Diario Judío México - El padre del poeta Juan Carlos Friebe era alemán, militó en las Juventudes Hitlerianas y participó en la Segunda Guerra Mundial como miembro de las SS, la guardia de seguridad del régimen nazi. La madre del artista Omar Jerez era una judía sefardí. Los dos son granadinos. Los dos se dedican al arte y la cultura. Y, además, son amigos. El Palacio de los Olvidados de Granada, museo sobre la cultura sefardí, los ha reunido para compartir sus experiencias vitales y lanzar una pregunta: ¿sigue existiendo el hoy día?

Jerez, conocido por su polémicas performances como la que le llevó a recorrer el centro de San Sebastián caracterizado como si fuese la víctima de un atentado y cargando con un falso cadáver en los brazos, no tuvo pelos en la lengua para afirmar que sí, y que el mismo lo ha sufrido, aunque “de formas menos directas, porque es evidente que yo en ya no corro riesgo de que me maten. Pero sí he tenido que enfrentarme a numerosos prejuicios, como todos los judíos españoles”.

Una situación que resumió mostrando tres banderas: la de , la de EEUU y, finalmente, la de la Alemania nazi. “Cuando dices que eres judío te hacen responsable de todo lo que haga el Estado de , y te acusan de estar haciendo con los palestinos lo mismo que los nazi hicieron con nuestro pueblo. Pero, para empezar, yo soy de Granada, no de Tel-Aviv. He vivido en tres países musulmanes pero nunca he pisado ”.

Insistiendo en que “ y Palestina son estados viables que pueden convivir juntos”, Jerez lamentó que “desde la izquierda europea se defiende Palestina cayendo en muchas contradicciones. es una democracia, donde puedes ser ateo u homosexual sin peligro y las mujeres tienen libertad. En Palestina y otros países árabes sabemos que esto no es así”.

La base del judaísmo, opinó Jerez “es la duda. La Torah nos enseña a ser humildes y a dudar de todo. La persona que duda hace preguntas y cuestiona todo. Y al que cuestiona todo se le quita de en medio. Por eso creo que si no hoy no existiese buscarían otra excusa. Los prejuicios contra los judíos van a existir siempre”.

‘Mi padre, el nazi’

El padre de Juan Carlos Friebe nació en 1928 en Essen, Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, apenas con 17 años, formó parte del grupo llamado Los Lobos Negros, de las Juventudes Hitlerianas y las SS. Se dedicaban a poner bombas en puentes durante los últimos días de la guerra, entre 1944 y 1945, y nunca participó en nada relacionado con los campos. Después de la derrota, dio tumbos por el mundo hasta llegar a Granada, a la fábrica de pólvora de El Fargue, donde conoció a la madre de Juan Carlos.

“En mi familia alemana”, explica el poeta, “el Holocausto era un tema tabú. Cuando fui creciendo quise investigar qué papel podían haber tenido ellos en todo ello, y descubrí que mi tía fue administrativa de las SS. Era la persona que apuntaba nombres para los campos de exterminio en su máquina de escribir. Me dijo que ella lo hacía pensando que se trataba de criminales peligrosos. He escuchado muchas veces esa respuesta en Alemania, que no tiene por qué no ser cierto, pero es discutible”.

Friebe reflejó sus experiencias en un libro, Poemas a quemarropa. Admite que Jerez fue “el segundo judío al que conocí en mi vida” y también “mi único amigo judío”. Este, por su parte, interactuó con el público, preguntando a quien intervenía si había leído la Torah o conocía a alguna persona judía. Que también las había entre el público, y se preguntaban: “¿Ha quedado clara la diferencia entre ser judío y ser ciudadano de ?”.