Diario Judío México - Se define a la Inteligencia Artificial (IA) como la habilidad de una computadora digital para realizar tareas habitualmente asociadas a seres inteligentes. En esencia, es la capacidad de una máquina para imitar conductas humanas inteligentes tales como la habilidad para razonar, generalizar, aprender de la experiencia o adaptarse a circunstancias cambiantes. Es una tecnología incipiente que puede beneficiar a la humanidad, aunque son numerosos quienes la critican porque podría desplazar a humanos de sus empleos o, peor aún, podrían aparecer Terminators que se rebelarán contras sus amos biológicos.

En cualquier caso la tecnología está lanzada y su desarrollo es indetenible. Es un “buen momento” para comentar sobre uno de los pioneros de la IA: .

Marvin Lee Minsky nació en Nueva York el 9 de agosto de 1927. Su padre, Henry, era jefe de oftalmología en el hospital Mount Sinai, mientras que su madre, Fannie Reiser, era una consecuente activista social y ferviente sionista. El joven Marvin completó estudios primarios y secundarios en instituciones educativas de Manhattan y el Bronx. Comienza estudios universitarios pero debe interrumpirlos porque es llamado a combatir en la Segunda Guerra Mundial. A su regreso obtiene un grado en física en la Universidad de Harvard y se muda a Princeton donde prosigue un doctorado en matemáticas y se gradúa con honores.

En su hogar eran muy frecuentes las conversaciones relacionadas con temas médicos y psicológicos y lógicamente Marvin se interesa en ellos. Antes de 1950, el estudio de la mente era un dominio exclusivo de psicólogos y neurólogos pero al aparecer las primeras computadoras, el joven estudiante de doctorado se concentra en investigar la aplicación de las matemáticas en el modelado de las funciones de la mente humana.

Aun bajo la condición de estudiante de doctorado, Minsky construyó la primera máquina de aprendizaje basada en una red neuronal. El dispositivo trataba de emular la compleja red de conexiones presentes en el cerebro humano aprendiendo de sus “propios errores”.  Fue uno de los primeros en prever que una computadora era bastante más que una máquina de cálculo, que las máquinas podrían aprender, razonar, sugerir y desarrollar un sinnúmero de actividades que parecían exclusivas de los seres humanos. lo hizo cuando las computadoras eran inmensos aparatos alimentados mediante tarjetas perforadas.

Retorna a Harvard en 1954 y posteriormente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) donde desarrolla su extraordinaria carrera profesional. Se dedica fundamentalmente a temas de IA pero encuentra tiempo para otros proyectos tales como la invención del microscopio de barrido confocal, un instrumento de altísima resolución que aún se utiliza en las ciencias biológicas.

Fue uno de los cofundadores del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT, lugar donde se generaron las ideas y dispositivos más brillantes de la primera época de la IA. En ese laboratorio se trabajó intensamente en el desarrollo de la ARPANET, una red de computadoras precursora de la actual Internet. También ahí se popularizó la idea del movimiento “Open Source”: circulación libre de la información digital y el compartir los desarrollos en software.

Publicó cientos de papers científicos y numerosos libros. El más importante, titulado “La Sociedad de la Mente” (The Society of Mind) lo escribió junto a su colega Seymour Papert (inventor del lenguaje de programación Logo) donde sugieren que la denominada conciencia es básicamente el resultado de un conjunto de procesos neuronales redundantes. Su paper más famoso “Steps Toward Artificial Intelligence” publicado en 1961 fue el punto de partida de la investigación científica norteamericana en el campo de la IA durante el resto del siglo XX.

Se sintió muy feliz cuando el director de cine Stanley Kubrick le pide su colaboración para inventar la computadora HAL 9000, una máquina que se rebela contra los seres humanos en la icónica película 2001, Una Odisea Espacial. También el escritor Michael Crichton conversa con Minsky sobre células, dinosaurios y ADN mientras está escribiendo su famosa obra Parque Jurásico.

Profesor Emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, recibió numerosos honores incluyendo el Premio Turing en 1968. definía la inteligencia artificial como “la ciencia de hacer que las máquinas hagan cosas que requerirían inteligencia como si las hubiera hecho un ser humano”. Disfrutaba de improvisar en su piano figuras barrocas al estilo de Bach cuando lo sorprendió la muerte en su hogar de Boston el 24 de enero de 2016.

En los últimos años, se han verificado numerosos avances en temas de IA tales como el reconocimiento de voz, la identificación de objetos, los vehículos autónomos y robots bípedos. Lo anterior genera un círculo virtuoso que potencia nuevos desarrollos. Por su parte, opiniones de expertos, libros y películas han generado una sensación de inquietud respecto a la posibilidad de superinteligencias artificiales fuera del control humano. La polémica está en pleno desarrollo pero aún falta mucho tal como afirmó : “La riqueza y profundidad de los que nos hace humanos requiere de una enorme complejidad de mecanismos de cooperación y autoregulación”. Esto recién empieza.

Darío Weitz
Profesor Universitario
Rosario, Argentina

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Darío Weitz es Profesor Universitario en la Facultad de Ingeniería en Sistemas de Información de la Universidad Tecnológica Nacional, sede Rosario, Argentina. Así como es conocido el aporte de numerosos judíos en diversos campos científicos, no lo es tanto su aporte en temas de Computación e Informática. En tal sentido ha desarrollado un conjunto de pequeñas notas donde se detallan parte de esas contribuciones haciendo énfasis en las historias detrás de los individuos que las generan.