Diario Judío México - La exposición fotográfica «Y continúo viendo sus caras» evoca desde hoy en el Museo de Historia de Cataluña la vida cotidiana de la comunidad judía de Polonia, desde el siglo XIX hasta el .

La exposición, ha explicado hoy el director del museo, Agustí Alcoberro, es una iniciativa de la Fundación Shalom, que en 1994 hizo un llamamiento pidiendo la donación de fotografías de judíos polacos.

La respuesta superó las expectativas y llegaron fotografías de toda la geografía polaca, así como de numerosos puntos del mundo, de Estados Unidos, de Argentina, de , de Venezuela, de Italia, de Brasil o de Canadá, en definitiva, de la diáspora.

El alma mater del proyecto es Galda Tencer, directora de la Fundación Shalom, cantante, actriz, directora teatral y toda una institución en Polonia.

Entre el centenar de fotografías que se exhiben en el Museo de Historia de Cataluña destaca una de las escasas instantáneas en color del incendio del gueto de Varsovia.

No menos emotiva es una fotografía de su madre aportada por Zahava Bromberg, de Tel-Aviv, una miniatura que la donante, según explica en una carta, consiguió esconder en dos ocasiones de los controles del doctor Josef Mengele en el campo de concentración de Auschwitz: una vez bajo la lengua y otra pegada con esparadrapo a uno de sus talones cuando tenía 14 años y sus padres y hermanos habían sido fusilados por los nazis al ser hallados en un bosque.

«No sólo son justos los que han salvado como mínimo una vida; sino también se merecen este calificativo los que han contribuido a preservar la memoria», y esos son los que hicieron realidad esta exposición fotográfica que se mostró al público por primera vez en 1996 en la Galería Zachçta de Varsovia.

El recorrido de la exposición se inicia con escenas cotidianas que evocan la vida, la cultura y el trabajo de los judíos polacos, que constituían la comunidad judía más importante de toda Europa hasta la Segunda Guerra Mundial.

Algunas de estas fotos habían sido custodiadas como recuerdos muy preciados, como tesoros; en otras ocasiones se conservaron en rincones olvidados, relegadas en buhardillas o subterráneos, detrás de cuadros o en baúles.

Según la responsable cultural del consulado, Hanna Podolska, la exposición podría ser interpretada como «un lamento por un mundo desaparecido, al cual sólo podemos volver a través de la contemplación de fotografías antiguas».

En esas imágenes, añade Podolska, «se congelaron las siluetas humanas, las sombras de las casas, las sonrisas rotas hace tiempo y, sobre todo, las caras».

Son caras de familias humildes, de comerciantes, de vagabundos, de estudiantes en la escuela, de militares, de familias burguesas que veraneaban en la playa o en balnearios.

En la parte final de la exposición se concentran fotografías con una relación más explícita con el como una interminable espera en la estación de tren camino del campo de concentración de Treblinka, o de un preso de Dachau con el atuendo a rayas.

La exposición «Y continúo viendo sus caras» ha llegado a Barcelona después de haber viajado a más de 40 ciudades de todo el mundo, entre ellas Fráncfort, Múnich, Hamburgo, San Petersburgo, Bruselas, en el Centro Wiesenthal de Los Ángeles, en el Memorial del de Detroit, en Nueva York, Toronto, Montreal, , San José, Buenos Aires o Praga.


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