He seguido con atención la información diaria del avance de la vacunación contra COVID 19 que se aplica en los países de América, divulgada por los principales voceros internacionales como la Universidad de John Hopkins y la Our World in Data, a través del canal divulgativo CNN, que nos demuestra lamentablemente que en este país (EEUU), en la presente semana, el 93% de los casos reportados en las casas asistenciales corresponden a casos positivos de la variante Delta, que mucha preocupación ha concitado a las autoridades sanitarias de este y los países del mundo. La acentuación de la preocupación es, porque pese al avance de la y de constatar la elevación de los casos, un gran segmento de la población, se muestran renuentes a aceptar la vacunación, esgrimiendo la mayoría, errores de concepción, que bien justifica se desarrolle, paralelo a la vacunación, una campaña explicativa de las ventajas de su aplicación, a fin de disminuir este impacto negativo. Las cifras de este momento lo verifican palmariamente: Brasil alcanza a la fecha, el 19.5% de su población que ha recibido las dos dosis de las vacunas disponibles, a pesar de ser el país de mayores casos reportados; el resto de los países latinoamericanos es como sigue: Colombia 24.3%; México 20.1%; Argentina 16.3%; Perú 16.4%: Ecuador 14%; Bolivia 14.8%; Paraguay 4%; Venezuela 3.3%; 1.9%; Honduras 3.2%; Nicaragua 2.5%; Costa Rica 16.7%; Panamá 16.2%; Cuba 23.7%, siendo la excepción dos países, calificados como ejemplares, Chile con el 64,5% y Uruguay el 64%, lo que nos demuestra que si se planifica bien, los resultados lo reflejan.

Merece que resalte como médico, que la vacuna, cualquiera que sea la elegida, proporciona niveles de anticuerpos adecuados contra este patógeno, que inmuniza además contra cualquier variante que asome, producto de las continuas mutaciones que normalmente produce. Las mutaciones son errores que asoman en su multiplicación en las células que invaden, concentrándose todas, en la estructura de la “espina” o fracción que se introduce en la célula afectada produciendo la infección, reduciéndose que los anticuerpos producidos por las vacunas, protegen contra estas variantes, lo critico es, que continuarán apareciendo variantes si la población humana no eleva su nivel de protección a un mínimo del 70% de la población de cada país, denominada “inmunidad de rebano”, inmunidad que protegería al segmento restante, si por cualquier causa aceptable, no recibe la vacuna, siendo en consecuencia una necesidad social recibirla y prepararnos los que hemos recibido la segunda dosis en aceptar una tercera, que nos proteja en forma aceptable.

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