Carlo Ponzi era un emigrante italiano que llegó a alrededor de los años veinte y descubrió que podía ganar dinero con el tipo de cambio de E.U. e Italia: gracias a un correo que recibió de España, se enteró que los cupones de respuesta internacional de correos se podían vender en más caros que en el extranjero, por lo que la diferencia en el tipo de cambio terminaría por producir ganancias.

Ponzi prometió el 50% de interés en inversiones de 45 días o duplicar la inversión en 90 días. Alrededor de 40,000 personas invirtieron cerca de 15 millones de dólares en total, una cantidad impresionante para esta época. Esta operación fraudulenta de inversión, que implica el pago de prometedores o exagerados rendimientos (o utilidades) consiste en un proceso en el que las ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas gracias a nuevos inversores que caen engañados por las promesas de obtener grandes beneficios. El sistema sólo funciona si crece la cantidad de nuevas víctimas. Es una forma sofisticada de pirámide económica.

Sin embargo, en el mes de noviembre de 1920, Carlo Ponzi fue declarado culpable de fraude y se le condenó a cinco años de prisión. Salió tres años más tarde en libertad provisional. Afuera de la cárcel lo esperaban sus victimas para lincharlo. Se salvó por la intervención de la policía.

Como no se había nacionalizado norteamericano, le deportaron a Italia pero terminó refugiándose en Brasil, donde no había acuerdos de extradición.

Carlo Ponzi vivió sus últimos días en la miseria, muriendo en un hospital de la caridad, en Río de Janeiro, el 18 de enero de 1949. Este delincuente ha pasado a los manuales de economía por haber ideado lo que se conoce como esquema Ponzi, un tipo de estafa parecida al esquema piramidal.

Otro caso fue el de Bernard Leon Madoff quien fuera presidente de la National Association of Securities Dealers (NASD), organismo que trabajaba con activos financieros norteamericanos y que fue una de las cinco organizaciones que impulsó y desarrolló el Nasdaq. También fue presidente de una firma de inversión que fundó él mismo, llevaba su nombre y llegó a ser una de las empresas mas destacadas de Wall Street.

Sin embargo, fue detenido por el FBI el jueves 11 de diciembre, acusado de realizar la segunda mayor estafa de la historia de los , después de que su compañía de inversión llevase a cabo una estafa multimillonaria.

La estafa fue realizada por el método ‘ Ponzi’. Madoff no prometía exagerados rendimientos sino algo mas aceptable y aceptaba sumas no menos de un millón de dólares. Desde luego el sistema de Madoff, al igual que el de Ponzi, sólo funciona si crece la cantidad de nuevas víctimas. Es decir, Madoff pagaba a los clientes existentes con el dinero que recibía de clientes nuevos, no con el retorno de inversiones reales.

El fraude de Madoff podría alcanzar los 50.000 millones de dólares y ha afectado desde particulares hasta grandes bancos mundiales.

Bernard Madoff fue sentenciado a 150 años de prisión, y transferido a una prisión federal, triste fin para un hombre cuyo prestigio personal fue destrozado por ambiciones desmesuradas.

Un caso similar fue el de Allen Stanford que seducía a sus inversionistas mayormente de dos maneras: halagando y engañándolos.

Todo su emporio y buen nombre comenzaron a derrumbarse, cuando la Securities and Exchange Commission de Estados Unidos -la institución oficial que vela por los intereses de los inversionistas- lo acusó formalmente de un “fraude masivo”, que habría afectado principalmente a especuladores y ahorradores de Latinoamérica y el Caribe.

La SEC alega que Stanford mintió a sus inversionistas durante más de 15 años, con promesas de intereses superiores al 15 por ciento anual, cuando el mercado regular no ofrecía ni la mitad de eso.

Stanford era conocido en la isla caribeña de Antigua como ‘Sir Allen’, un filántropo y multimillonario estadounidense -uno de los 400 hombres más ricos del mundo- quien se codeaba con la alta sociedad de su país y vivía en la opulencia, entre jets privados, yates y mansiones en los cinco continentes.

En Washington, Stanford alternaba con la elite del Congreso, a la que seducía con viajes y dólares para que aflojara las regulaciones bancarias en el exterior. Así mismo, aportaba grandes sumas de dinero a las campañas políticas, incluidas las de Barack Obama y John McCain.

Cuando el mercado se recuperó, diez años después, amasó una fortuna que lo ayudó a extender sus operaciones más allá de su estado natal. Hoy sostiene que maneja inversiones por más de 51.000 millones de dólares en 130 países. Siempre en busca de más negocios, Stanford detectó en el ascenso de Hugo Chávez en Venezuela, y en el de otros líderes de izquierda de la región, una oportunidad para expandirse. Donde la mayoría de inversionistas vio razones para salir huyendo, como consecuencia de las medidas socialistas que se adoptaban, él encontró una mina de oro.

La acusación prevé la confiscación de los bienes y activos de los imputados. El multimillonario podría afrontar una pena de hasta de 250 años en prisión, según dijo Lanny Breuer, del Departamento de Justicia.

Allen Stanford se encuentra actualmente recluido en el Centro de Detención, al norte de Houston, sin derecho a fianza y sin los recursos financieros para poder cubrir los honorarios de sus abogados, los cuales se niegan a representarlo porque no está garantizado el pago de su trabajo; busca un nuevo defensor que se encargue del caso.

Stanford argumenta que las instalaciones de la cárcel no son aptas para su bienestar, ya que las celdas no cuentan con aire acondicionado para mitigar el caluroso clima de Texas.

Ya le fueron incautados los bienes materiales como mansiones y flotillas de jets, para poder pagar los 7,000 millones de dólares embaucados (algunos aseguran que la suma podría llegar a los 8.4 mil millones).

Stanford pasará probablemente el resto de su vida en la cárcel, ya que puede ser condenado a 375 años por los 21 cargos que se le imputan.

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