Rabí Reubén Epstein relató que un amigo suyo fue a ver a un gran erudito para hablar de sus problemas, “mi esposa hizo…”, “mi esposa dijo…”, etc. Ese hombre justo le dijo, “primero que nada dedícate a bajar unos diez kilos de encima y después vienes a hablar conmigo”. Se dio cuenta que no tenía nada que hacer, no lo oiría sin antes hacer caso a esto. Cuando lo hizo y regresó con el sabio éste le preguntó cómo seguía la situación con su mujer. El hombre reconoció que hubo una leve mejoría y quiso saber a qué se debía. Explicó el erudito: “Cuando te vi, vi tu desarreglo y abandono, pensé, ‘¿de qué se sentirá bien consigo mismo?’, y por eso te dije que te pongas a dieta, eso te elevará la autoestima y verás las cosas con otro enfoque, uno positivo. Verás a tu esposa de manera menos crítica”.

En otras palabras, según el estado en que nos encontramos será la manera de cómo nos relacionaremos con lo que vemos. Si estamos a gusto con nosotros mismos, nuestro punto de vista será positivo. También lo opuesto es cierto, si no tenemos de qué enorgullecernos, nuestra visión será negativa, pensaremos más negativamente de los demás.

Esto tiene mucha importancia cuando un joven o una muchachita tiene una cita, debe estar contento o contenta consigo mismo (consigo misma). Si ese día no está a gusto consigo mismo, mejor posponer la cita. De no ser así, tal vez acepte casarse con alguien que no está a su nivel. Podría conseguir alguien mejor. Se debería preguntar, “¿merece casarse con alguien como yo?”. Claro que no hay que caer en la vanidad ni en el orgullo, pero tener una autoestima sana es primordial para conseguir una buena pareja.

Shabbat shalom

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