Diario Judío México - Según los registros históricos, el 30 de julio de 1492 los Reyes Católicos ordenaron la expulsión de de todos los judíos no conversos que vivían en el país: eran los judíos sefardíes, o de (el nombre hebreo de la Península Ibérica). De aquella terrible huida, uno de los capítulos más tristes de la historia del pueblo judío, se cumplen ahora 527 años. Y es en Turquía, donde hallaron refugio la mayoría de ellos, donde se recuerda esta fecha.

Ocurrió que al enterarse de la decisión de Ios monarcas españoles, el sultán Bayezid II envió a la marina otomana al mando del almirante Kemal Reis para evacuar a los sefardíes y asentarlos de forma segura en tierras del Imperio Otomano, ordenando que fueran protegidos por todo el imperio so pena de muerte contra quienes osaran atacarles.

Aquella acción le dio un lugar clave en la historia a Bayezid II, de quien se dice que ridiculizaba a los Reyes Católicos por “haber empobrecido su propio país y enriquecido el mío” al expulsar a la comunidad judía. La mayoría de los sefardíes se asentaron en la capital del imperio, Constantinopla (la actual Estambul), donde aún residen hoy día. Siglos después, muchos judíos europeos también encontraron refugio en Turquía durante la persecución nazi.

“Los judíos se ganaron su derecho a vivir con los otomanos”, explicaba esta semana un destacado miembro de la comunidad judía de Turquía, Moris Levi, con ocasión del aniversario del edicto de los Reyes Católicos, que se produjo pocos meses después de la conquista de Granada, último bastión musulmán en y donde también vivía una importante comunidad judía.

“El derecho a vivir fue el mayor logro para los sefardíes que huyeron al Imperio Otomano”

Fueron también estos judíos granadinos quienes llevaron a tierras del Imperio Otomano su cultura, sus tradiciones, su pensamiento occidental y sus valores económicos, explicó Levi, que recuerda que un siglo antes, en 1391, la masacre antisemita iniciada en Sevilla y que se extendió por todo el Reino de Castilla dejó miles de judíos españoles muertos y obligó a convertirse o a huir a otros tantos, tanto al vecino Portugal como al Magreb.

“El derecho a vivir fue el logro más importante para los judíos. Si hubiesen continuado viviendo en desafiándolo (el edicto de 1492), probablemente hubiesen sido masacrados. Si hubiesen ido a otros lugares del mundo cristiano durante la Edad Media, habrían afrontado también numerosos problemas”, asegura Levi, representante judío en las Fundaciones, una institución que agrupa a las comunidades no musulmanas del país.

A cambio de emigrar al Imperio Otomano, los judíos sefardíes trajeron multitud de beneficios al imperio, que 39 años después de la conquista de Constantinopla a los bizantinos estaba en el “amanecer” de su expansión. Uno de esos beneficios, según Levi, fue la imprenta, aunque desgraciadamente –se lamenta- no llegó a florecer.

“La gente que se ganaba la vida (en el Imperio Otomano) con la caligrafía (manual) presionó para que se prohibiera la imprenta. Si la imprenta se hubiera introducido a finales del siglo XV (en tierras otomanas), el Renacimiento no se habría iniciado en Europa, sino en el Imperio Otomano”, afirma Levi.

Los judíos españoles incorporaron al Imperio Otomano el pensamiento europeo

Otro de los beneficios que trajeron los judíos españoles a tierras turcas fue su pensamiento europeo occidental. “Los otomanos eran un imperio universal, un Estado fuerte, y necesitaban estar abiertos a todas las ideas”, subraya Levi, quien añade que la comunidad judía también tuvo un gran valor debido a las capacidades profesionales y artesanales que tenían.

“Los judíos sirvieron como una comunidad importante en profesiones como la diplomacia o la medicina”, destaca Levi, que insiste en que se refugiaron con los otomanos porque ellos les ofrecían y dignidad y les garantizaban sus posesiones: “Durante siglos habían vivido seguros (en Granada), y los otomanos, como los granadinos, eran musulmanes. Sabían que allí (en el Imperio Otomano) tenían un futuro”.

“Los judíos se beneficiaron ellos mismos pero también contribuyeron a este país (Turquía). Al final, el Imperio Otomano se hizo más grande, mientras que se quedó atrás con respecto a otros países europeos”, insiste Levi.

La gran mayoría de los judíos de Turquía emigraron en el siglo XX a Israel

Hoy día Turquía cuenta con una comunidad judía estimada oficialmente en unos 18.000 miembros –otras estimaciones elevan esa cifra en varias decenas de miles de personas más- que se concentran principalmente -como hace siglos- en Estambul, donde contribuyen a la diversidad cultural que históricamente ha tenido esta ciudad y Turquía. Los sefardíes tienen su propio periódico, Şalom, uno de los pocos del mundo que se publica en judeoespañol.

No obstante el número de judíos en Turquía descendió drásticamente en el siglo XX; en su gran mayoría por la emigración a Israel, aunque lamentablemente hubo judíos que también decidieron marcharse de Estambul a raíz del pogrom que sufrió la ciudad el 6 y 7 de septiembre de 1955 contra la minoría griega, instigado por nacionalistas turcos que difundieron una noticia falsa sobre un ataque contra la casa de Atatürk en Tesalónica.

Aun así, Levi asegura que la comunidad judía de Turquía está hoy día perfectamente integrada y que durante sus fiestas religiosas rezan por los líderes y políticos del país, incluyendo el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan.

“Esta es una antigua regla para la comunidad: cumplir con las reglas y leyes de los países donde vive. Nunca en su historia los judíos sefardíes que vinieron al Imperio Otomano se rebelaron contra el imperio. Siempre cumplieron las leyes y estuvieron en sintonía con quienes gobernaban. Esto es porque los judíos han sido una minoría toda su historia, y eso les llevó a ser más diplomáticos para establecer buenas relaciones con los demás”, explicó Levi.

“Le debo mucho a Turquía, y nunca he sufrido discriminación”

Otro conocido miembro de la comunidad judía turca es İzzet Keribar, un veterano y premiado fotógrafo nacido en 1936 en Estambul, quien asegura que todo su éxito se lo debe a su país. “Lo digo con todo mi corazón: amo mi trabajo y mis amigos, pero por encima de todo amo a mi país. Es algo que digo siempre que tengo ocasión. Mi prioridad es el país donde vivo. Le debo mucho a este país” insiste Keribar.

Premiado el año pasado con el Premio de la Cultura y las Artes de la Presidencia de Turquía, Keribar se hizo un hueco entre los fotógrafos de fama mundial gracias a los premios que recibió de la revista National Geographic en los años 1991 y 2000 por sus fotografías. Él siempre ha pregonado con orgullo ser un judío turco.

“Soy un miembro de la comunidad judía, pero nunca he sufrido ninguna discriminación (en Turquía)”, insiste Keribar, quien asegura que si así fuera no viviría en Turquía.