Diario Judío México - Si bien es muy conocida la historia de Rut y Naomí, veámosla someramente para analizar un punto muy interesante: Naomí era una mujer muy rica, tenía un esposo opulento, dos hijos… tan ricos eran que se fueron de Israel para no tener que compartir su fortuna con los demás. (El midrash comenta que incluso sus zapatos eran exquisitos.) Sus hijos se casaron con dos mujeres ajenas, Rut y Orpá. Con el correr del tiempo, perdió su patrimonio, su marido y sus hijos…. Rut decidió no abandonar a su suegra y eligió convertirse.

Es interesante notar que la conversión de Rut fue después de que Naomí sufrió lo que sufrió, no cuando estaba casada con su hijo, en el momento de prosperidad- al contrario, en la época difícil. Es sorprendente y la pregunta surge por sí misma, ¿por qué si no lo hizo en los buenos tiempos lo hizo durante los contratiempos?

Cuando a la gente le va bien, casi no se puede distinguir entre un tipo creyente y el que no lo es. Es fácil estar bien cuando se tiene bonanza, salud y demás. Empero, cuando las cosas no salen como quisiera, el yehudí piadoso actúa de manera distinta del individuo alejado de la espiritualidad: Se aferra a su fe, no reniega, toma las cosas con calma, tiene confianza en el Eterno. Cuando Rut comprobó el elevado estado espiritual de su suegra durante los tiempos duros no dudó en seguirla, dijo que Hashem será su D-s, tal como lo es el de su suegra.

Los jajamim nos enseñan que en un futuro las naciones Le pedirán a D-s una mitsvá para realizar- para demostrar que también ellos son aptos de recompensa. D-s les dará la mitsvá de sucá. En resumen, ellos no podrán cumplirla por un impedimento externo (calor excesivo). Nosotros también estamos exentos de la mitsvá en esas circunstancias. La diferencia es que las naciones patearán la sucá al salir y nosotros nos afligimos al salir. La fe hace la diferencia, en momentos buenos es fácil confiar en Él; no es así en otras épocas de la vida…. Rut vio eso y comprendió dónde se encontraba la verdad.

Shabbat shalom

Ampliado ligeramente de las palabras Rabí Zecharia Wallerstein

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