Miketz: Al Final…

“Y fue al final de dos años, y Parö sueña…”(41, 1)

Rashí comenta: “La Toráh no escribió “al cabo de dos años”, o alguna expresión parecida, para señalar que estos dos últimos años de prisión que penó Yossef, fueron a raíz de solicitar ayuda del ministro de copas, reiterando su petición: “Me recordarás, y me mencionarás (frente a Parö).”


Pregunta Rabí Yerujam Leibovitz, ZT”L: “¿Qué nos enseña la Toráh al utilizar el término: al final (Miketz)?

El midrash dice: “Fin puso – Dios – a la obscuridad (Iyob 28, 3). Es decir, El Todopoderoso estipuló cuánto tiempo Yossef deberá permanecer en la obscuridad de la prisión, y llegado ese momento, Parö sueña.”

De este midrash se entiende, que la obscuridad como tal, es una realidad limitada en tiempo y espacio. Dios la colocó dentro de parámetros con un fin y un propósito específicos, al contrario del término que hace referencia a la grandeza de Dios: “Ve LiGdulató Ein Jeker” – Y Su grandeza no tiene límites.

Por lo tanto, al llegar la obscuridad a su límite, inmediatamente: “Y se hará la luz”

La noche se retira y surge el día, asimismo ocurrió con Yossef, y los dos años de condena, al utilizar términos que denotan falta de confianza en Dios.

Todo está previsto, no hay en realidad novedad, la salvación está dispuesta para surgir cuando a la opresión le llegue su fin.”

De las palabras de R. Yerujam es posible deducir, que existe una estrecha relación entre nuestra realidad física, la que palpamos día a día, y la realidad que atravesamos generación tras generación como pueblo elegido.

Desde los inicios de nuestra historia, nos hemos encontrado incontables veces con aquello que más coarta nuestros potenciales: Los límites.

Desde el duro exilio de Egipto, cuya filosofía de vida se basaba en engrandecer al ser humano a través de sus dones estéticos, y de sus facultades de dominar a otros. De tal manera que, quien no se amoldara a dichos parámetros, podría terminar como alimento de caimanes del Nilo o, en el mejor de los casos, como esclavo incondicional.

De esas míseras circunstancias el pueblo de Israel logró salir ileso, inclusive dentro de él consiguió forjar su distintiva personalidad: Buscar más allá de los límites, elevar la esencia humana a un nivel superior, encontrarse con El Creador del Universo.

A partir de ese momento, esa ha sido nuestra visión de vida, y gracias a ella El Todopoderoso nos eligió para difundir Su mensaje a la humanidad entera: ¡Busquen y Persigan la verdad!

Llegada la época del dominio griego, Israel tuvo que luchar en un frente desconocido.

Pues justamente la ideología y filosofía griegas, proponían elevar el espíritu humano, haciéndolo trascender por sobre sus límites, dedicándose a la contemplación y a la reflexión de la naturaleza y de las virtudes del hombre.

Gran parte de la comunidad judía se dejó seducir por ellos, pues veían sus intereses, intrínsecos en su “genética espiritual”, plasmados en el pensamiento griego.

Los Jashmonaím, y demás adeptos a la causa, revelaron que tal pensamiento pretendía, en realidad, restringir nuestro potencial espiritual, desviarnos de la Voluntad de Dios, y, aún más grave, socavar nuestros fundamentos espirituales, arrastrándonos a buscar falsas ideologías.

El Creador puso límite a esa influencia por medio de los Jashmonaím. Entregó en manos de débiles, a los poderosos, en manos de justos, a los malvados, etc. Indicándonos que una pequeña chispa de sincera voluntad por retornar a la verdad, puede determinar el fin de la obscuridad. Así como una pequeña vela logra disipar la negrura de la noche, un poco de conciencia y sentido judíos, podrán rechazar años y años de “ideologías” y modelos de vida insustanciales y vanos.

Nuestro exilio milenario también tiene límite, los maltratos – espirituales y físicos – que sufrimos el día de hoy, en un futuro serán motivo de vergüenza para nuestros opresores, y fuente de alegría para nosotros. De nuestra voluntad dependerá aproximar esa época, conscientes de que nuestra absoluta salvación, y el retorno incondicional a nuestra tierra, se encuentran ya en la realidad, como el límite de tiempo que Dios decretó a Yossef, la condición es anhelarlo con todas nuestras fuerzas, y afianzar nuestra identidad espiritual.

Shabat Shalom y Janucá Sameaj

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