Diario Judío México - La trata de mujeres no tiene nacionalidad, el país no importa; el hecho, sí. Miles de mujeres en todo el planeta son explotadas laboral y sexualmente; vendidas, violadas y maltratadas. Pese a que se ha trabajado para combatir este delito, las cifras y las historias siguen siendo escalofriantes, es mucha la tarea pendiente.

Nadia Murad vivía feliz en Sinjar, región al norte de Irak, en agosto de 2014 la tragedia irrumpió en su comunidad, el Estado Islámico invadió su aldea. La población pidió auxilio por diferentes medios de comunicación, a nadie le importó, ¡jamás llegó la ayuda!

Todos fueron encerrados en una escuela, ahí, cual reses, los seleccionaron para diversos fines: los hombres eran asesinados, ya que no podían ser adoctrinados, muy pocos lograron escapar, Murad perdió a seis hermanos. Las mujeres adultas y las ancianas tampoco les eran útiles; también las exterminaron, en ese grupo estaba la madre de Nadia.

Desafortunadamente, a las niñas y mujeres jóvenes sí las podían emplear: las maltrataron, violaron y luego fueron vendidas.

Murad era joven, apenas tenía 19 años, además de pertenecer a la minoría religiosa yazidí (considerada infiel a los extremistas islámicos), su destino estaba escrito: fue golpeada, ultrajada y luego, como si fuera mercancía, fue elegida por un hombre para tenerla bajo su dominio y seguir abusando de ella.

Nadia intentó escapar, pero la descubrieron y tuvo que pagar un precio muy caro: fue sometida al yihad sexual, la encerraron en una celda y la violaron todos los varones del grupo. Sin embargo, la chica no perdió la valentía (muchas se suicidaron), antes de ser vendida, en su fe en Dios, logró encontrar la fuerza necesaria para huir.

El universo la necesitaba aquí y se encontró con ángeles en la Tierra. Una familia que no apoyaba al Estado Islámico le brindó su ayuda, le pusieron un velo, le dieron documentos de identidad islámica y la llevaron hasta la frontera. Afortunadamente, Nadia encontró refugió en Alemania, también logró rescatar a su hermana, gracias a la política de puertas abiertas de Angela Merkel.

Murad recorre el mundo con su libroYo Seré la Última: Historia de mi Cautiverio y mi Lucha contra el Estado Islámico. Hoy tiene uno de los reconocimientos más importante del mundo: el Premio Nobel de la Paz 2018, sabe que los galardones y su voz no son suficientes, pero sí una forma de gritarle a la humanidad que ya es hora de parar a estos criminales.

Se ha logrado mucho contra la , pero aún hay mucho por hacer, ¡basta de ignorar las injusticias! Si cada ser humano ayuda a otro, estaremos más cerca de alcanzar la meta. Sigue la campaña #YoReconozcoA. También se puede realizar un donativo para apoyar este gran esfuerzo a través de Charidy.com/cu, tenemos hasta el 16 de octubre para lograr la meta y tu donativo se cuadriplicará. ¡Juntos podemos más!

¿Tú a quién reconoces?

 

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