Bamidbar: Unión

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    Diario Judío México - El libro Bamidbar comienza con un censo. Cada miembro activo de “Israel” será tomado en cuenta –varones entre edades de veinte y cincuenta años – cada uno bajo su respectiva casta.

    Así también se lleva a cabo el conteo de las demás jerarquías: Los Cohaním (Sacerdotes) y los Leviím (oficiantes y responsables del cuidado del Tabernáculo).

    Rabí Jayím Shmulevitz, ZT”L, en su libro “Sijot Mussar”, atiende a un detalle peculiar de dicho censo.

    “Está escrito (Bamidbar 1:49) “No obstante la tribu de Leví no cuentes… dentro de los hijos de Israel”. Y está escrito en otra ocasión (Ídem 47) “Y los Leviím de acuerdo a la tribu paterna, no fueron contados dentro de ellos”. Y por si fuera poco, está escrito (Ídem 2:33) “Y los Leviím no se contaron dentro de Hijos de Israel como ordenó Dios a Moshé”.

    Además, los hijos de Leví debían ser contados a partir de un mes de vida, con seguridad no tenían nada que ver con el censo general.

    La Toráh busca transmitirnos una enseñanza peculiar, relacionada con la tribu de Leví.

    Rashí aclara por qué los Leviím fueron contados aparte: “Di´s observó que en un futuro caería el decreto de perecer en el desierto para aquellos cuya edad oscilara entre los veinte y cincuenta años. Dijo Di´s: ¡Que no estén ellos con los demás!” Y el Midrash señala que si se hubiesen contado con el resto del pueblo, también ellos hubieran perecido en el desierto.

    Es decir, su devoción no sería suficiente para no ser arrastrados por la suerte de los demás.

    La energía que genera el grupo enlaza a unos con otros, y al sentenciarse el decreto las ventajas personales no logran traer salvación.

    De la misma manera se puede observar esta fuerza del lado positivo.

    Dice la Guemará (Berajot 30ª): “La persona deberá unirse siempre a la congregación” Explica Rashí: “Nunca reces una tefilá corta en lenguaje singular, sino en plural, porque así tus peticiones serán escuchadas”

    Congregación no es juntar individuos nada más.

    Una comunidad puede alcanzar estimaciones que nadie podría acceder de manera individual. Su fuerza es superior a cualquier poder.

    Nuestros sabios revelan que para considerar a una agrupación como una entidad unida, es menester odiar las peleas y amar la paz. Esa es la forma de unir a todos y constituirlos en una verdadera unidad fuerte e invencible.”

    Rabí Jayím aparentemente no nos presenta ninguna novedad. Sin embargo, y justamente por ser un tema tan sabido por todos, la mayoría del tiempo no le brindamos la merecida atención. Vivimos nuestro día a día viendo las mismas caras, en la casa, en el negocio, en el Bet HaKneset, sin detenernos a pensar en lo mucho que representa su presencia para nosotros.

    Pensemos un instante como se vería nuestra vida si faltara uno de sus integrantes.

    La fuerza que aún prevalece en nuestro pueblo, se debe a su cohesión, a su sentimiento de responsabilidad los unos por lo otros. Conservemos esa fuerza con vida.

    Shabat Shalom

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    Nací en México D.F., año 1972, curse todos mis estudios en el Colegio Yavne, me gradué en el año 90, y en ese mismo año me fui de Ajshará con la Hanoar HaTzioní.

    En el año 91 ingresé en la UDLA para estudiar psicología clínica, y al año y medio, en el 93 hice aliá, con el propósito de continuar mis estudios en Israel.

    En ese mismo año, entre el fin de un curso de hebreo universitario y el ingreso al preuniversitario, tuve un mes y medio de vacaciones, los cuales utilice para ver de cerca lo que es una Yeshivá. Después de ese periodo de vacaciones tuve la resolución de continuar estudiando Toráh, ya que veía en ella todo lo que tanto buscaba dentro de la materia de psicología; análisis del comportamiento humano, auto percepción, ayuda al prójimo, etc.

    Archivé mi carpeta de estudiante universitario, y me dedique de lleno al estudio de Toráh en la Yeshivá Binian Olam, en el año 96 ingresé a estudiar por las mañanas a la prestigiosa Yeshivá de Mir.

    En el año 2000 me casé, un año y medio después nació nuestra primera hija, y al año y medio siguiente nació nuestro segundo hijo. En el 2005 salimos de Israel para realizar un trabajo comunitario en Venezuela, y al año y medio siguiente nació nuestro tercer hijo. Desde entonces nos dedicamos mi esposa y yo, a impartir clase de Toráh, redacto un folleto semanal, y escribo una columna sobre la parashá en el periódico Nuevo Mundo Israelita.

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