La culpa siempre será del violador, de eso no hay dudas. Y merece que le corten sus genitales, ya sea hombre o mujer, pero sólo como castigo ya que el violador no busca satisfacer sus deseos carnales, sino que se alegra con el sometimiento ajeno, con o sin sus genitales.

Lo que no es correcto es decir “La culpa no es mía, por dónde andaba o cómo vestía”.
Repito: la culpa siempre la tiene el violador, eso es indiscutible.
Ahora bien, resulta que vamos por un barrio donde sabemos que no es seguro, que roban y matan, porque, que existen existen pues. Y sabemos que no es seguro andar por ahí.
Repito, la culpa siempre es del violador, sea hombre o mujer, pero es importante el uso del sentido común.

Vestirse de manera provocativa es algo que a los perversos les provoca. No a todos los hombres, sólo a los perversos y por desgracia existen.
Claro que siempre la culpa es del violador, eso es seguro e indiscutible.
Me dirán: ¿Acaso no puedo vestirme como yo quiera?
Bueno, no. No todo lo que uno quiera puede hacer. Por ley, puedes vestirte como gustes mientras mantengas la mínima cordura, prudencia y recato. Eso es más que una ley, es una ética, una moral.

A veces pasa que puedes no estar en un barrio peligroso y de todos modos puede pasar algo.
A ver, repito: la culpa siempre será del violador, de eso no hay dudas, no se discute.
Claro, gente mala y perversa hay en todos lados. Lamentablemente es una realidad.
Mujeres, divinas, hermosas que tanto las amamos, las necesitamos, las queremos y son parte esencial de nuestras vidas: sé que quieren lucir sus bellezas y se le agradece ya que es muy gratificante verlas tan hermosas, pero les aconsejo sí cuidarse por dónde andan y cómo se visten ya que hay personas muy malas y nosotros siempre vamos a querer lo mejor para ustedes.

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.