130, incluidos los 14 frailes dominicos del Convento dedicado a Santo Domingo y a San Pablo, (si bien, a la Pregunta 39ª, relativa a los Conventos y Religiones, se responde que “el convento del orden de Santo Domingo, llamado de San Pablo, se compone de nueve religiosos existentes en él), según el “Libro personal de los vecinos de la Villa de Las Navas y Libros oficiales de personal”, del Archivo Histórico Provincial de Ávila, en relación con el Catastro de Ensenada (Libros 710, 711 y 712).

Por otra parte, los criadores de ganado y fabricantes de paños, se han convertido, o han dado lugar, en no pocas personas que ejercen muy diferentes oficios: Albañiles, Canteros, Albéytares, Herreros, Sogueros, Zapateros, Sastres, Tintoreros, Molineros, Hortelanos, Pastores,… además de los 90 pobres de solemnidad, sin que, por otra parte, pueda haber variado el paisaje agrario, ni la distancia de la Villa al Escorial, que Méndez Silva establece en “tres leguas”.

Pero lo que, sin duda, más llama la atención es que, según Méndez Silva, la Villa de Las Navas del Marqués hubiese sido fundada por “Hebreos de Nabucodonosor”, cuando  -sobre todo si se observan las virtuosas costumbres de sus actuales comerciantes- más bien parece haberlo sido por los fenicios. Porque es bien injusta la fama de amante del dinero y la usura atribuida al pueblo judío, cuyos miembros se vieron obligados a ejercer el oficio de banqueros por no permitírseles el ejercicio de ningún otro. Y, además, a tener que fingir antigüedad, nada menos que desde los tiempos de Nabucodonosor, que precisamente fue quien se los llevó cautivos a Babilonia, tan sólo para poder argumentar que, muy difícilmente ellos habían sido quienes mataron a Cristo, dado que ni  -por razón del lugar- podían estar en Jerusalén, sino fundando Las Navas, ni  -por razón del tiempo- en la época del Emperador Tiberio, que fue cuando sucedió la muerte de nuestro Redentor. ¡Pobres judíos! (posiblemente Rodrigo Méndez Silva también lo era), siempre forzados a disfrazar con ingenio la mentira, para rescatar de ella ¡la pura verdad! Y, pese a todo ello, tras dos enormes cautividades y el constante acecho a su misma subsistencia, han logrado ser siempre, y convertirse hoy en día en una de las más avanzadas naciones del planeta. ¡Qué gran pueblo Israel! Alguien me dijo una vez que mi apellido era judío. Si así fuese, me sentiría orgulloso de ello.

Las Navas del Marqués (Ávila, España)
10 de Agosto de 2017
Festividad de San Lorenzo Mártir

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