es el florecimiento de la naturaleza, pero también el crecimiento del pueblo judío a lo largo de los años. En festejamos como el florecimiento de miles de niños y jóvenes que la vida no los favoreció, que viven su crecimiento personal y familiar con muchas dificultades.

Como una planta o un árbol, al niño hay que cuidarlo, quererlo y si en momentos de su crecimiento se tuerce, enderezarlo con amor, ayuda y comprensión.

Sameaj les desean los niños y niñas de Migdal Ohr!

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El solo acto de ayudar al prójimo, de escucharlo, de comprender sus penas y aflicciones, aunque sepamos que nuestra acción tenga pocas posibiildades de ser exitosa, es un trabajo largo y complejo, pero que al fin y al cabo nos llena de satisfacción y brinda la posibildad de ver milagros aqui y ahora.