Diario Judío México - En Yom  Kipur, el Día del Perdón, el pueblo de Israel hace Teshuvá (תשובה). Este concepto se refiere a “volver al camino correcto”. ¿Qué significa esto? ¿Acaso siempre vamos por un camino desviado? No necesariamente. A lo largo del año realizamos muchas acciones, emprendemos proyectos, descubrimos cosas nuevas, nos relacionamos con los demás. Contamos como guía con nuestra mente, nuestro juicio independiente, nuestro criterio. Ahora bien, es posible que durante el trayecto caigamos en el error, cometamos equivocaciones, incurramos en el mal. La Teshuvá nos señala la oportunidad para encaminarnos nuevamente, volver a la rectitud que refleja nuestro nombre “Israel”.

El hombre no debe considerarse a sí mismo como condenado de antemano a las desviaciones, incorrecciones y equivocaciones. No debe sentirse como un ser impotente que nada puede hacer frente a la fatalidad de su destino[1]. Tales concepciones solo pueden conducirlo a la dejadez, resignación e irresponsabilidad. El hombre, como fin en sí mismo, como persona individual y libre, puede ir por la buena senda, sin necesidad de caer en el pozo debido a supuestos determinismos metafísicos infranqueables que no tienen en cuenta su independencia y voluntad[2]. Su naturaleza le provee la herramienta básica de supervivencia, la mente, para que pueda descubrir y conocer aquello que le hace falta no solo para sobrevivir, sino también para vivir. Pero la infalibilidad no es una característica del ser humano, y por eso la Teshuvá permite su enderezamiento cuando falla.

Se dice que por medio de la Teshuvá el hombre toma consciencia de los males realizados por él, decide cambiar el rumbo de su vida, deja de hacer el mal y decide hacer el bien, y se convierte en consecuencia en otra persona; y para esto atraviesa cuatro etapas: reconocer el error (pensar), confesar el error (decir), decidir no volver a cometer el error (pensar), atravesar por la misma situación y no volver a cometer el error (acción)[3].

El concepto de Teshuvá posee sentido en tanto y en cuanto el hombre tiene libre albedrío y es responsable por sus acciones. No habría Teshuvá si el hombre fuera incorregible, o un sujeto cuyo determinismo lo imposibilitara a la concientización para el cambio. Porque es libre, el hombre puede tomar decisiones y elegir entre opciones. Puede que no siempre elija de manera adecuada; y un ejercicio espiritual de Teshuvá le permite meditar sobre su error, asumirlo, prepararse para no cometerlo nuevamente y así poder elevarse moralmente a sí mismo. En palabras de Rav Abraham Kuc: “Uno de los fundamentos de la Teshuvá consiste en la toma de conciencia de la responsabilidad del hombre frente a sus actos, relacionado con el concepto de libre albedrío. Al practicar el retorno, el hombre reconoce que no hay factor alguno que pueda cargar la culpa de su pecado y sus consecuencias, sino el mismo, y de esta manera clarifica el sentido de la libertad de sus voliciones y el poder de gobernar su propia vida”[4].

La falibilidad del hombre no es una licencia para actuar caprichosamente sin hacerse cargo. El hombre libre es el hombre responsable, y el hombre falible es el hombre sensato. Teshuvá no es dejarse librado a la arbitrariedad durante un año y luego esbozar un arrepentimiento sin sinceridad para sentirse legitimado a volver a la arbitrariedad un año más. Teshuvá conlleva sinceramiento y seriedad para evaluar y admitir las conductas realizadas. El hombre debe aplicar un estándar objetivo de análisis sobre los hechos y su conducta, para reconocer qué hizo mal, por qué esta mal, y por qué lo hizo. Sin la voluntad de lograr la rectitud y sin el empeño en corregirse, Teshuvá no tiene lugar. Según el Rambam: “Buscar el retorno a D-os significa no sólo el arrepentimiento, la confesión de los errores y la reparación; sino también la decisión firme de no cometer una vez más el mismo error. El que confiesa sus errores y no decide evitarlos en el futuro, se parece a aquella persona que se baña en agua sucia”[5].

Yom  Kipur nos brinda la oportunidad de arrepentirnos de lo que hicimos mal, pedir perdón por el daño causado, y retornar al camino correcto para hacer el bien. Corregirnos en aras de la rectitud, manteniendo coherencia entre pensamiento y acción, refleja virtuosismo. Que este día sea aprovechado para tomar la importante decisión de volver a la buena senda en caso de que nos hayamos equivocado, y que el aprendizaje obtenido nos sirva para mantenernos con integridad y hacer un uso responsable del libre albedrío.



[1] Hay concepciones judías que reconocen la existencia del destino en la eterna sabiduría de D-os que conoce lo que fue, es y será. Mas esto no exime al hombre de la responsabilidad de sus actos. El hecho que el Creador conozca lo que sucederá, no implica que le impone al hombre una actuación determinada. El hombre sigue siendo una persona libre con consciencia volitiva y juicio independiente para actuar; que tenga un destino conocido por D-os no significa que no obra responsablemente por su parte hasta llegar a él.

[2] Con esto no se quiere decir que no haya metafísica. Sino que, habiendo una, esta no cae en el determinismo total, donde la visión del hombre es la de un ser incorregiblemente condenado a la falla y sin verdadera responsabilidad por sus actos, por tener que suceder estos indefectiblemente. El ser humano sí tiene una naturaleza determinada, y dentro de sus parámetros es libre para actuar.

[3] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

[4] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

[5] Acerca de Iom Kipur, material recopilado por la Vaadá de Contenidos del Proyecto Haluaj Haivrí de  Lomdim: Aliza Bergman, Gabriel Volcovich, Natalia Kovalsky y Moshé Rozen; BAMÁ. http://www.bama.org.ar/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=245

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Nacido en San Juan, Argentina, en 1987, cursa estudios en derecho; egresado del Majon LeMadrijim en Israel, y con diploma por trabajo voluntario e investigación periodística en Israel; egresado del Instituto de Inglés Saint Paul, y con 4 diplomas internacionales del Esol Examination; miembro y Secretario de Juventud de la filial cordobesa de la Organización Sionista Argentina; fue madrij, Rosh y Rosh Jinuj del merkaz de Córdoba de la Tnua Hejalutz Lamerjav, movimiento juvenil sionista apartidario; Peil de MASA, sociedad entre el Gobierno de Israel y la Agencia Judía, para programas de larga duración en Israel dedicado a jóevenes. Brindó capacitaciones a jóvenes líderes y educadores comunitarios. Campeón y Subcampeón de Olimpíadas de filosofía a nivel provincial en San Juan. También hizo periodismo deportivo en medios locales, trabajó para Radio La Red en San Juan, y colaboró con artículos para el diario israelí Aurora, y los distinguidos blogs de la OSA filial Córdoba y de la Fundación Hadar, entre otros.