Diario Judío México -

Un verdadero tzadik, debe de ser modesto. Así era Sergio. Era un gigante, un gibor, en hebreo, entre los intelectuales de nuestra comunidad. Autor de libros, algunas excelentes biografías, comparables con los grandes biógrafos judíos del siglo pasado.

Su conocimiento siempre al día, su amplia cultura, su claro estilo, hacía que sus manuscritos fueran gustosamente publicados por editores importantes.

Fue actor, luego director de teatro. Redactor en jefe de “Vida judía de ”. Gran idealista sionista. Director de “Tribuna Israelita”, que inicialmente fue una Revista de alto nivel, en la que colaboraban periodistas mexicanos no judíos, que circulaba en las altas esferas de la política a nivel nacional.

Presidente del Comité Central de la Comunidad Judía de . Siempre afable, siempre dispuesto a ayudar, era modesto por vocación y por su aguda inteligencia siempre destacó.

Siempre estuvo en la vanguardia del periodismo judío en . Desde joven logró un lugar en la prensa nacional, escribiendo una columna semanal en un periódico de circulación nacional “El Universal”.

Estaba con los jóvenes. Era consultado por muchos, entre los que me incluyo. Una vida llena de constante actividad, dentro de nuestra Comunidad.

Recuerdo que en los años 60 dio un ciclo de conferencias sobre literatura en el Centro Deportivo Israelita.

¡Cómo le aplaudían! Que descanse en paz con la consciencia tranquila de lo realizado.

Organizó un movimiento en la Comunidad, para pedir la libertad de emigrar para los judíos rusos. “Let my people go”.

Deja a sus cuatro hijos crecidos que tuvieron un padre ejemplar. Lo recordarán con legítimo orgullo.

Una anécdota que quiero relatar: Recuerdo un homenaje que se le hizo a Sergio en el CDI, a principios de los años 80 por su trayectoria como intelectual, escritor y líder comunitario.

Cuando llegué, ya había bastante gente en un salón improvisado en parte del Salón Grande del CDI. Yo no estaba invitado para hablar.

Por mi cariño hacia Sergio quise decir unas palabras, a ver si se podía. El Embajador de , en aquel entonces, era David Shmorak, un periodista polaco con gran cultura. Me acerqué a él y le pregunté como podía hacerle para que me dejaran hablar. Él me conocía, por haber sido invitado a la Embajada y me dijo que simplemente me sentara en el Presidium y que él iba a explicar la razón de mi presencia.

Mientras, me platicó el misterio de los “Lamed Vovniks”, una historia cabalística en la que muchos judíos creen. Con esta oferta de “protektzia” me animé. Llegó Sergio y varios notables de la Comunidad y se instalaron en la mesa del Presidium. Recuerdo a Sioma Elliot. Yo me colé y me fui a sentar en un extremo de la mesa.

No hubo problema. Nadie notó mi presencia, probablemente alguien no llegó y dejó la silla desocupada. Hasta allí, todo iba bien.

Primero habló el señor Embajador, luego el Presidentes del Comité Central, y otros que estaban programados. El Embajador pidió silencio, para que yo hablara, la gente escuchó lo que este “espontáneo” tenía que decir.

Tomé la palabra, me pasaron un micrófono. No recuerdo exactamente lo que dije, sobre el escritor, ensalzando su trayectoria intelectual y sumándome al homenaje que se le rendía.

Recuerdo que cuando dije: “Nudelstejer se atrevió a escribir en español, a pesar del atavismo hacia el yidish que predominaba en la mayoría de los periodistas de aquella época”. Fundó el Semanario “La Vida Judía en ”, de buen nivel”, se armó una rechifla entre el público. Hubo quien gritó: ¡Que se calle!, ¿Quién es?… y me callaron. Dejé de hablar en vista del desorden que obviamente estaba provocando y baje del podio.

En aquella época, había todavía muchos yidishistas en la parte ashkenazi de la comunidad y eran muy vehementes. Eran extremistas en cuanto al empleo del idioma yidish. Talibanes intolerantes.

Terminó el evento sin mayores problemas. El Embajador Schmorak me despidió y se sonrió irónicamente. “Ze beseder”, me dijo.

Años más tarde compartí otra vez la mesa de un Presidium con Sergio, en Ramat Shalom, con motivo de la conmemoración del Centenario de la muerte de Teodor Herzl. 1904-2004. Convocado por la APEIM, Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas A.C. quienes organizaron el Simposium.

Me dice Sergio: “Me recuerdo cuando me defendiste y fuiste causante de protestas. Me atribuiste el honor de haber sido el primer periodista que empezó a escribir en español. Te recuerdo muy bien”.

La verdad es que estas palabras me dieron mucho gusto y me hicieron sentirme bien. Ya no me quedó la duda de si mi intervención había sido aprobada.

Me sorprendí, que él recordara, después de tantos años una intervención mía, tan controvertida, que hasta causó problemas entre el público.

Que descanse en paz.

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