Con base en los indicadores que se hicieron públicos, el Buen Fin superó las expectativas, pero también lo hicieron los delincuentes dedicados a la extorsión, el fraude electrónico y el engaño con información personal.

Durante esos días, que coincidieron con el puente habitual, llegaron a muchos teléfonos celulares llamadas de supuestos cargos, pagos o gastos inesperados que, a través de simular ser empleados bancarios, los criminales aseguraban que podían corregir si se les compartían los números de la tarjeta de crédito, se hacían depósitos a una cuenta o hasta se cargaba saldo en alguna tienda de conveniencia.

No fue necesario amenazar a nombre de un cártel u organización criminal profesional, simplemente daban nuestro nombre completo, daban referencia de cargo no deseado y explicaban que se trataba de un delito que seguramente se había cometido en los comercios a los que habíamos acudido.

Si caías en la mentira, en minutos tenían sobregirada la tarjeta de crédito o casi vacía la de débito. En algunos casos que tuve oportunidad de conocer, se contrataron planes vacacionales, seguros y compras en línea de juguetes, ropa, calzado e incluso motonetas.

Lo que llamó la atención en estos casos, y en muchos otros ocurridos en semanas recientes, es el nivel de información personal que tienen los delincuentes, el uso de sistemas de call center y los guiones bien aprendidos para hacerse pasar por empleados de banco y/o supuestos policías.

Luego, es notable la red de complicidades que tejen en tiendas, sitios de internet, plataformas de entrega de comida y de transporte, para completar el robo y exprimir hasta el último peso de la víctima en el menor tiempo posible.

Estos “avances” en su negocio solo se pueden explicar por un relajamiento de los controles y protocolos de la industria del teleservicio, el acceso a tecnología sofisticada que ha bajado su costo y a una planeación que nos supera como consumidores y ciudadanos.

En este momento, la apuesta de bancos, empresas, instituciones financieras públicas y privadas es la migración de operaciones hacia la red y la nube. Una de las metas es ampliar el número de usuarios de servicios financieros a través de la tecnología disponible en casi cualquier dispositivo móvil, televisión digital o tableta.

Es un propósito importante y lograrlo puede cambiar para siempre las condiciones de exclusión que han vivido millones de mexicanos que no cuentan con una cuenta bancaria, historial de crédito o posibilidades de acceder a un préstamo para crecer en lo personal y en lo económico.

Sin embargo, también está haciendo que los delincuentes se sumen a esa transformación, e igual que un parásito, viajen para eventualmente atacarnos. Ese será el escenario donde tendremos que combatir los delitos de futuro. ¿Estamos preparados?