Diario Judío México - Un 11 de febrero, pero 126 años atrás, abrió sus puertas por primera vez la Asociación Mutual Israelita , en ese entonces bajo el nombre de Chevra Kedushá. Su establecimiento se produjo con la misión inicial de asegurar el entierro de los judíos radicados en según lo dicta el Halajá, la ley judía.

Pero los fines netamente pertinentes a cuestiones funerarias con el tiempo se irían disipando para darle más lugar a asuntos más generales como la asistencia social, promover el bienestar, fomentar el desarrollo de la comunidad y el mantenimiento de sus tradiciones y valores.

Este cambio de misión y visión de la institución comenzó a suscitarse desde principios del siglo XX, un período de tiempo muy agitado para el pueblo judío.

En sus primeros años, al mismo tiempo que prestaba servicios funerarios empezaban a llegar a Buenos Aires correligionarios de todas partes de Europa que carenciados buscaban en el país una nueva vida.

Fue en ese contexto, ya entrada la década del 10´, que la AMIA comenzó a prestar ayuda social. Su compromiso con el bienestar judío se haría aun más evidente en la práctica cuando llegó la época de mayor persecución de la comunidad en las primeras décadas del siglo pasado y que alcanzó su punto máximo en tiempos del nazismo.

Para fines de los 40′ la institución ya era claramente el máximo emblema social de la comunidad. Sus funciones abarcaban por entonces 3 campos diversos: la educación judía con el sostén de la Vaad Hajinub, una comisión educativa sin fines de lucro, la coordinación con los judíos del interior y la ayuda social sumadas a acciones de difusión de la tradición y valores judíos. En 1949 finalmente recibiiría el nombre de AMIA, que lo acompaña hasta nuestros días.

No obstante habría que esperar hasta 1957 para la emisión del Estatuto Social que rige los destinos de la entidad.

A partir de allí comenzó un periodo de crecimiento constante, perfeccionando todas su áreas y centrando bajo su órbita todo lo relacionado con la vida interna de la comunidad.

Sin embargo, el periodo de bonanza se vería interrumpido el 18 de julio de 1994, con el atentado internacional en la histórica sede de la calle Pasteur al 600, acto terrorista que dejó un saldo de 85 muertos, 300 heridos y daños materiales inconmensurables.

El ataque, las vidas perdidas representaron un golpe durísimo para la comunidad. Pero si hay un pueblo que sabe levantarse ante la adversidad, ése es el judío. Lejos de amedrentarse, la institución continuó operando primero en la sede provisoria de Ayacucho al 600 y luego, en el nuevo edificio construido en el mismo lugar que estaba el que fue destruido por la bomba.

A sus labores que ejercía antes del ataque le sumó dos nuevas más: luchar por el esclarecimiento del atentado y el castigo de sus autores, tanto intelectuales como materiales y de quienes entorpecieron la investigación de lo ocurrido.

A 2020, si bien éstos últimos objetivos aun no pudieron hacerse realidad pese a mas de 25 años de investigaciones, la AMIA continúa siendo la entidad central comunitaria en todo lo que tiene que ver con la vida social del judaísmo en la . Y la lucha por la verdad también.