Diario Judío México - Una de las preguntas más recurrentes que hacemos a nuestros conocidos al comienzo de un año nuevo es: “¿Cuáles son tus proyectos para el próximo año?”.

Generalmente, tenemos proyectos sobre nuestras vacaciones, nuestros asuntos comerciales o algún otro deseo que queremos realizar. Pocas veces vemos personas que proyectan mejorar sus modales o perfeccionar su conducta.

Debemos saber que cada día que pasa y no hay en él alguna mejora de cierta virtud o de determinada cualidad, se considera perdido.

Si a alguien le preguntamos su edad, podrá contestar que tiene 30, 40 o incluso 80 años. Pero esa edad es relativa, pues si dice que tiene 30 años, significa que ya no los tiene; es decir, esos años ya se fueron… Pero si aprovechó esos 30 años de vida, ya sea al mejorar su conducta, perfeccionar alguna cualidad buena o haberse deshecho de alguna negativa, etc., entonces sí tiene realmente 30 años de vida, pues en ese tiempo adquirió algo que vale mucho.

¿Hombre o animal?

Hay una diferencia muy grande entre el animal y el hombre, el ser humano.

La palabra “animal” se traduce al hebreo como Behemá. Nuestros Jajamim (Sabios) explican así la raíz de esta palabra: Ba Má, que significa: “¿Qué hay en él?”. Es decir, un animal nunca tendrá aspiraciones de mejorar sus cualidades o conducta.
Lo que tiene es lo que es; nunca será mejor ni más perfecto.

Algunos piensan que el hombre es un animal más, pero que se diferencia del resto por su capacidad racional. Sin embargo, eso es erróneo. La mayor diferencia entre el ser humano y el animal es que el primero puede cambiar y mejorar sus conductas, para el bien o para el mal.

Dice el Talmud que un toro que ha corneado tres veces o más merece la pena de muerte.

Podríamos preguntar: ¿por qué no conversamos con él o le enseñamos cómo tratar a los demás y no dañarlos? Sabemos que no es posible, ya que el animal carece de esa facultad de mejorar y perfeccionar sus cualidades.

Pero el ser humano tiene la fuerza de perfeccionar sus cualidades, virtudes, etc. El problema es que, si intentamos corregir a alguien, inmediatamente nos contesta: “Yo soy así”.

Esto es un error que mucha gente comete. Es verdad que podemos tener virtudes malas o pésimas cualidades; pero con esfuerzo y dedicación podemos cambiar radicalmente esas conductas para bien.

Debemos vivir con la mentalidad de mejorar día a día y perfeccionar nuestras virtudes a cada momento de nuestra vida.

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Nacido en Abril de 1982, en la ciudad de México. Autor de más de 25 libros de ética y filosofía judía. Entre ellos, La Dieta del Rambam, Consejos de Educacion de los Hijos, El Poder del Habla, Maaser Rafael, La Tefilá, y muchos más. Realizó el gran Juego: El Toratón, que consta de 2,500 preguntas y respuestas de Torá, Halajá (ley judía), Tanaj, Talmud, en forma de juego para los niños, adultos, etc. Conferencista y maestro de ética y filosofía judía. Sus vídeos y audios aparecen en Youtube y en SoundCloud. Dedica tiempo al día, mandando sus clases de Torá, vía mails, Whatsapp y Facebook.