Este miércoles ( comenzando la noche anterior), con la festividad de Simjat Torá se cierra, en la diáspora, el ciclo anual de las altas fiestas hebreas, iniciadas con el Año Nuevo y continuadas con el Día del Perdón y la Fiesta de las Cabañas ( o Sucot).  Es decir que se termina el período en que se nos interpeló sobre nuestras acciones y comienza la etapa de llevar a la práctica la rectificación de nuestras conductas.

Simjat quiere decir “alegría de” y por Torá se entiende el Pentateuco -los cinco primeros libros de la Biblia- y, por extensión, todas las enseñanzas bíblicas. Esta fiesta muestra un estado de ánimo de singular regocijo para expresar la unción del pueblo judío por la Torá.

Durante muchos siglos de exilio, la Torá se convirtió en una especie de patria espiritual del pueblo judío. Es que sus enseñanzas no caducan.  Nos invitan a practicar la ética, nos exhortan al respeto mutuo entre los seres humanos para una sociedad más justa.

La festividad de la Torá no recuerda ningún hecho histórico sino que nos trae al estricto presente. Es la celebración en que se termina con la lectura semanal del Pentateuco e inmediatamente se la re comienza, siguiendo la idea de un proceso continuo que nunca finaliza del todo.

Este año, dado que se han levantado las restricciones generadas por la pandemia, se espera nuevamente la concurrencia masiva a los templos.  Las familias judías se hermanarán en los cantos y danzas, no sólo en las sinagogas sino también hasta en las calles, donde se se suelen sacar a pasear los rollos de la Torá. Se testimonia la afinidad del pueblo con un Libro que da las leyes del vivir y de la convivencia, del bien y del mal.

Su celebración se lleva  a cabo casi exclusivamente en la sinagoga y se  caracteriza por pasear siete veces todos los rollos de la Torá en alto, rodeándolos de alegres cantos y bailes. Estos paseos se realizan en el servicio del anochecer  (de éste martes 28)  y en el servicio matinal siguiente (este miércoles 29). Por un día se abandona el clima severo y solemne asociado generalmente a los servicios religiosos hebreos para dar paso a la alegría del conjunto.

Volviendo a la historia, cabe señalar que los sacerdotes  hebreos de la antigüedad fueron los primeros que brindaron a todo el pueblo el conocimiento de los textos religiosos. Ellos dispusieron -hace más de dos milenios- la lectura semanal pública de una parte de la Torá con lo que dejó de ser un tema de iniciados para convertirse en conocimiento de toda la comunidad y hoy estos textos son patrimonio de toda la humanidad.

Los textos bíblicos forman parte central de nuestra cultura occidental y son la base de las creencias en el monoteísmo ético -que a través de los judíos, cristianos y musulmanes- representan las  expresiones religiosas de media humanidad.

Han pasado centenares de años  y el Libro de los Libros, es y seguirá siendo venerado a través de fiestas como la "Alegría de la Torá".

(*) Presidente del Centro de Investigación y Difusión de la cultura sefardí, CIDICSEF

FuenteValores religiosos

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