El causó este año algo más de 6.800 muertos, un récord a la baja desde el estallido de la revuelta contra Bashar al Assad en 2011 y una cifra muy por debajo de los 11.200 fallecidos en 2019, informó este jueves el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

A punto de cumplirse una década de guerra, el país árabe registró en 2020 "el número anual más bajo de pérdidas humanas", 6.817, de las que el 22 % eran civiles, de acuerdo con un comunicado de la ONG, con sede en Reino Unido y una amplia red de colaboradores sobre el terreno.

Entre los 1.520 civiles fallecidos, 231 eran niños y 235 perecieron en bombardeos de la aviación rusa, principal aliado del Gobierno de Al Assad, y otros 115 perdieron la vida en ataques aéreos del Ejército sirio en diferentes puntos del país.

De acuerdo con los datos del Observatorio, el peor golpe se lo llevaron las tropas leales a Al Assad, que sufrieron 1.503 bajas en sus filas, mientras que sus milicias y grupos aliados perdieron a 833 combatientes de nacionalidad en los últimos doce meses.

En cuanto a sus partidarios no sirios, la organización contabilizó 227 decesos de milicianos proiraníes extranjeros y 22 pertenecientes a la formación chií libanesa Hizbulá, si bien no proporcionó detalles sobre las circunstancias de su muerte.

En las filas de la alianza liderada por kurdos Fuerzas de Democrática (FSD), que controlan varias zonas del noreste de y que lucharon junto a la coalición internacional antiyihadista contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI), se registraron 176 bajas, cuatro de ellas de extranjeros.

Finalmente, las facciones islámicas y otros movimientos afines sufrieron 918 bajas, mientras que los yihadistas perdieron a 963 combatientes, a los que se suman 537 del EI, todavía presente en el desierto central y otros puntos del país casi dos años después de su derrota militar.

El se ha estancado este año considerablemente, con muy pocos avances en el principal frente que continúa abierto en la provincia noroccidental de Idlib, el último bastión opositor en el país, y menos actividad en el noreste después de que Ankara y Moscú pactasen la creación allí de una zona de en 2019.