Diario Judío México - Henryk Goldszmit nació en Varsovia el 22 de julio de 1878, su padre era abogado, la familia, asimilada, no guardaba ninguna tradición judía, sus dos hijos recibían una esmerada educación polaca. Cuando Henryk tenía cinco años su querido canario murió. El niño quiso enterrarlo y poner una cruz en su tumba. La sirvienta dijo: “¡No! Es un animal y hasta llorar por él es un pecado”. Peor fue el hijo del portero que determinó que el canario era judío como Henryk, agregando, ‘como polaco y católico, iré al paraíso’, pero si Henryk no usaba palabras sucias y no le llevaba azúcar de su casa, sin fallar, al morir terminaría en un lugar que no sería el infierno, pero sería oscuro. “Yo tenía miedo de la oscuridad. Muerte – judío – infierno (terribles descubrimientos)” …Ciertamente mucho que pensar.”

En 1898 usó por primera vez el seudónimo “” para un concurso de periodismo. El seudónimo lo identificaría hasta la muerte y más allá. Empezó a escribir para varios periódicos, entro a la Universidad de Varsovia para estudiar medicina y se especializo en pediatría. En 1903, como interno, estuvo en contacto con niños judíos en el hospital Berson-Bauman en Varsovia. En 1905-6 participo como médico en la Guerra ruso-japonesa, tuvo tiempo suficiente para empezar a leer, a adentrarse en los problemas de la educación y decidió que serviría mejor a los niños como educador que como médico. En 1906 se retiró de los círculos revolucionarios y emprendió el camino del educador, luchador por los derechos del niño porque “reformar el mundo significa reformar la educación.”

En 1908 se unió a la ‘Sociedad de Ayuda a los Huérfano y conoció a Stefania (Stefa) Wilczynska, quien sería su asociada más cercana.

En 1911 visito un orfelinato en Londres y sintió que su vida “era desordenada, solitaria y fría” se sintió como un extranjero alienado. Ese año fue nombrado director de Dom Sierot, el orfelinato para niños judíos, invitó a Stefa a trabajar con él, en 1912, cuando se terminó el orfelinato según sus requerimientos, se mudaron al orfelinato, hogar de 100 niños, Korczac los organizo como una república con su parlamento y redujo sus obligaciones como médico. Implemento sus ideas sobre educación y metodología para educar a sus huérfanos como seres responsables, cada uno por sí y por los otros: “Creo que los niños deben ser entendidos…que no son gentes futuras porque ya son gentes…Uno debe entrar en el espíritu de su mundo y psicología, pero, antes que nada, los niños deben ser respetados y amados, tratados como socios y amigos.” Escribió.

En la I Guerra Mundial sirvió como médico militar ruso, volvió a Varsovia en 1918, un año después y hasta 1920 sirvió en la guerra soviético-polaca como médico polaco con el grado de mayor.

Maestro consumado del idioma polaco escribió 20 libros para niños, para adultos. Escribió con juicio filosófico, sensibilidad, escepticismo, a veces con humor, sus opiniones independientes a propósito de la pedagogía, la vida y la función del hombre en sociedad. Su diario iniciado en mayo de 1941 no se perdió en la II Guerra Mundial y fue publicado en 1958.

Viajó a Palestina dos veces, en 1933 y 1936, cautivado por el país y el quehacer de los judíos, vivió en el kibutz Ein Jarod , soñó con hacer alyah. A su regreso a Varsovia escribió: “El periodo venenoso de la historia está a la mano. Sé que pasara…”

Fue una personalidad publica dinámica; cuando tenía 56 años vivió la soledad de una vejez prematura que lo sumió en una crisis intensa; decepcionado, analizo su vida: 33 años fructíferos como educador y administrador de dos orfelinatos, uno para niños polacos, otro para niños judíos, autor de obras literarias y periodísticas, conferencista de problemas de educación y educación especial. Maestro de seminarios para profesores judíos de religión y para maestros de jardines infantiles para la red Tarbut, fundador y editor de un periódico para niños, conferencista en radio, “El Viejo Doctor”, escuchado y admirado en todo el país.

Cuando volvió después del segundo viaje a Palestina, fue atacado por judío y despedido de la radio, forzado a renunciar en el orfelinato para niños polacos. En el orfelinato para niños judíos perseguían a los niños con gritos como “judíos sucios” o “judíos a Palestina”, pintaban paredes que decían: “judíos al gueto”.

En 1939 Korczak quiso integrarse al ejército polaco, pero, por su edad no lo aceptaron y se quedó en Varsovia. La II Guerra Mundial puso fin a sus planes y Eretz se redujo a un sueño y visión del doctor en el gueto.

Pudo salvarse de morir en un campo de concentración nazi, pero ...

Cuando estallaron las primeras bombas, los judíos empezaron a organizarse, Korczak buscaba una casa para sus niños y los medios para sostenerlos. No recibía bastante ayuda de los oficiales y se dedicó a buscar donativos de puerta en puerta.

En noviembre, un decreto exigió que los judíos vistieran una banda blanca en el brazo con un tzion. Korczak fue de los muy pocos que se rehusaron a usarla, vistió su uniforme de oficial polaco y así iba de un lado a otro, de un posible donador a otro. El trabajo excesivo agoto su salud, pero no lo detuvo.

En junio de 1940 logró que le ayudaran a llevar a sus niños, más niños que no eran del orfelinato, a lo que “podría ser la última oportunidad de correr por los bosques, respirar el aire fresco del campo y cortar flores.” Recibió equipo, comida y personal para los niños bajo su responsabilidad. Viajaron a Goclawck.

El 12 de octubre de 1940 se publicó el establecimiento del gueto y las calles que lo conformaban. Korczak peleó por la cancelación del traslado del orfelinato. Stefa solo pidió que se pospusiera la fecha y fue pospuesta al 30 de noviembre. Mientras lograron un intercambio de domicilio con una secundaria en la calle de Chlodna #33 dentro del gueto. Bajo la orden de expulsión se inició el traslado de los niños, Korczak iba con los niños, aunque se le ofreció refugio en el ‘lado ario’, lo rechazo porque no podía abandonar a sus niños.

El transporte se hizo ordenadamente. Pero, el ultimo camión que llevaba papas fue detenido. Korczak llego a protestar vestido de oficial polaco y sin banda. Fue detenido y llevado a la central de la Gestapo. No hay registro de lo ocurrido allí. El resultado fue: la orden de confiscar el camión fue rescindida, las papas llegaron al domicilio predeterminado. Korzac fue arrestado y conducido a Pawiak la prisión manejada por la Gestapo.

Stefa se desempeñó como directora del orfelinato que volvió a su vida regular. Al final del invierno Korczak fue liberado de la condena gracias al pago de una multa de 3000 slotes hecho por sus antiguos alumnos. Korczak salió de la cárcel en mayo de 1941 con una cicatriz indeleble, cansado y deprimido. Volvió al orfelinato bien organizado por Stefa con cuidado en la educación con los parámetros de Korczak.

Cuando los alemanes cerraron las escuelas judías, Korczak estableció un marco escolar dentro del orfelinato, organizaba eventos culturales públicos, especialmente de música y teatro con la participación de los niños.

El 26 de octubre de 1941, los alemanes redujeron el área del gueto y el orfelinato fue trasladado a Sienna 16-Sliska 9 que no era adecuado y la reducción del espacio era anuncio de peores acontecimientos. El 15 de julio de 1942 representaron la obra de Tagore, “La Oficina de Correo”, ante una asistencia pública numerosa y con gran éxito para los artistas del orfelinato. Fue la última actividad cultural del orfelinato.

El 21 de julio de 1942, Korczak escribió: “Es cosa difícil nacer para aprender a vivir. Adelante hay una tarea más fácil: morir. Después de la muerte puede que sea difícil otra vez, pero no me preocupo por eso…Me gustaría morir conscientemente, en posesión de mis facultades. No sé qué debería decirles a los niños como despedida. Quisiera hacerles claro solo esto: que el camino es de ellos para decidir, libremente.”

El 21 de septiembre empezaron las deportaciones del gueto de Varsovia, los habitantes del orfelinato fueron deportados el 5 de agosto de 1942, 5 días antes de la liquidación del gueto chico. Debían salir a las 8 de la mañana. Les dieron 15 minutos a los niños para alistarse, no habían terminado de desayunar, salieron a tiempo, bien vestidos y se formaron en grupos de 5. Korczak y Stefan fueron con ellos. Stefa había hecho todos los preparativos. La organización del orfelinato evito la intervención de los asesinos. El ‘orden alemán’ exigió que pasaran lista a los deportados. Eran 192 niños y 8 adultos; además de Korczak y Stefa, el contador, 4 graduados del orfelinato que trabajaban allí como educadores y una madre.

Era un día caluroso y el camino a la terminal de ferrocarriles era largo. Quien encabezaba la procesión era viejo y estaba enfermo. Según algunos espectadores tomo la mano de una niña de 5 años. La niña era hija de un graduado difunto, su madre, también una graduada cerraba la procesión.

Pudo salvarse de morir en un campo de concentración nazi, pero ...

No se sabe que les dijo el viejo doctor a sus niños, Joshua Perle escribió en “La destrucción de Varsovia”:

… 200 niños no gritaron, 200 almas puras, condenadas a morir no lloraron, ninguno corrió, ninguno trato de esconderse. Como gorriones golpeados se aferraron a su maestro, a su hermano y maestro, , que podría protegerlos, preservarlos…Janusz Korcazk marchaba, su cuerpo doblado hacia adelante, deteniendo la mano de una niña, sin sombrero, con un cinturón de piel y largas botas. Le seguían los niños vestidos en ropas limpias y cuidadas meticulosamente que eran llevados al altar…los niños estaban rodeados por alemanes, ukranianos y, esta vez, policías judíos. Lloraban y les disparaban…Las mismas piedras del camino lloraban a la vista de esa procesión.”

En la estación los niños fueron acumulados en los vagones de carga para animales rumbo a Treblinka, a las cámaras de gas, donde todos perecieron.

Hay varias versiones de la ‘magnanimidad’ de los alemanes que le ofrecieron a Korczak una última oportunidad de salvar su vida. En una, un oficial alemán le dio una carta en la que decía, probablemente, “el doctor puede volver a su casa, los niños no.” En otra, según Newerly, un oficial se dirigió al viejo doctor y le pregunto si él había escrito “Jack”.

– Si, contesto Korczak.
– Un buen libro, continuó el oficial, lo leí en mi niñez. Puede bajarse del vagón,
– ¿Y los niños?
– Los niños continuarán el viaje, usted puede quedarse.
– Se equivoca, respondió Korczak, no todos somos malévolos. Y regresó a sus niños.

En su vida y en su muerte se elevó más allá del criterio ético ordinario. Korczk nunca se casó, pero tuvo 200 hijos que sostuvo con su vida, su devoción y la constancia de sus convicciones y muchos más que siguen aprendiendo las lecciones del Maestro sin límites de espacio o de tiempo.

Treblinka Death Camp. Warsaw info.

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