Diario Judío México - El Comité Olímpico Internacional se disculpó por incluir un video del primer relevo de la antorcha olímpica en los de de 1936 junto con las palabras «más fuertes juntos» en una serie de videos cortos que celebran el «mensaje de unidad y solidaridad» de los .

Pero la disculpa no tomó nota del fondo de la objeción a la inclusión del video.

Los nazis usaron esos para difundir su propaganda y mostrar a como un país modelo. Se impidió la participación de judíos.

El video fue publicado el jueves, exactamente un año antes de que los de Tokio 2020, pospuestos debido a la crisis del , estén programados para comenzar. Fue eliminado el viernes luego de una avalancha de respuestas negativas.

El Museo y Memorial de Auschwitz condenó al COI en un tweet.

“Durante 2 semanas, la dictadura nazi camufló su carácter racista y militarista. Explotó los Juegos para impresionar a los espectadores extranjeros con una imagen de una pacífica y tolerante”, dijo el tuit. «Más tarde, el expansionismo de , la persecución de judíos y otros ‘enemigos del Estado’ se aceleraron».

Un segundo tweet sugirió que el COI busque información sobre esos en el sitio web del Memorial y Museo de la Shoá de los .

En su disculpa tuiteada, el COI dijo: «Pedimos disculpas a aquellos que se sienten ofendidos por la película de los de de 1936. Hemos eliminado esta película, que fue parte de la serie de películas con el mensaje de unidad y solidaridad de los ».

El COI dijo en una serie de tuits que el video incluía información sobre el atleta estadounidense negro Jesse Owens, que «tuvo que sufrir en casa por la dolorosa realidad de la segregación racial», pero «en la Villa Olímpica vivía como un par con todos los demás atletas, disfrutando de los mismos derechos».

Nunca usa las palabras nazi o Hitler.

Entre los atletas judíos proscriptos estuvo la alemana Gretel Bergmann, quien deseaba participar en esos Juegos no  motivada por el éxito deportivo, sino por el deseo de romper el estereotipo de los judíos que potenciaban los nazis: «gordos, con las piernas torcidas y miserables».

La familia Bergmann, expulsada de por ser judía se había instalado en el Reino Unido. Allí le llegó una carta a la atleta que le anunciaba su posibilidad de inscribirse en la competencia.

Bergmann, obligada a disputar una ronda de clasificación un mes antes del inicio de los Juegos Olímpicos, saltó 1,60 metros -su mejor marca personal- y logró ser una de las tres clasificadas de para el evento.

Poco después, aceptó los gestos de Adolf Hitler para con los judíos y anunció que declinaba su boicot en los Juegos. Inmediatamente, los 21 judíos preclasificados fueron «no elegidos» -salvo Helene Mayer-.

«Nunca más me permitieron poner un pie en el estadio, ni como espectadora», aseveró la atleta y recordó los carteles denigrantes que se leían en estadios, locales y comercios de toda : «No se permite la entrada ni a judíos ni a perros».

Tras la denegación del permiso para participar en los Juegos Olímpicos de su país natal,  Gretel abandonó el país esta vez rumbo a , junto al que posteriormente sería su marido, el corredor judío Bruno Lambert.

Gretel Bergmann, que pasó a llamarse Margaret Lambert, si hubiera repetido su salto de clasificación, hubiera conseguido la medalla de plata, sin embargo el III Reich tuvo que conformarse con el bronce.

Los ministros del Reich infiltraron a un atleta hombre, Dora Rajten, a quien hicieron pasar por mujer, una historia que se develó 30 años después.

En , Margaret sufrió pesadillas imaginando su presencia en y saludando «¡Heilt Hitler!» como lo hizo la atleta Helen Mayer. A pesar de eso, se convirtió en un símbolo de la opresión judía en Alemania.

Lambert escribió el libro autobiográfico «By leaps and bounds» (A pasos agigantados), la HBO filmó un documental sobre su vida en 2004 narrado por la actriz israelí Natalie Portman y el Museo del Holocausto la incluyó entre sus principales protagonistas en una exposición.

En 1999, la antigua saltadora en altura volvió por primera vez a Alemania, a Laupheim, su ciudad natal.

«Cuando escuché que darían mi nombre al estadio para que los jóvenes se preguntaran ¿Quién fue Gretel Bergmann? y les contaran mi historia y la de aquellos tiempos, creí que era importante recordar, por lo que acepté regresar al lugar al que juré que nunca estaría de nuevo», aseguró Lambert.


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