Diario Judío México - ¿Que podrían tener en común el Dios Huitzilopochtli y el Rey David? Cualquiera pensaría que no mucho… pero ahora puedo decir que guardan grandes semejanzas: Los dos han llegado al mundo moderno gracias a libros fabulosos; escritos en tiempos ancestrales y que hablan de la creación del mundo, la ayuda divina y las aventuras de los humanos en la tierra. Ambos fueron guerreros que guiaron a su pueblo, y buscaron el mejor lugar en la tierra para crear su reino. El uno y el otro alcanzaron un estado “cuasi” Divino y sus restos materiales, ahora perdidos en el tiempo, son buscados incansablemente por un séquito de científicos vestidos de pantalones caquis, chaleco y sombrero: los arqueólogos.

Esto y mucho más es lo que he aprendido en los últimos 10 meses en la Maestría Internacional de e Historia en la Tierra de la Biblia, de la Universidad de .

Como alumna del programa he tenido acceso a los estudios más recientes y completos sobre las sociedades que habitaron este territorio hace más de 2 mil años. Ya que el plan de estudios ofrece una visión completa del desarrollo de las sociedades del Levant, desde la Edad de Bronce hasta el Período Helenístico, abarcando más de 2,500 años.

Ha sido una experiencia fascinante, que me ha permitido aprender cómo comenzaron las primeras exploraciones arqueológicas de los imperios Egipcio, Babilonio y Asirio, y el papel que el Levante desempeñó como punto de encuentro y comercio. He estudiado sobre la creación y el desarrollo de la disciplina arqueológica; desde los riesgos que los primeros “aventureros” tomaron para encontrar la ciudad de Troya, las tumbas de los faraones egipcios, la piedra Rosetta y el desciframiento de la escritura cuneiforme, hasta el estudio estratigráfico de las primeras ciudades a través del uso de tipografía cerámica, textos antiguos y ciencia aplicada.

Pero, sobre todo, he comprendido la significativa conexión que todas las sociedades occidentales tienen con esta pequeña región del mundo, el lugar donde las tres religiones más importantes del mundo se originaron, al elegir la pequeña ciudad de Jerusalén para establecer sus centros de peregrinación, culto y confrontación.

Desde el punto de vista arqueológico, considero que no hay mejor región para estudiar la disciplina. Aquí; investigadores de toda Europa y América se reúnen para estudiar los fenómenos que llevaron a la creación de la civilización de la antigüedad, pero, además, los israelíes utilizan tecnología de punta para obtener la más detallada información, son meticulosos en sus fechamientos, críticos y estrictos con el propio trabajo y el de sus colegas.

El Máster es altamente exigente y de tiempo completo, pero la Universidad proporciona todas las herramientas necesarias para que los estudiantes desarrollemos todo nuestro potencial. Las bibliotecas son sumamente completas, actualizadas y siempre ofrecen un lugar agradable para estudiar y escribir. Los profesores son abiertos y comprometidos. Además; los administradores del programa siempre están atentos a las necesidades de los estudiantes internacionales.

La ciudad de es fascinante, multicultural y sus calles están siempre llenas de vida. Como mexicanos tenemos mucho que aprender de este pequeño país que ha logrado crecer viendo hacia afuera y retándose cada minuto. Los israelíes no descansan, no dejan de pensar, no paran de innovar y esos principios los aplican desde las industrias más competitivas como el high-tech, pero también a las áreas más conservadores como sus museos y zonas arqueológicas.

Los mexicanos también tenemos mucho que aportar a este agitado lugar; desde nuestro sentido de estoicismo, serenidad y la alegría que podemos poner en cada situación. Soy afortunada de estar aquí, y aprovecho cada oportunidad de aprendizaje. El rey David aquí y Huitzilopochtli allá, las respuestas de uno me ayudan a entender al otro.

En la foto estamos mi amiga Marissa y yo (a la derecha) excavando en Tel Beth Shemesh (foto de Sara Simons)
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