Diario Judío México - Suzanne Lorge Spaak, hija de un exitoso banquero belga y cuñada del ministro de relaciones exteriores de Bélgica, estaba acostumbrada a una vida de lujos. Su esposo Claude era un exitoso dramaturgo y director cinematográfico. Él talentoso artista belga René Magritte pintó su retrato. Al trasladarse a París en 1936, los Spaak vivieron en Rue de Beaujolais 9, en el mismo edificio que la famosa novelista francesa Colette.

Suzanne era una madre devota y apegada sus hijos, Lucie y Louis, satisfecha por dedicarse por completo a su familia y a disfrutar la vida de alta sociedad en París. Pero tras el estallido de la y la ocupación alemana en Francia, la vida de Suzanne Spaak cambió para siempre.

Enojada por la represión, la brutalidad y la intolerancia racial de la ocupación Nazi, ella decidió hacer algo poco habitual para una mujer de su medio. En 1942 Suzanne se unió al Movimiento de Resistencia francés. Sin embargo, cuando se ofreció para trabajar con el Movimiento Nacional Clandestino en contra del Racismo (MNCR), sus miembros la recibieron con escepticismo. Ellos se preguntaban cómo (o si era posible que) esa dama de alta sociedad lograría sobrevivir las difíciles y peligrosas condiciones de su organización. Al principio le asignaron tareas simples como escribir a máquina, distribuir panfletos y comprar los suministros diarios. Después de un tiempo, Suzanne pidió desafíos mayores. “Díganme qué debo hacer, cualquier cosa me da lo mismo… así sabré que soy útil en la lucha contra el nazismo”.

Retrato de Suzanne Spaak pintado por René Magritte

El señor Aronson, un compañero de la MNCR, quien inicialmente dudó de las habilidades de la nueva recluta, comenzó a reconocer que había juzgado erróneamente su profundo compromiso con la causa. “No fuimos muy optimistas respecto a las capacidades de nuestra nueva colaboradora, pero fue un gran error. Ella pertenecía a la categoría de los idealistas para quienes su vida privada y sus necesidades personales dejan de existir en el momento en que una gran idea se apodera de su corazón y de su alma”.

Sin negarse a ninguna tarea, Suzanne caminó por toda la ciudad de París buscando un hospital que estuviese dispuesto a arriesgarse y atender a los judíos que estaban ocultos y necesitaban urgente atención médica. Aprovechando su influencia con la clase alta de la sociedad parisina, acudió a abogados, educadores, jueces, clérigos, estrellas de cine y escritores pidiéndoles su apoyo.

Consciente de las crecientes atrocidades de los nazis, Suzanne se dedicó a librar a Francia y a su Bélgica natal de sus opresores. Se unió a la red de inteligencia de La Orquesta Roja, una organización financiada por la Unión Soviética y fundada por Leopold Trepper, un judío comunista de Polonia. Este grupo conducía una efectiva recolección de información y datos de inteligencia en Alemania, Francia, Holanda y en la Suiza neutral. Sus miembros eran conocidos como el “Anillo de Lucy”. La red tuvo tanto éxito infiltrándose en el servicio de inteligencia militar alemán que, para eliminarla, los nazis establecieron el Destacamento especial de la Orquesta Roja.

A comienzos de 1943, se filtró información respecto a la deportación de niños judíos. Siendo una madre apegada a sus propios hijos, Suzanne se sintió tan abrumada por el peligro que enfrentaban los niños judíos que eso afectó su vida privada. Ella trabajó tenazmente para salvar las vidas de esos jóvenes judíos que estaban a punto de ser enviados a los campos de exterminio alemanes. Suzanne participó activamente en una osada operación iniciada por el Pastor Paul Vergara y Marcelle Guillemot. Ellos lograron esconder en un lugar seguro a más de 60 niños judíos de entre 3 y 18 años.

Al comienzo Suzanne albergó a algunos de los niños en su propia casa, a pesar del gran riesgo personal. Con la ayuda de sus camaradas, les proveyó a los niños tarjetas de raciones y ropa, y los trasladó a refugios más seguros en diversas partes de Francia. Mientras tanto en Bélgica los nazis rastreaban y monitoreaban los transmisores de radio de los operativos de la Orquesta Roja y comenzaron a arrestar a algunos de sus agentes. Los miembros capturados fueron torturados tan brutalmente que varios divulgaron nombres y secretos de la red. Como resultado, durante los siguientes 18 meses fueron arrestadas más de 600 personas.

Consciente del inminente peligro, Suzanne, quien ya había arriesgado su propia vida para salvar a los hijos de otras personas, entendió que había llegado el momento de salvar a sus propios hijos, Lucie de 16 años y Louis de 12. En Octubre de 1943, escapó con ellos a la seguridad de la casa de su hermana en Bélgica.

Sin embargo, unos días más tarde Suzanne fue arrestada por la Gestapo. Ella había tenido la entereza de darle la lista de los niños judíos y sus direcciones a un camarada clandestino, lo que permitió salvar sus vidas. La llevaron a la infame prisión Fresnes cerca de París, la segunda prisión más grande de Francia, que estaba bajo el control de la Gestapo. Era un lugar espantoso con celdas frías y sucias. Fueron muy pocos los miembros de la Resistencia Francesa y los ejecutivos de operaciones especiales británicos capturados que sobrevivieron en ese lugar.

Mary Elmes de Irlanda, una justa entre las naciones, también fue confinada en la prisión Fresnes, pero gracias a los esfuerzos del gobierno neutral irlandés, fue liberada unos meses más tarde.

La infame Prisión Fresnes que existe hasta la actualidad

Lamentablemente el destino de Suzanne Spaak fue diferente. Estuvo encarcelada durante nueve meses espantosos, fue sometida a torturas y finalmente sentenciada a muerte por una corte militar alemana. Cuando las Fuerzas Aliadas entraron a Normandía y comenzaron a luchar para liberar París, la Gestapo se preparó para huir. Pero antes de partir ejecutaron a algunos de los prisioneros, incluyendo a miembros de la Orquesta Roja. El 12 de agosto de 1944, Suzanne Spaak fue asesinada a tiros en la prisión, apenas 13 días antes de que París fuera liberada por los Aliados.

Todos los niños judíos que ella rescató sobrevivieron la guerra. A diferencia de muchos ‘Justos entre las naciones’ que arriesgaron sus vidas para salvar judíos, Suzanne no vivió hasta una edad avanzada, no pudo disfrutar de sus nietos ni ver las generaciones que había salvado. Tenía apenas 39 años en el momento de su muerte. Esta heroica mujer escribió en la pared de su celda: “Sola con mis pensamientos, aún hay libertad”.

En 1985, Yad Vashem reconoció a Suzanne Spaak como ‘Justa entre las naciones’.