Diario Judío México - Al estancamiento político que en estos días apremia a se suman los efectos del que le obligan a cerrar casi totalmente sus fronteras. Como resultado, algo más de 200 mil ciudadanos que presentan síntomas inquietantes deben aislarse en sus hogares, y el número de hospitalizados desborda un centenar de casos. El vaciamiento de los aeropuertos, la prohibición de cualquier aglomeración pública que supere mil participantes, las huérfanas salas  de teatros y cines, la masiva acumulación de alimentos en los hogares al anticiparse el cierre parcial de los supermercados: algunas consecuencias de una epidemia que, nacida en China, se expande con rapidez en el mundo.

A estas circunstancias se suman la incertidumbre política después de la tercera puja electoral. Las agrupaciones encabezadas por Beny Ganz ensayan en estos días tejer algún entendimiento con los partidos árabes que han obtenido quince escaños de los 120 en la Knesset. Suponen que sin tomar parte activa en el gobierno sus representantes le apoyarán desde fuera. Unos y otros entienden que si no aciertan en este empeño un reiterado duelo en las urnas traerá la victoria electoral de la coalición presidida por Bibi.

Dos circunstancias podrían alterar este escenario. Por un lado, la deserción de la diputada Orly Levi Abaksis de la coalición jefaturada por Ganz, y, por otro, una gestión acertada por parte del presidente Rivlin en favor de un entendimiento entre los líderes de los partidos hoy enfrentados.

Incierto escenario que abre la inquietante posibilidad de un cuarto y costoso torneo electoral que tendría lugar en septiembre. En cualquier  caso, Netanyahu deberá presentarse dentro de pocos días ante un tribunal jerosolimitano  por presuntos delitos que habría cometido.

En suma: corona e incertidumbre política, además de la crisis financiera que inquieta a la bolsa mundial, representan desafíos que pondrán a prueba la solidez de la sociedad israelí.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorLos descendientes de Blas
Artículo siguienteMedidas del Vaad Hajinuj en las escuelas de la comunidad por el coronavirus
Llegué a México desde Israel en 1968 invitado por Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. A partir de 1969 me integré a la CEPAL, Naciones Unidas. Fui investigador en El Colegio de México en los años noventa, asesor de UNESCO, y en la actualidad catedrático en la Universidad Bar Ilán de Israel.