Diario Judío México - La AMIA, la entidad más emblemática del judaísmo argentino, cumple sus primeros 125 años, ya que fue fundada en febrero de 1894 como Chevra (Jevra) Kedushá Ashkenazí con un fin muy específico, ser la institución de los judíos provenientes de Europa que se ocupara de una de las tareas fundamentales de la vida judía: que quienes fallecieran fueran enterrados de acuerdo a lo establecido por la Halajá, la Ley Judía. De allí proviene su nombre, que traducido significa la Compañía Sagrada para los judíos de origen ashkenazí, pues para el judaísmo es un deber sagrado el ocuparse del entierro de los fallecidos.

Durante sus primeros años vida, la principal preocupación de sus directivos fue lograr establecer un cementerio propio, lo que lograron en 1910 al comprar un predio en Ciudadela Norte, que se conoció como el Cementerio de Liniers, a la vez que ofrecía a sus asociados el servicio funerario que en ciertos momentos de la vida necesitaban.

Pero la realidad comunitaria de las primeras décadas del siglo XX hizo que esa entidad fuera asumiendo otras funciones relacionadas primero con la ayuda social a los inmigrantes judíos carenciados que llegaban a desde Europa; más adelante con la representación de la insipiente comunidad, como ocurrió luego del progrom de la Semana Trágica en enero de 1919, y con la coordinación de la denominada “educación judía” años después; también con el apoyo a los judíos que debían emigrar por ser perseguidos en sus lugares de origen, labor que incrementó durante el nazismo; y con el tratar de armonizar las tareas de las comunidades judía radicadas en el interior del país. Todas estas tareas podía llevarlas a cabo gracias a los ingresos que lograba como Jevra Kedusha.

Pero también tuvo una importante actuación en dos temas por demás diferentes: la erradicación de los rufianes judíos y el apoyo a la colonización judía en Eretz (la tierra de ) que se intensificó finalizada la Segunda Guerra Mundial.

A finales de la década del ’40 del siglo XX, la Chevra (Jevra) Kedushá Ashkenazí se había convertido en la principal institución social de la comunidad, abarcando su accionar la educación judía mediante el sostén del Vaad Hajinuj que nucleaba a la gran mayoría de instituciones educacionales comunitarias del país, la coordinación de las comunidades judías del interior del país por intermedio del Vaad HaKehilot (Federación de Comunidades), y la acción social y la difusión de la denominada “cultura judía”. Todo esto llevó a sus directivos a modificar el nombre de la institución por el actual: Asociación Mutual Israelita – AMIA en 1949.

Poco tiempo después, luego de una muy disputada elección, quienes asumieron su conducción fueron dirigentes identificados plenamente con el ideal sionista, que luego de un proceso de varios años, en 1957, establecieron el Estatuto Social que todavía rige los destinos de la AMIA y que la identificaron claramente con el Estado de .

A partir de ese momento comenzó un periodo en el cual la AMIA fue posicionándose como la entidad central en todo lo relacionado con la vida interna de la comunidad. Este proceso, que podemos definir como de crecimiento, se interrumpió abruptamente minutos antes de las 10 de la mañana del fatídico 18 de julio de 1994, cuando un artero ataque terrorista internacional destruyó el tradicional edificio de la calle Pasteur al 600, dejando 85 víctimas fatales, unos 300 heridos e incalculables daños materiales.

Sobreponiéndose al dolor, la AMIA continuó realizando su labor, provisoriamente en el edificio de la calle Ayacucho al seiscientos, y pocos meses después dio comienzo a la construcción de su actual sede social, en el mismo lugar en el que había ocurrido el ataque.

En los casi 25 años transcurridos agregó a sus funciones, arriba someramente descriptas, una en cierta forma prioritaria: la lucha por el esclarecimiento del atentado y el castigo de sus autores, tanto intelectuales como materiales y de quienes entorpecieron la investigación de lo ocurrido.

Pese a que todavía no se han logrado los resultados esperados respecto al atentado del 18 de julio de 1994, la AMIA continúo siendo la entidad central comunitaria en todo lo que tiene que ver con la vida social del judaísmo en la , convertida en una especie de ONG, en la que algunos de los parámetros que guiaban a su conducción se han modificado debido a los cambios producidos en la comunidad, donde quizás el más relevante sea que desde el 2008 su presidente y una importante cantidad de los miembros de su Comisión Directiva y de la Asamblea de Representantes de Asociados son judíos raigales, siendo su responsabilidad enfrentar desafíos que á serán de una magnitud por demás exigentes, destacándose – sin lugar a dudas – mantener la continuidad judía y amalgamar las diversas corrientes de pensamiento que existen en la comunidad.

Quienes, presididos por el capitán Luis H. Brie, en 1894 fundaron la Chevra (Jevra) Kedushá Ashkenazí fueron los iniciadores de una gesta que fue continuada por innumerables dirigentes que pusieron su empeño en el engrandecimiento de la institución no sólo hasta nuestros días sino también para el futuro, el que sin duda será tan fructífero como los primeros 125 años.