Este año el mundo recuerda el milenario del nacimiento del primer filósofo español de la Edad Media. Un hombre de las 3 religiones monoteístas. Un judío que vivió en tierras dominadas por el Islam, escribió su obra filosófica en árabe y fue muy apreciado por los cristianos (especialmente por los franciscanos) y fue un creador de poesía religiosa judía y secular en hebreo. nace en Málaga en 1021, donde sus padres se trasladaron desde Córdoba, por las luchas que el califato padecía. Nombrado entre los árabes Ayyub Sulayman ibn Yahia ibn Jabirul, entre los cristianos Avicebrón, Abu al-Malaquí lo nombra Ezra Ibn Zakkuto, nombres que, en su conjunto componen una personalidad única.

Su firma como Avicebrón confunde a los investigadores, la autoría de sus trabajos queda en suspenso hasta que en 1847 Salomón Munk, erudito orientalista francés, coteja el texto latino con el resumen hebraico traducido por Ibn Falaquera, y confirma la identidad de su autor: Schlomó Ibn Gabirol.

Málaga sufre acciones violentas. Ibn Gabirol permanece allí 7 años y a la edad de 15 parte hacia Zaragoza, ciudad culta y hospitalaria que atrajo a eruditos musulmanes y judíos, donde destaca Ibn Gabirol. Gobernada por al Mondir II y un visir judío Jekuthiel ben Isaac ibn Ibn Hasán, apasionado de los versos como Ibn Gabirol, adquiere allí su formación científica y literaria. Poseía ya una fe de hierro, sólidas convicciones y un destino de artista, que desarrolla como refugio contra los desaires de la fortuna y de los amigos. En su extensa obra poética, canta la realeza del Señor y la presencia de Dios sobre todas las criaturas, imágenes bíblicas desplegadas en su poesía, de un profundo aire filosófico, eleva la majestuosidad de la creación.

Ibn Gabirol profundiza en los misterios de la gramática árabe, Jekutiel Al Hassán llegó a decir que “su brillo y su belleza eran comparables con el brillar de la luna llena y la luz del sol que se levanta para dispensar sus favores.”

Su carácter irascible genera desencuentros permanentes. En su peregrinar por la península, Ibn Gabirol elige Granada. Por aquellos días, un judío letrado ocupaba una sólida posición: el Rabí Samuel Hanaguid, conocido como Samuel ibn Nagrella, notable figura entre cristianos, moros y judíos, malagueño como Ibn Gabirol, ágil en comentar y explicar el Talmud, escribía sus poemas entre nubes de incienso y mirra. En ese ámbito Ibn Gabirol cultiva su inteligencia hasta el último suspiro, en una España que iba quedando sometida a la ley del puño. Compuso una colección de proverbios, selección de perlas, máximas morales, un tratado sobre el perfeccionamiento de las cualidades del alma, y una gramática hebrea dedicada a los jóvenes.

Su poema más celebrado “El Keter Malkut” o “Corona real” expresa su filosofía y su obra en prosa “Makor Jaim”, traducida como Fuente de vida, usa el diálogo platónico como recurso filosófico para la sobre la forma de la materia universal, la composición y el significación de todo ser fuera de Dios, de gran influencia en la cristiandad durante la Edad Media.

Ibn Gabirol murió posiblemente en Valencia hacia 1057, la leyenda cuenta que un musulmán envidioso de su talento lo mató y enterró bajo una higuera, cuyos frutos llamaron la atención del rey por su exquisita dulzura; descubierto el autor es condenado a muerte. Heine lo define como “el filósofo de los poetas y el poeta de los filósofos”.

*María Cherro de Azar, Secretaria académica de Cidicsef.

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