Diario Judío México - El espacio museístico quería rendir homenaje a los judíos asesinados en el Holocausto nazi y también a las minorías perseguidas, incluidas las víctimas de la comunidad LGBT, internados en campos de concentración, pero las excavadoras derribaron todo lo construido hasta entonces dejándolo reducido a escombros.

El anuncio se transmitió ampliamente en las redes sociales y fue recogido por muchos medios marroquíes y extranjeros. La reacción de las autoridades marroquíes no tardó mucho y se procedió a la inmediata demolición.

“La información transmitida por algunos sitios electrónicos y redes sociales sobre el establecimiento de un proyecto por un ciudadano extranjero que incluye un museo y varias instalaciones y un monumento en forma de bloques de arte, en la ciudad de Ait Fasca (provincia de Al Haouz) carece de fundamento”, según un comunicado del Ministerio del Interior.

“Los servicios competentes en esta provincia no han otorgado ninguna autorización para el establecimiento de un proyecto de este tipo”, especificaban las mismas fuentes. “El establecimiento de dicho proyecto obedece a los procedimientos reglamentarios y requiere la obtención de las autorizaciones administrativas vigentes”, añadía el documento.

Las autoridades marroquíes rechazaron las declaraciones hechas por el fundador de Pixel Helper, Oliver Bienkowski, quien insistió en tener todas las autorizaciones necesarias para comenzar los trabajos de construcción.

La ONG Pixer Helper ha protestado contra “la destrucción desproporcionada del monumento” añadiendo que todas las obras de arte incluido el arco iris de la entrada –símbolo del colectivo LGTB- “fueron profanados (…) destruidos deliberadamente por las excavadoras. El agua y las líneas eléctricas fueron cortadas”. Las pérdidas las cifran en unos 10 000 euros.

Además citan que desafortunadamente “desde el principio las autoridades rechazaron cualquier cooperación y durante el primer año las solicitudes de reunión con el alcalde fueron rechazadas”.

El monumento debía construirse en un terreno situado unos veinticinco kilómetros al sureste de Marraquech, en la carretera hacia los estudios de cine en Uarzazat, en Ait Fasca, que atrae a miles de turistas.

La idea era que estuviera formado por más de 10 000 bloques de piedra invitando “a todos los judíos y musulmanes del mundo a visitarlo y que contribuyera a fortalecer la amistad entre los países”, estando abierto a donaciones.

El proyecto contemplaba su conclusión para el 22 de diciembre coincidiendo con la fiesta judía del Janucá. Además, destacaba que el Museo sería único en un país árabe y segundo del continente africano tras otro monumento para recordar el Holocausto en Sudáfrica.

Lo ocurrido muestra, por una parte, la reacción tras publicar los medios marroquíes el proyecto que incluía la mención a los homosexuales, tema tabú en el país, y por otro, el tema sensible de un memorial judío en un país árabe cuando está sobre la mesa la solidaridad con Palestina. Curiosamente, hay un silencio de la minoritaria comunidad judía en respecto a lo ocurrido.

Se da la circunstancia que el pasado mes de abril se anunció la creación oficial de un Museo de la cultura judía, que se ubicaría en Fez, en concreto en Fez Jdid, que albergaba el mellah o barrio judío, con un presupuesto de 10 millones de dirhams (922 680 euros).

Lo ocurrido también demuestra la poca colaboración y cooperación con las distintas ONG extranjeras que quieren actuar en territorio marroquí.


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