In memoriam, a mi querido amigo
Manuel Enrique Mira Sánchez (MAN).

El Edicto de la Alhambra o Decreto de Granada, tras un glorioso reinado en todos los sentidos, fue el único borrón que cuenta en las decisiones de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Pero es un borrón muy grande, demasiado espeso y perturbador. La expulsión de nuestros compatriotas sefardíes de su propia Patria  -Sefarad-  fue tan doloroso para ellos como perjudicial y nocivo para el futuro, hecho hoy presente, de la propia España. Además, fue injusto. Ellos contribuyeron a la obra de Fernando e Isabel de manera altamente notable, facilitando recursos, y hasta algunos hombres de suma ilustración y buen hacer político, como Abraham Seneor o Isaac Abravanel. Cuando el primero decidió permanecer en la Corte y en España, mientras el segundo y la inmensa mayoría de su pueblo se marchaba al exilio, comenzaron las fatigas de este gran pueblo hispano. Pero, aunque España continuó su desarrollo político, cultural y económico, tras el Descubrimiento de América, tan sólo menos de siete meses más tarde (del 31 de Marzo al 12 de Octubre del mismo año 1492), es preciso y justo formular dos observaciones. La primera es la de que, a esa gran empresa transoceánica, contribuyeron también los judíos españoles. La segunda, es más dolorosa aún para España. Con nuestros compatriotas sefardíes dentro, y no desparramados por el mundo, España hubiese sido, y quizá aún lo sería, una grandísima potencia universal.

Porque el pueblo judío, en general, y nuestros compatriotas sefardíes en particular, están dotados de enormes capacidades intelectuales y humanas. Con ellos, España hubiese sido Alemania, en ciencia y en técnica, en música, en arte y en economía. No es verdad cuanto  -de malo a peor-  se ha dicho entre nosotros de ellos, sin advertir que eran tan españoles como nosotros mismos. Y sobre todo, y en el orden religioso estricto, que los judíos, el pueblo de Israel, son nuestros Hermanos mayores precisamente en la Fe religiosa. Porque, Jesús nuestro Redentor, era un judío, rodeado de doce judíos más. Por eso, nosotros, los cristianos, venimos directamente de la Sinagoga y el Canto gregoriano de la Salmodia. Esto, no podemos ni debemos olvidarlo. Son ellos los que deben perdonar a la Historia, y no nosotros, que les hemos, históricamente, injuriado, calumniado, menospreciado y hecho objeto de infinidad de vejaciones, apelativos insultantes y mala consideración, cuando la inmensa mayoría de tales ofensas pudieron basarse en hechos también históricamente falsos y fueron propagados, en su momento por intereses muy particulares y nunca por el interés de España.

Permítaseme, pese a resultar pueril y casi ofensivo para las personas mínimamente cultas, quepa  -sea necesario y  desee yo expresamente-  distinguir entre judaísmo, semitismo, sionismo, israelí o israelita, y por último sefardí o sefardita. A todo ello, me apunto favorablemente, porque me parece justo y honesto. Incluso el término "sionista", tan hostigado y maltratado, aunque también temido, por los malditos marxistas y otras gentes de peor pelo aún  -si ello es posible-  resulta totalmente defendible, ya que no puede significar otra cosa sino "movimiento político consistente en el derecho a la afirmación, creación, defensa y apoyo al Estado soberano de Israel", eternamente peregrino hacia la tierra prometida, "la que mana leche y miel" y castigado a soportar dos cautiverios tan crudos como los de Egipto y Babilonia. Asesinado, por último, del modo más atroz e inhumano por aquel otro monstruo de la perversidad, llamado Adolf Hitler. Un pueblo errante por todo el planeta, ¿no puede tener derecho a un Estado?

No importa nada, sino quizá mucho y bueno, que a España se le llame también Sefarad. Como se le puede llamar Iberia (en unión del también Hermano Portugal) o como la llamaron los romanos, Hispania, incluyendo también la Lusitania  -como la Bética y la Tarraconense-  o los celtas, Keltiké. Es la misma y es más grande cuantos más seamos, remando en la misma dirección, a favor del mundo y de nosotros mismos. En lo que a mí se refiere, mi primer apellido, Madrigal, en algunas listas figura como apellido de origen judío. Ciertamente, en otras no. Vaya usted a saber, después de tantos siglos. Pero, si lo es, lo será para mí a mucha honra y orgullo, porque eso querría decir, en primer lugar, que, además de serlo de los sefardíes, sería compatriota, humanamente, nada menos que de Jesús de Nazaret, y de su Santísima Madre, María  -"Myriam", o "inmensa como el mar"-  además de Pedro y Andrés de Betania, Santiago y Juan, Felipe, Mateo, Bartolomé.... Pero asimismo, en segundo término y amplio sentido, de Albert Einstein o Baruch Espinoza, entre tantos otros genios que ha dado Israel a la Humanidad. Desde luego de Karl Marx, no. A este individuo, que también era judío, asquenazí, no puedo desearle más que se encuentre en el Infierno, y que el Dios misericordioso me perdone, por decir, más que por desear, tal cosa.

Me he referido al Edicto de la Alhambra o Decreto de Granada, pero en realidad, si bien ambos promulgados en dicha Ciudad, ,los decretos de expulsión fueron dos, puesto que personal era la unión de Reinos entre Isabel y Fernando, de tal modo que el Decreto para que rigiese en Castilla, iba firmado por ambos Reyes, pero el aplicable en la Corona de Aragón únicamente llevaba la firma del Rey Fernando. Las versiones sin embargo eran diferentes, y diversos los matices, si bien ambos formaban parte de un único proyecto, elaborado por el Inquisidor General, Tomás de Torquemada, nombrado en el año 1478 para Castilla y en el 1483 para Aragón.

El Decreto promulgado para la Corona de Castilla, que los historiadores entienden entró en vigor el mismo día de su promulgación, 31 de Marzo de 1492, concedía el plazo de hasta el 31 de Julio de dicho año  -cuatro meses-  para la salida de España, si bien dicho término se amplió diez días más, hasta el 10 de Agosto. El Decreto relativo a la Corona de Aragón estuvo vigente hasta el día 15 de Julio de 1707, fecha en la que la región aragonesa pasó a regirse por el de Castilla. Este último se había extendido a Navarra en 1481.

Seguramente, a la llamada “izquierda” española no le hará ninguna gracia que, si bien fue la Constitución de 1869, la que privó de valor y efectos jurídicos a dicho Decreto, al establecer la libertad de culto, fuera el Gobierno del General Franco el que, progresivamente, a través de las Leyes de 2 de Febrero de 1939 y 16 de Diciembre de 1968, vació el contenido del Decreto de expulsión, hasta finalmente ser abolido y formalmente derogado el día 21 de Diciembre de 1969. Claro, que a los izquierdistas españoles se les habrá formado, al respecto, un nudo en el cerebro, y otro en su corazón lleno de odio tanto al General Franco como a Israel y a lo que ellos llaman “sionismo”, sin perjuicio del reservado a los Estados Unidos de América, al que llaman despectivamente “el Séptimo de Caballería”.

En fin, es Navidad y es necesario perdonar a los peores enemigos, aunque ellos jamás perdonen, siempre dispuestos a desbaratar y destruir el orden de los valores y principios axiológicamente más tradicionales, a suprimir la verdadera libertad y convertir en delictivo cuanto proclame y defienda aquéllos nobles y sagrados principios.

Por esto, fundamentalmente, deseamos con el mayor fervor, y más en esta hora tan decadente y amarga, el regreso de nuestros compatriotas sefardíes  -de sus descendientes-  allá donde puedan encontrarse. El actualmente vigente Código Civil español ha equiparado a los sefardíes  -a los efectos de concesión de la nacionalidad española-  a los ciudadanos de origen de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal. ¡Cuánto necesita España vuestro talento y vuestro talante y capacidad de lucha y de resistencia. Venid, compatriotas, venid.

Les dejo con la imagen y la voz de mi viejo amigo Man, hoy ya en el Cielo.

 

2 COMENTARIOS

  1. Muchas graciaas ,me emosiona leer su informe. Soy de Chile orgulloso de mi pueblo, se que nunca mas sera esclavisado ,porque la Biblia ,la Santa palabra de Dios asi lo dice.
    Muchas gracias por tan exelente analisis.

  2. Esplendido texto con que nos obsequia el ilustre jurista don Luis Madrigal sobre los judios de Sefarad.
    Acertado análisis el suyo.
    Sugiero una lectura atenta del mismo

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