Diario Judío México - Menos de una semana después de la Jornada Europea de la Cultura Judía -celebrada el pasado domingo-, inaugurará por primera vez un monumento a la memoria de la antigua comunidad hebrea local. El acto de inauguración se celebrará mañana a las 19.00 horas en la calle Falagueira y será presidido por el alcalde José Tomé. En el referido lugar se descubrirá un monolito con una placa conmemorativa y se plantará un olivo, a la vez que se leerá un texto de homenaje a las familias de judíos y judeoconversos que vivieron en la ciudad durante siglos.

Felipe Aira, investigador de la local y autor de un libro sobre los judíos y judeoconversos monfortinos, señala que la calle Falagueira no es el único lugar donde está documentada la presencia de familias hebreas. «Los judíos de no vivían separados del resto de la población y tenían sus casas en las mismas zonas que sus vecinos cristianos», explica. «Los documentos históricos prueban que en tiempos hubo judíos en la Falagueira, pero también en otros lugares, como las actuales calles Abelardo Baanante y Pescaderías o la parte alta de la plaza de , que entonces se llamaba del Azougue», agrega.

Sin embargo, Aira considera apropiada la elección de la calle Falagueira para emplazar el monumento, ya que en tiempos fue la principal vía urbana del núcleo histórico de la ciudad. «Es una calle muy representativa de lo que fue el antiguo , en el que los judíos vivieron tanto dentro del área intramuros como fuera de la muralla, al igual que lo hacían los cristianos», apunta.

Persecución religiosa

La documentación histórica, dice Aira por otro lado, muestra que contó con un cierto número de vecinos judíos tanto antes como después del decreto de expulsión de 1492. «Como sucedió en muchos otros lugares, hubo familias judías que decidieron irse, pero otras aceptaron la conversión forzosa a la religión católica y siguieron viviendo donde habían vivido sus antepasados, aunque siempre fueron vigilados con lupa por las autoridades ante la sospecha de que seguían practicando en secreto el », comenta.

El investigador señala que ese fue el caso de las familias conversas de los Gaibor y los Fonseca, a pesar de que ambas tenían una gran influencia en la sociedad monfortina de la época. «Entre ellos hubo regidores, es decir, que participaron en el gobierno local, y también comerciantes de mucha importancia -cuenta Aira-, pero eso no impidió que fuesen vigilados e incomodados por la Inquisición una y otra vez durante varias generaciones». Un miembro destacado de esta familia, Jorge de Gaibor, tuvo que ir a declarar en 1539 a Valladolid -porque entonces la Inqusición aún no tenía tribunales en Galicia- bajo la acusación de haber azotado un crucifijo.

Familias de conversos de las que todavía hay descendientes en la actualidad

Los documentos reunidos por Felipe Aira mencionan la presencia de vecinos de religión hebrea en el medieval, antes de la orden de expulsión decretada por los Reyes Católicos a finales del siglo XV. En las listas de vecinos elaboradas para el cobro de tributos aparecen nombres como Ismael, Moshe, Manuel, Lidica, Boaventura, Esther, Ventura o Isaac Chamizo, acompañados de la denominación de judío.

En cuanto a los conversos que siguieron viviendo en Monforte después de 1492, Aira ha recogido los casos de diversas familias -además de las mencionadass Gaibor y Fonseca- que llevaron apellidos como Coronel, De Paz, Núñez, Pereira, Céspedes, Mezquita, Lucena, Oliveira, Ávila, Freytas, Rodríguez, González, Feijoo y Correa, entre otros. «En la documentación histórica hay como una veintena de familias de conversos que en algún momento tuvieron problemas con la Inquisición durante los siglos XVI y XVII», explica.

Por otro lado, el investigador apunta que en la comarca de Lemos y en otros lugares viven en la actualidad algunos descendientes de aquellos antiguos conversos. «Es el caso de una familia apellidada Orozco, de la parroquia de Distriz, que procede de los Gaibor, y de unos parientes suyos que viven hoy en el País Vasco», dice. «Hay pruebas de que las familias de los Gaibor y los Orozco se unieron entre los siglos XVII y XVIII, pero el primero de estos apellidos acabó por perderse», añade.