El 7 de enero de 2015, el caricaturista Charb publicó un último dibujo premonitorio. “Sigue sin haber atentados en ”, constata, antes de imaginar la réplica de un yihadista con una kalashnikov en la espalda: “¡Hay que esperar hasta finales de enero…”

Poco después de las 11H00 locales de ese día murió bajo las balas de Sherif y Said Kouachi. Los hermanos yihadistas mataron a 12 personas en la sede parisina del semanario satírico Charlie Hebdo y en una calle adyacente. Miembros de la redacción, invitados, policías… “¡Hemos vengado al profeta Mahoma! ¡Hemos matado a Charlie Hebdo!” gritaron los asesinos en la calle.

Cuarenta y ocho horas más tarde murieron en una operación liderada por una unidad de élite de la gendarmería francesa, en una imprenta en las afueras de París.

Ese mismo 9 de enero, un cómplice entró en escena. Durante una toma de rehenes en el supermercado Hyper Cacher en las puertas de la capital, Amedy Coulibaly atacó a la comunidad judía y mató a cuatro personas antes de ser abatido por las fuerzas del orden. El día anterior mató a una policía municipal en Montrouge (región parisina).

– Espíritu Charlie –

Diecisiete muertos y el comienzo de un año negro en . Cinco años después, los atentados de enero de 2015 permanecen en la memoria como el inic

En y en el mundo, la emoción fue inmensa. En nombre de la libertad de expresión, nació un grito de movilización: “Yo soy Charlie”.

El 11 de enero, varios millones de personas salieron a las calles. En París, una marea humana se juntó en el centro de la capital. El presidente François Hollande reunió a 50 jefes de Estado en París en una marcha histórica.

Junto a los carteles dedicados a Charlie florecieron otros eslóganes. Palabras claves como “#jesuisjudío” (soy judío) y “#jesuispolicier” (soy policía) cobraron fuerza en las redes sociales.

Pero en y en otras partes del mundo, la libertad de expresión sigue siendo cuestionada abiertamente por algunos que se niegan a “ser Charlie”. Más allá del caso de las caricaturas de Mahoma, los extranjeros descubren un periódico satírico acostumbrado a chocar mucho más allá de lo imaginable.

– Ola yihadista –

es consciente de que la amenaza yihadista adquirió una magnitud totalmente diferente. Después de la falsa teoría del “lobo solitario”, que acompañó a los atentados de Mohamed Merah en 2012, descubrió que los hermanos Kouachi fueron capaces de coordinar sus ataques con Amedy Coulibaly, con quien se conocieron en la cárcel de Fleury Mérogis.

Los meses siguientes confirmaron que una nueva era había comenzado. Tras las llamadas del grupo Estado Islámico (EI) a golpear a Francia, se multiplicaron las acciones.

En febrero, tres militares fueron apuñalados en Niza (sudeste) frente a un centro comunitario judío. En abril, un estudiante de informática sospechoso de planear un ataque contra una iglesia de Villejuif, en las afueras de París, fue detenido después de matar a una mujer en un estacionamiento.

A finales de junio, un conductor de reparto decapitó a su jefe y exhibió su cabeza frente a una fábrica en Isère (este). Y en agosto se evitó una carnicería en el tren Thalys que conecta Ámsterdam con París. Un marroquí con una kalashnikov abrió fuego, pero varios pasajeros consiguieron reducirlo.

Esta serie negra terminó con el ataque más sangriento de todos. En la noche del 13 de noviembre, tres comandos coordinaron atentados en el estadio de fútbol del París Saint Germain, en bares y restaurantes del este de París y en la sala de espectáculos del Bataclan. Balance: 130 muertos.

Francia, herida por el atentado más grave en su territorio desde el final de la Segunda Guerra Mundial, adoptó el estado de emergencia. La comisión prorrogó este régimen de excepción hasta noviembre de 2017, antes de reflejarlo parcialmente al derecho común.

Desde entonces, los ataques continúan y la “amenaza terrorista sigue siendo elevada”, según la inteligencia francesa.

Cinco años después, se abrirá en Francia un nuevo capítulo, el de la verdad judicial. De mayo a julio, 14 sospechosos acusados de prestar apoyo logístico a los hermanos Kouachi y Amedy Coulibaly serán juzgados en París ante un tribunal penal especial.