Ajaré-Kedoshím: Sacrificio

Tomará los dos machos etc. Aharón acercará el macho cabrío cuyo lote fue para el Eterno y lo hará ofrenda de pecado (jatat) Y el macho cabrío cuyo lote fue para Azazel lo hará pararse con vida frente al Eterno, para hacer expiación sobre él, para enviarlo a Azazel hacia el desierto” (VaYkrá 16 7-8)

En Yom Kipur Dios purifica a Su pueblo, eliminando totalmente sus faltas y errores, a través de la expiación.

El Cohén debía ofrendar dos cabritos, uno de ellos se ofrecía como sacrificio común por las infracciones (korbán jatat), y el otro era utilizado para verter sobre él los pecados del pueblo, y ser conducido posteriormente a un lugar en el desierto, al borde de un abismo, y arrojado al fondo de éste. Así se completaba el proceso de purificación.


¿Por qué la Toráh exige dos tipos de expiación? ¿Acaso con uno no es suficiente?

Para responder, es necesario tomar en cuenta que uno de los objetivos fundamentales de las mitzvoth, es el de transmitirnos un mensaje, una enseñanza, por medio de la cual corrijamos perspectivas de vida y calidad humana.

Tratemos de imaginar qué pensaban los cabritos después del goral(sorteo). El elegido para ser sacrificio jatat, inmediatamente era tomado con fuerza, conducido a un lugar especial para ser degollado. Después era destazado, y ofrendado. El otro observaba, diciendo para sus adentros: “Menos mal que no me tocó ser el sacrificio. Miren a mi pobre amigo desangrado y descuartizado. A mí, al contrario, me toman con delicadeza, hasta el Cohén coloca sus manos sobre mi cabeza, y me llevan a pasear por el desierto”.

Si supiera este cabrito cual será su verdadero fin, seguramente cambiaría de opinión, y tal vez optaría por un fin más honorable como es el de servir de sacrificio a Dios, y no morir despedazado al fondo de un barranco.

Nuestras vidas son constantes sacrificios y esfuerzos. En cada meta alcanzada es posible ver en retrospectiva los esfuerzos invertidos, y los frutos correspondientes a dicha inversión.

La Toráh nos enseña que, a pesar de que nadie se escapa del constante sacrificio, aun así tenemos la opción de revalorar nuestros esfuerzos ¿Cómo? Únicamente si los dirigimos al servicio de Nuestro Creador. Cada fatiga, cada frustración, la labor constante por mejorarnos y mejorar a nuestros cercanos, la educación de los hijos, mantenerlos en el buen camino, etc. Si nos detenemos y pensamos que todo eso no lo hacemos sino únicamente porque Dios así lo desea, entonces nuestra dedicación y esfuerzo serán verdaderos sacrificios, los cuales serán bien recibidos por el Todopoderoso.

No arrojemos por un barranco nuestros esfuerzos, no los consideremos como lastres que hay que llevar a cuestas asiduamente, al contrario, son tesoros incalculables ¡Cuyo peso es oro!

Shabat Shalom Yair Ben Yehuda

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