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Hacia una nueva y praxis de la Historia

Con base en las ideas de Hegel que había asimilado en marcos universitarios y en los vínculos con intelectuales de múltiple extracción radicados en Paris, Marx empieza a enhebrar una nueva concepción de la Historia y del papel que la ascendente clase obrera tendría en ella. Sostiene que ni Dios- un invento humano- ni la Idea hegeliana son sus determinantes y que ” la anatomía de la sociedad civil debe buscarse en la economía política.” Los hombres actúan conforme a sus intereses económicos en la medida en que adquieren consciencia de ellos. Ciertamente, difieren de los animales por tener capacidad inventiva al tiempo que busca y consigue beneficios materiales, que a su turno abren paso a la cultura.

En suma: no el Espíritu hegeliano modela la Historia sino el conflicto de clases y la consciencia que unas y otras asumen en este duelo. El ser humano persigue fines prácticos e inteligibles, y en este proceso se transforma. Es el principal actor en un eslabonamiento histórico y social que al cabo le concede la libertad. Y la sociedad industrial y burguesa es la última etapa en la lucha de clases que se verifica desde los inicios de la humana Historia. Por el ascenso del proletariado al poder los conflictos de clase habrán de desaparecer dando lugar a la plena libertad humana.

Explica que en diferentes periodos históricos, un grupo minoritario logra imponer su voluntad e intereses a los demás; por ignorancia, la mayoría se rinde. Una ideología – que es en rigor un autoengaño colectivo – les ayuda a perpetuarse en el poder. La religión en particular – opio de los pueblos – les sirve al tiempo que esconde el verdadero carácter de los litigios de clase. Difundir estos planteamientos y educar a las masas con base en ellos obligan al intelectual contemporáneo.

Planteamientos que condujeron a Isaiah Berlín a escribir que …”Marx es el verdadero padre de la historia económica moderna, y, ciertamente, de la moderna sociología. ” Sugiero que fue también un teólogo laico que propició una suerte de mesianismo secular apegado a  paradigmas judaicos.

El Manifiesto se manifiesta

En París, su quehacer intelectual no fue tolerado por las autoridades. En 1845, Marx, Jenny y su pequeña hija fueron expulsados a Bruselas donde amplió sus nexos con socialistas y radicales europeos como Bakunin, Garibaldi, Mazzini y Lasalle. Dos años más tarde la Liga Comunista inglesa le pidió armar un texto que sintetizara las aspiraciones de esta agrupación. Será el origen del Manifiesto del Partido Comunista que vio la luz en 1848.

Engels intentó atender la solicitud con páginas diseñadas en forma de preguntas y respuestas. No satisficieron a Marx. Acordaron entonces redactar en conjunto un texto que, al ver la luz y difundirse, avivó la atención tanto del naciente proletariado como de las policías europeas.

Le preside este postulado: ” La historia de toda sociedad es la historia de la lucha de clases.” Sostiene que el Estado moderno es en rigor un comité que administra los asuntos e intereses de burguesía. En su momento, esta clase habría desempeñado un papel positivo- incluso revolucionario – cuando deshizo el orden feudal, destruyó las relaciones patriarcales y creó la libertad de comercio. Sin embargo, el emergente proletariado pondrá fin a este orden burgués y dará nacimiento a una sociedad sin clases por virtud de medidas como la nacionalización de la tierra, la abolición de los derechos de herencia, y la libre educación para todos. El Manifiesto concluyó con celebradas palabras: ” los obreros no tienen nada que perder como no sean sus cadenas. Y tienen un mundo que ganar. Trabajadores de todo el mundo, ¡uníos! ”

Un mensaje el de Marx y Engels que ilustró y conmovió desde entonces a no pocas generaciones. Será referencia ineludible hasta nuestros días.

Las consecuencias del Manifiesto no se demoraron. En Paris tuvo lugar una revuelta que forzó la fuga del monarca. Le siguieron alzamientos populares en Nápoles, Milán, Roma, Berlín, Viena y Budapest. En aquel momento, Europa parecía estar en llamas; sin embargo, bien rápido se apagaron merced a la intervención de tropas leales a los gobiernos. Las autoridades francesas y alemanas ya no toleraron a Marx. Su única y última opción era entonces Londres que a la sazón admitía a intelectuales europeos a condición de que no tomaran parte alguna en los asuntos del país. Marx se trasladó a esta ciudad en agosto 1849 con la ayuda económica y el respaldo personal de Lasalle. Su familia le siguió un mes más tarde.

Londres: el definitivo hogar

revelaba en aquel momento poco interés en los dilemas del continente europeo. El progreso industrial y la ampliación de sus fronteras imperiales constituían entonces su principal quehacer.

Casi sin recursos y contando sólo con el respaldo de Engels, Marx y su familia vivieron en la pobreza durante largos años. Debieron errar de un tugurio a otro, conocer a menudo el hambre, y eludir constantemente a los acreedores. Tres de sus seis hijos fallecerán en estos difíciles años. Uno de los pocos consuelos: las visitas diarias a la biblioteca del Museo Británico y el firme apoyo de su esposa y de Engels.

El periódico New York Daily Tribune que gozaba de amplia circulación en Estados Unidos solicitó sus aportes como corresponsal en Europa. Sus páginas predicaban a la sazón políticas contra la esclavitud y en favor del libre comercio. Marx aceptó de inmediato el ofrecimiento, y durante diez años escribirá notas semanales sobre una dilatada diversidad de temas. En no pocas ocasiones Engels hilvana comentarios con la firma de su cercano amigo. Así, con el pago de una libra esterlina por artículo Marx pudo aliviar en alguna medida sus apremios.

Hacia La Internacional

En 1859 publicó su Crítica de la economía política. Con   estas páginas que se sumaron a publicaciones anteriores adquirió relieve en Europa. Para no pocos lectores Marx se asemejaba a un Moisés moderno que ofrece un esperanzado credo a humillados y oprimidos.

Un año antes se había inaugurado en Londres la Exposición de la Industria Moderna. Evento que atrajo a intelectuales y obreros de múltiples países – demócratas polacos, mazzinistas italianos, blanquistas y neojacobinos franceses y belgas. Y al fin maduraron las circunstancias para promover la Primera Internacional de Obreros en 1864 que, al andar del tiempo, ampliará el carácter y las perspectivas del socialismo europeo.

Marx tomó parte activa en la organización de este cónclave con la redacción del discurso inaugural. Así, el Mensaje de la Internacional constituirá, después de El Manifiesto Comunista, el documento más importante del movimiento socialista europeo.

Impulsados por la Internacional, los sindicatos iniciaron desde entonces presiones en procura de salarios más altos, reducciones de las horas de trabajo, y superior representación política. Frisando los cincuenta años, Marx se tornó la figura dominante en estos empeños.

Das Kapital

Estas actividades no lo alejaron de la biblioteca londinense ni de su mesa de trabajo. En 1867 publicó el primer volumen del El Capital, que fue considerado desde entonces un texto cuasi-bíblico por no pocos. Contiene una amalgama de teoría económica, historia y sociología al tiempo que dibuja el perfil del moderno sistema industrial y los efectos de la dinámica tecnológica en las estructuras productivas. Sostiene que en el entorno capitalista, los obreros son mercancías que se intercambian en los mercados con precios que fluctúan conforme a sus altibajos.

Más allá de los eruditos argumentos enlazados por Marx, los lectores entendieron que existe sólo una clase que produce más de lo que consume, y que la minoría capitalista se apropia del excedente merced al poder que ejerce en los medios de producción, esto es, recursos primarios, maquinarias, transporte, créditos y otros. Controla además la mayor parte de las instituciones sociales y cuenta con ideólogos y artistas que las defienden y embellecen. Suma de escenarios que necesariamente conocerá el colapso y dará término a la lucha de clases que se conoce desde los inicios de la Historia. Despuntará entonces la genuina historia humana. En síntesis: un mesianismo secular.

Quince años consagró Marx a la redacción de este libro. Quiso dedicarlo a Charles Darwin en reconocimiento de sus logros en el estudio de la evolución y selección de las especies, pero éste declinó el gesto en una amable carta con el argumento de que poco entendía en materia económica. Después de su muerte, Engels publicará los volúmenes segundo y tercero que apenas ofrecen nuevas ideas. En cualquier caso, las expectativas de Marx en torno a un pronto estallido revolucionario que cambiaría la faz de Europa no cristalizaron. Debieron esperar.

La Comuna de Paris – 1879

Las actividades de la Internacional no se restringieron al plano teórico o literario. Animaron levantamientos populares en protesta a la excesiva concentración de los recursos y la acentuada desigualdad en los ingresos. Por añadidura, tensiones militares entre Francia, Prusia, y Rusia acentuaron el clima de violencia en Europa.

La efervescencia popular tuvo expresión en Paris alentada por un grupo heterogéneo de intelectuales y obreros que declararon abolidas las formas tradicionales de gobierno. Por desunidos y desorganizados unos y otros conocieron el fracaso. No obstante, Marx les rindió tributo consideró a la Comuna como el primer acto de rebelión proletaria dirigido contra el gobierno y la clase explotadora.

Treinta años más tarde (1905) ocurrirá un alzamiento similar en Rusia alentado por los partidarios de Lenin.

En sus últimos años, Marx lidió con múltiples intelectuales que mal o torcidamente interpretaban sus ideas. Bakunin, Lasalle, Liebknecht, Plejánov, entre otros. El exceso de trabajo, la pobreza y los desencuentros con figuras europeas que mal interpretaban sus convicciones afectaron su salud. Sin embargo, le sorprendió que sus ideas tomaran impulso en Rusia donde no pocos intelectuales se inclinaban a adoptar versiones románticas del populismo socialista. Marx era para ellos lo que Rousseau había sido para los franceses en el siglo anterior.

Para facilitar el diálogo empezó a estudiar ruso, y al cabo de pocos meses pudo leer a Gogol y a Pushkin. La revolución por fin estallará en este país en los inicios del siglo veinte abanderada por retórica y aspiraciones que Marx había anticipado.

Los últimos años

Su estilo de vida apenas cambios en el curso del tiempo. Se levantaba temprano, bebía varias tazas de café, y leía hasta la noche después de una ligera siesta. A pesar del aparente desorden en el cuarto de trabajo, Marx rápidamente ubicaba los papeles y libros que necesitaba. Leía no sólo textos de historia y economía. Dante, Esquilo, Shakespeare y Balzac eran sus lecturas preferidas. En domingos se consagraba a sus hijos y nietos.

En 1881 falleció su esposa Jenny, y Marx morirá el 14 de marzo de 1883 mientras dormía en su gabinete. Junto con Jenny fue sepultado en el cementerio de Highgate. En la oración fúnebre Engels aseguró que…” el nombre de Marx se conocerá a través de las edades. ” No se equivocó. Con matices y expresiones desiguales sus ideas y planteamientos  gravitan hasta estos días. En la ciudad donde nació – Trier – se levanta un monumento de más de cuatro metros, iniciativa del gobierno maoísta chino.

En nuestros tiempos cabe encontrar diferentes términos y conceptos  que se originan en o aluden a Marx. Por ejemplo, los intelectuales y las teorías dependentistas en América Latina que estiman la estructura y el devenir de las sociedades latinoamericanas y denuncian el imperialismo norteamericano.  Y también cabe apuntar que desde los primeros pasos de la colonización judía en Palestina fue importante el ascendiente de Marx. Por ejemplo, Dov Ber Borojov le imprimió al sionismo un objetivo particular, y la formación del kibutz y otras modalidades colectivas de trabajo testimonian ideas marxistas. Incluso en estos días algunos planteamientos de la izquierda israelí sobre el carácter y el devenir de Israel como estado reconocen sus aportes.

En suma: sin Marx el siglo XX habría tenido otra fisonomía.

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Invitado por la UNAM llegué a México desde Israel en 1968 para dictar clases en la entonces Escuela de Ciencias Políticas y Sociales ( hoy Facultad). Un año después me integré a la CEPAL con sede en México para consagrarme al estudio y orientación de asuntos latinoamericanos. En 1980 retorné a Israel para insertarme en las universidades Tel Aviv y Bar Ilán. En paralelo trabajé para la UNESCO en temas vinculados con el desarrollo científico y tecnológico de América Latina, y laboré como corresponsal de El Universal de México. En los años noventa laboré como investigador asociado en el Colegio de México. Para más amplia y actualizada información consultar Google y Wikipedia.