La historia tiende a caer en el pecado del maniqueísmo, y la nuestra no es una excepción. Al ojear los manuales más generalistas da la impresión de que, desde la invasión musulmana de la península ibérica hasta la caída de Granada en 1492, por estos lares apenas rondaban árabes cristianos. Los dos grandes titanes de una pugna que se extendió durante nada menos que ocho siglos. Pero, como suele suceder, al mirar con lupa el pasado salen a la luz otras tantas piezas del intrincado rompecabezas que era la sociedad medieval hispana. Y uno de esos fragmentos olvidados es, precisamente, el de la comunidad judía. Inferior aquí en número a sus dos hermanas, pero igual de grande en aportaciones culturales y científicas.

Uriel Macías, investigador del instituto Isaac Abravanel y especialista tanto en la historia de los judíos en nuestro país como en bibliografía judaica en español, es de la misma opinión. «Cuando se estudia a los Reyes Católicos en el colegio, apenas se dedica una línea al final para decir que, en 1492, se expulsó a los judíos de España», afirma en declaraciones a ABC. Por ello, y en un intento de acabar con esta pesada losa, ha organizado «Sefarad en la Historia. Historiografía, bibliografía, imaginario»; un ciclo de conferencias que se desarrollarán en tres jornadas (3, 10 y 17 de diciembre) de 17:00 a 20:00 horas. «Serán de libre acceso y tan solo hay que inscribirse para poder asistir de forma telemática», añade.

La finalidad es compleja, pero también necesaria e innovadora. Por un lado, el seminario analizará la forma en la que se ha escrito la historia de los semitas medievales hispanos durante las diferentes épocas. «No queremos repasar solo los hechos históricos, para eso hay magníficos manuales. También pretendemos estudiar cómo la visión de la sociedad judía ha estado contaminada por el prejuicio a lo largo de muchos siglos». Y es que, en palabras de Macías, no fue hasta siglo XIX cuando algunos historiadores empezaron a desprenderse de esa visión corrupta para zambullirse, al fin, en la realidad palpable que se vivió en la península ibérica.

Por otro lado, y a lo largo de las once ponencias planeadas, el seminario abordará temas como la valoración que han hecho las fuentes (tanto clásicas como actuales) de la importancia de este pueblo en la formación de nuestra nación o -según Macías- «el peso de esa judía medieval en el imaginario israelí». Por descontado, una buena parte de las conferencias se centrarán en la relación de los judíos expulsados por los Reyes Católicos con Sefarad, el término bíblico para referirse a la península ibérica. «La idea es que estas actividades sean el punto de partida de un grupo de trabajo que analice constantemente diferentes temas históricos relacionados», añade el experto.

Mitos y olvido

El telón de fondo del seminario será el paso de este pueblo por la península ibérica. Una historia olvidada y, en ocasiones, llena de enigmas. De entre todos ellos, quizá el más famoso sea el mito de las tres culturas: la teoría que habla de una Granada multicultural en la que vivían en armonía judíoscristianos musulmanes. «No podemos trasladar un término como el de convivencia, que cuenta con unas connotaciones concretas en la actualidad, al pasado. Hoy implica una relación de igual a igual y hace referencia a que personas con perfiles diferentes coexisten y se influyen de forma mutua. Eso no sucedía así en la Edad Media. Entonces la sociedad estaba muy estratificada», desvela Macías.

Uriel Macías
Uriel Macías

El experto tiene claro, no obstante, que la situación de los judíos en la península ibérica fue «bastante más fácil» que en otras partes de Europa. Aunque huye de generalizaciones, pues es partidario de que cada monarca, noble o líder árabe de Al-Ándalus mantuvo una relación diferente con este pueblo, sí confirma que se les respetó hasta el siglo XIII, cuando «se empezó a producir un deterioro debido, entre otras causas, a la presión de la Iglesia para conseguir su bautismo». Tras una serie de matanzas perpetradas en 1391 por parte de los reinos de Castilla Aragón, su presencia en aquella primitiva terminó con «el llamado decreto de expulsión de 1492».

A su vez, Macías es partidario de que le debe mucho a los judíos que se afincaron en la península. Quizá no a nivel militar, pero sí en otros campos. «Tradujeron una infinidad de obras científicas y literarias. Salvaron todo aquel saber de la antigüedad para el mundo occidental», desvela. La tarea no era solo mecánica ya que, insiste, interpretaban aquellos textos e «incluían, a la vez, su propio saber». «Hicieron una labor muy destacable en la transmisión del conocimiento, aunque sus obras, al estar escritas en hebreo y árabe, no fueran conocidas entonces por el gran público», completa.

FuenteABC

2 COMENTARIOS

  1. El judío que habitaba en la península ibérica donde se desarrolló en total plenitud conviviendo con musulmanes y católicos se vió destrozada en poco tiempo debido a la intolerancia de los nuevos cambios impuestos por los cristianos, ordenando la salida precipitada, llevando solamente lo puesto, típico de un progrom caso similares en Inglaterra, Francia, Alemania etc, no solamente los expulsan sino que los asesinan y tratan de exterminarlos, esto determinó que con la eliminación judaica también la sociedad occidental va a su propia autodestrucción, lo más triste de ello es que no aceptan esta realidad

  2. Del discurso de Carlos Fuentes en el Congreso de la Lengua espanola, Rosario, Argentina, 15 de Mayo de 2012:

    "Y todos nuestros mundos americanos –indígenas, criollos, mestizos– son desde siempre portadores de una riqueza multicultural mediterránea que sólo podemos desdeñar por intolerable voluntad de empobrecimiento.

    Indoamérica también es Hispanoamérica gracias a las tradiciones hebreas y árabes de España.

    Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso el Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla.

    Con cuánta emoción, Majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo cuando el príncipe Felipe le abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas, dijo don Felipe, “con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy”.

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