Diario Judío México - Sólo unidos y enfocados saldremos adelante. No podemos darnos el lujo, en los momentos de mayor contagio de esta , que nada nos distraiga, porque las consecuencias siguen siendo difíciles de pronosticar; los puntos más importantes en los que necesitamos concentrar nuestra atención son la salud, la economía, la seguridad pública, el rechazo a la violencia —venga de donde venga— y el objetivo de vivir en paz y con tranquilidad.

Ninguna de estas metas tiene que ver con los intereses políticos que ya usan la emergencia sanitaria con miras a las macro elecciones de 2021 y que tienen fines muy distintos a los que nos debe preocupar a las y los ciudadanos en las circunstancias actuales.

Mucho menos nos debemos dejar confundir o introducir en una dinámica de miedo y desconfianza, eso es lo que la politiquería que ha reinado en este país durante muchas décadas ha buscado para que las y los mexicanos nos quedemos marginados de las decisiones más importantes o decidamos, de plano, no participar en los procesos electorales.

Esta misma semana, en la primera plana de Excélsior, se anticipaba que lo peor de la está por llegar, justo en el momento en que la otra crisis, la económica, impactará con toda su fuerza. Dependerá de la capacidad de colaboración, coordinación y comunicación de todos, el tiempo que nos llevaremos para recuperarnos y, adelanto, regresar a niveles óptimos en este aspecto será complejo y llevará no muchos meses, sino años.

Y vienen las temporadas de otras enfermedades, como el dengue y la influenza, que se sumarán al , para poner a prueba a un sistema de salud pública que apenas tuvo tiempo de prepararse, pero que todavía está lejos de cantar victoria, al igual que muchas otras redes sanitarias en el mundo a las que el covid-19 tomó no sólo por sorpresa, sino que también las rebasó desde un inicio.

Por si fuera poco, ahora el factor político, y las múltiples formas que utiliza para dividirnos y enfrentarnos, se dirige a llevar agua a los molinos electorales para mantener mayorías o arrebatárselas a sus adversarios, cuando en este entorno se necesita más que nunca de la solidaridad, apoyo y comprensión de todas y todos.

Por ello debemos evitar esta separación, condenar los actos de violencia desde donde surjan, y concentrar nuestra fuerza cívica en construir las soluciones para la mayoría en los temas fundamentales que no se han ido por el y que en algunos casos han empeorado en esta inédita temporada de aislamiento social.

La seguridad, la salud mental y física, la educación de nuestras niñas y niños, el cuidado y protección a nuestros adultos mayores, son pendientes que vamos a tener que resolver con o sin , no lo olvidemos, sin dejar a un lado el empleo, la recuperación de la economía y el respaldo que juntos debemos darle al maltrecho mercado interno del país.

Se ha insistido mucho, desde el inicio de este cambio de época en México, que la política no puede ser un asunto sólo de los políticos y es cierto, sin embargo, esta forma de hacer política a través de la distracción, las noticias falsas, los rumores y el temor, debe ser un tema que sí se quede en la grilla y en los intereses de grupo, para que no desvíen nuestra atención de lo que, verdaderamente, importa.

Esta pone a prueba a todas las sociedades del planeta y las únicas que podrán reponerse con cierta rapidez de ella serán las que se mantengan unidas, sólidas en sus principios y valores, enfocadas en sus propósitos y con una idea fija en la voluntad y compromiso que deben desplegarse para salir adelante.

Los tiempos políticos no pueden, ni deben, ser los tiempos de las y los ciudadanos, es al revés: entre todos podemos marcar ese paso y los cambios que urgen para consolidar una nación con una riqueza amplia, pero que ha sufrido de pésimas administraciones y peores intenciones, no importa si hablamos del gobierno en turno o de su oposición.

Hasta hoy, los cálculos no han variado demasiado en cuanto a la crisis sanitaria, seguimos en enorme riesgo y con posibilidades amplias de rebrotes, mientras los indicadores económicos ya comprobaron que la caída será única, por su fondo, en la historia del comercio mundial.

¿En qué momento dejaremos claro que estamos en circunstancias sin precedente y que es la sociedad la que debe impulsar la recuperación, sin que otras intenciones y objetivos políticos de distracción nos lo impidan? Ése es el reto inmediato que tendremos que resolver.

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