Diario Judío México - La sorpresa mayúscula fue la que llevó la diputada inglesa laborista Margaret Hodge. Sorpresa y agradable. Mientras deambulaba por la galería Ben Uri se paró en seco frente a un retrato que le resultó familiar. En la portada de “The Times” aparecía el retrato un hombre de cierta edad, con bigote y pelo blanco y unos potentes ojos azules, fechado en agosto de 1940. El gesto era serio. ” ¡Sí, es mi abuelo!”, exclamó con una sonrisa. No tuvo la menor duda de que se trataba de él en cuanto lo tuvo a la altura de sus ojos.

El retrato de Wilhelm Hollitscher lo había pintado un artista que, como el protagonista de esta historia, estuvo confinado en un campo de internamiento. Hollitscher, que era ingeniero jefe de la Compañía Danubio Steamboat Shipping y que huyó de los nazis desde Viena a Gran Bretaña, pronto fue internado por los británicos en un campamento con muchos miles de compatriotas que decidieron marcharse de su país ante la idea nazi de fusionar Austria y Alemania en una sola nación. Era judío y previó que el futuro que tenía ante sí no era el más halagüeño.

Se avecinaban tiempo duros. Decidió poner rumbo entonces hacia Gran Bretaña. Su esposa se quedó en Viena pensando que con la edad que tenía, 55 años, la respetarían. “Era una mujer realmente bella. Aunque la historia que vivió es horrible”, aseguró la diputada a “The Guardian”. Fue obligada a lucir la estrella de David en su ropa y acabó sus días muy lejos de su hogar, en un campo de Lituania, a donde la llevaron. Allí la matarían. Nunca más pudieron volver a verse.

Hollitscher, nada más aterrizar en terreno inglés lo pasó realmente mal. Lo cuenta en sus diarios. No dominaba la lengua, circunstancia que se añadía a lo complicado de ser judío. “Se sentía tan aislado como deprimido”, desvela su nieta. En sus escritos deja constancia de que un oficial de policía llamó a su puerta y le dio una hora para prepararse.

Terminó en el campamento de Huyton en Merseyside, un lugar que acabó por odiar y sabía que más tarde o más temprano su vida acabaría ahí. Muchas veces, desvela su nieta, se preguntó por qué los altos mandos del ejército británico consintieron en encerrarles en un campo como aquel. ¿Había realmente antisemitismo entre los altos mandos? “¿Por qué encerrar a un judío enfermo de 65 años que había huido de Viena?”, se pregunta al final de sus diarios.

En Huyton entabló amistad con un artista, Hugo Dachinger, quién pintó su retrato con lo que tenía a mano, que era bien poco. Para dar color al cabello, por ejemplo, se valió de restos de pasta de dientes. El polvo de ladrillo y los restos de la escasa comida también le sirvieron como pigmento para dar color. El peculiar lienzo de que se valió, la portada del periódico, tenía su razón de ser: era el papel de mejor calidad.

Margaret Hodge cree que su abuelo fue liberado temprano del campamento debido a su delicado estado de salud. Murió en 1943 a los 70 años. Al leer sus diarios, dijo, tuvo la sensación de que estaba frente a un hombre que amaba la música y la política. “Hay mucha tristeza; pasajes conmovedores sobre el hecho de haberse sentido realmente como un extraño “.