Diario Judío México - La identidad de las comunidades humanas no se construye ideológica o religiosamente, sino como distinción de grupos étnicos con una herencia socio-cultural especifica. Sin embargo. las identidades son difíciles de definir para quienes tienen una concepción del mundo derivada del enfoque moderno occidental: Se acostumbraba delimitar todo grupo humano bajo dos categorías primarias: nación y religión ligadas desde su principio; la era moderna introdujo la Nación-Estado, una entidad política en la que el grupo adquiere determinación y la religión se separa del estado. El estado confiere afiliación y significado sin conexión alguna con la religión. Así se puede ser parte de una nación sin compartir fe religiosa; ser parte de una comunidad religiosa sin compartir la nacionalidad o coincidir en estado y religión sin condiciones que conecten ambas categorías.

Pero en el ámbito de los judíos es difícil asociarlos con una o con otra de las dos alternativas. No son solo una nación o solo una religión, ni simplemente una nación en la que se practica cierta religión.

En años recientes se han escrito libros reexaminando la percepción moderna {occidental, protestante} del : Laura Batnisky, “Como llegó el a ser una religión”. David Nurember, en “Anti-: la Tradición Occidental”. Propone la construcción del como una necesidad del cristianismo de un enemigo eterno. Yaacob Yagar en “Judíos Soberanos: , Sionismo y ”. Escribe sobre la anomalía judía que se expresa en el nacionalismo israelí. Y, recientemente se publicó el libro de Daniel Boyarin, “: La Genealogía de una Noción Moderna”. Libro muy importante que comentaremos con la ayuda de Tomer Persico en un artículo de Haaretz.

Boyarin, nació en Nueva Jersey en 1946, es profesor en la Universidad de Berkeley y uno de los estudiosos más importantes del Talmud. Durante los últimos 30 años ha sido la luz central en la dirección de estudios contemporáneos judíos. Desde el principio de su carrera entretejió filología con técnicas de crítica literaria –critica en el sentido filosófico del proceso de la razón que garantiza sus pretensiones legítimas y condena lo que no tiene fundamento con referencia a todos los conocimientos a los que puede aspirar: se obliga a determinar sus fuentes, su ámbito y sus límites, garantiza el uso legítimo de sus derechos de someter toda cosa a la crítica de la razón, en este caso, para entender el texto talmúdico y, más allá, para introducir el Talmud al discurso literario contemporáneo. Boyarin posee la habilidad de ver el texto desde el ángulo del investigador y el ángulo tradicional al mismo tiempo con la combinación de una gran capacidad analítica astuta. Casi todos sus libros han dejado una marca concreta en la investigación de su campo.

En su trabajo hay un tema recurrente: la tensión y reciproca fertilización entre el rabínico y el cristianismo en el periodo del Segundo Templo y el presente. Ha puesto gran atención en el hecho de que ambas tradiciones nacieron en el mismo lugar y al mismo tiempo en una rivalidad fraternal con un origen bíblico común. Su misión crítica le permite desarmar los marcos de categorías establecidas en la modernidad como “” y “Cristianismo”.

Boyarin afirma que hasta hace unos siglos no existía el ‘’ en el sentido de una categoría abstracta de pensamiento y, por lo tanto, de vida. Sin duda, el termino no se encuentra en la Torah, los Escritos, la Mishna o el Talmud o los sabios medievales como Halevi o Maimonides. La presencia del término se sitúa en el siglo XII, por ejemplo, en el Midrash Sejel Tov de Rabi ben Shlomo y no denota una cultura particular o una religión específica, sino una condición- la condición de ser una persona judía.

Boyarin busca el origen del término en otros idiomas: Ioudismo en griego, Yidishkait en Yidish, Judentum en alemán y Judaism en inglés y concluye que no es un término judío. Los judíos hablaban del pueblo de , de hebreos, de israelitas y otros apelativos colectivos, pero no de una estructura teológica o basada en la fe. La noción de religión se originó en el cristianismo que se inicia como un marco voluntario {uno no nace cristiano en el siglo I} y enfatiza la fe correcta. Al mismo tiempo, los sabios judíos destacan la afiliación con el colectivo étnico y la observación de leyes y costumbres.

A principios del siglo XVI el término ‘’ se empieza a colar lentamente denotando fe religiosa, como algo que ocurre en el corazón del individuo. No fue por casualidad que coincidiera con la Reforma que dividió a la Iglesia y necesitaba una reorganización teológica. Boyarin apunta que hasta el siglo XIX se encuentra el ‘’ como el sujeto de oraciones, no alude a una fe en sentido alguno, no hay ‘esencia del ’, estos atributos se integran en Europa cuando los judíos tuvieron que definirse en el proceso de la modernización: el desarrollo de la Reforma y el ortodoxo; las dos corrientes, Cristianismo y , tuvieron que determinar los principios básicos de ‘’ para integrarse al mundo moderno occidental, cada una según su motivación.

Para los cristianos fue fácil porque ya habían construido el ‘Judaísmo’ fundamentalmente como el ‘otro’ frente al cual se definían.

Con la Emancipación el judaísmo se redujo a la religión de los judíos y les permitió integrarse al surgimiento de las naciones- estado. Los judíos se hicieron ciudadanos iguales a los ciudadanos de Europa Occidental. Según Boyarin ese proceso “destruyó la Yidishkait como forma de vida.”

El tradicionalismo se conservó donde no llego la Emancipación. El judaísmo de los tradicionalistas no es religión o nacionalidad, sino una entidad comprehensiva etno-cultural.

Con la emergencia del sionismo la diferencia se agudizo y la configuración contemporánea del judaísmo no ha resuelto cual es la definición y así se promulgo una Ley-Estado en que ha hecho temblar a la democracia con la legalidad religiosa, no civil. Una condición que conserva la religión en las leyes de identidad nacional al nacer.

Frente a problema tan urgente de solución, Boyarin dice: “la descripción del judaísmo como condición no elegida a la que uno nace no inhibe teoréticamente el reconocimiento de igualdad por el estado’. Pero no basta con anunciarlo, exige una determinación política que no distinga judíos de no judíos por afiliación religiosa en las leyes del Estado.

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Nació en la Ciudad de México, terminó sus estudios de Filosofía en la UNAM, es Escritora y traductora. Actualemente reside en Israel.