…Y de pronto pasa algo inesperado que realmente veníamos esperando hace mucho, tal vez siglos. Parecía imposible y por eso lo creíamos inesperado, pero sucedió y fue maravilloso. Fue un evento que cambió la historia, si no del mundo, por lo menos de un grupo numeroso de personas, o ya sea de un solo individuo, pero sucedió al fin y fue glorioso. Tanto que nos llenamos de regocijo festejando y agradeciendo, nos olvidamos de las diferencias personales entrelazándonos en fraternales abrazos y buenos deseos que unen corazones y sentimientos ya que desde esos lugares nacen. Llega a ser algo tan grande que decidimos que cada año haremos un festejo en esa fecha tan milagrosa, tan majestuosa, tan alegre y de tanta sensación de libertad, regocijo y desbordados en agradecimientos con lágrimas de emociones infinitas en recuerdo y agradecimiento a tales acontecimientos.

Entonces esperamos el día del aniversario, estamos contando los días para recordar y volver a festejar como antaño, aunque nunca como la primera vez. Y tal vez, y aun sin tal vez, cada año será un poco más frívolo que el anterior. Incluso no esperaremos tanto ese día por recordar la magnitud del evento que hemos vivido o que han vivido nuestros ancestros, sino para usarlo como una válida excusa para no trabajar, para hacer algo diferente.
Como sea, siempre se festeja y eso es bueno porque se trata de llegar al corazón de la época y revivir aquel instante que se encuentra difuminado y disuelto en algún recóndito espacio de nuestro interior, y así volver a percibir, a sentir, a lograr la emoción como la vez primera o lo más cercano a ella.
Mientras los días pasan, muchas veces nos olvidamos siquiera de tal evento, máxime cuando la distancia en el tiempo es incontable, puedo decir que más de 1000 años. Ahí es difícil, casi imposible, recordar cada día, esperar a diario a que llegue el día del festejo. Claro, comenzamos con los preparativos unos días antes y todo se vuelve a tornar de los colores y sabores a la espera del gran día, pero eso no sucede todo el año y no es una crítica, sino una ontológica realidad de nuestra especie.

Retrocedamos el tiempo atrás, cuando aquel día milagroso no había sucedido. Tal vez sentíamos la angustia por estar en una apremiante situación, tal vez muchos sentían comodidad y hasta habían caído en la costumbre, tal vez otros añoraban algo sin saber a ciencia cierta qué, tal vez algunos ni siquiera se imaginaban otra vida ya que desde sus ancestros habían vivido así y a ellos les tocó nacer bajo ese sistema sin conocer otro posible. Muchas posibilidades podían ser en aquel entonces, hasta que sucede y se dan cuenta de la pena y vergüenza al no saber dónde estaban, no saber que algo no estaba bien, y hasta creer que ese método de vida era único e incluso el mejor. Entonces sucede sin haberlo esperado y conocemos un mundo nuevo.
Entonces no necesitamos “estar mal” para esperar algo bueno, ya que siempre podemos estar mejor y existe la posibilidad que hayamos caído tanto en la costumbre que lleguemos a pensar que estamos muy bien.

Entonces sucede…
Y pensamos que hoy es un día más, pero no. Hoy es un día muy especial. Hoy es el día que no estamos esperando mientras estamos haciendo todo lo posible para que eso algo suceda. Hoy no es un día más, un día simple, un día como los demás que vino y se fue, y otro que se irá, no. Hoy es ese día tan especial, único y digno de festejar cada año. Hoy es el día que festejamos doble, ya que un día como hoy, hace no sabemos cuánto tiempo, sucedió algo. Ese algo fue hermoso. Ese algo fue que un día comenzó con mucha esperanza y fue fundamental para llegar al día de hoy. Y el segundo motivo es que hoy será, hoy es ese día que nos regocijaremos de alegrías para marcar una gran fecha en años posteriores. Porque hoy es un día único, inigualable e irrepetible en la historia.
¡¡¡FELICIDADES A TODOS EN ESTE GRAN DÍA!!!

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.