Diario Judío México - En 1943, una joven de 22 años llamada Elísabeth Kalhammer, acudió al aviso de un diario alemán que le permitió trabajar como empleada doméstica de Adolf Hitler en su casa de descanso.

“Podía pensar, pero no hablar”, fue una de las primeras instrucciones que recibió cuando fue admitida al empleo que era reservado “para jovencitas privilegiadas”, según una entrevista en el diario austriaco Salzburger Nachrichten, donde cuenta sus experiencias 70 años después en la casa del dictador nazi en los Alpes bávaros.

“La casa estaba llena de invitados y el “Führer” estaba allí”, recordó sobre su primer día de trabajo. Enseguida la hicieron partícipe de las reglas de la casa: “Lo que se hable en la casa, no puede salir bajo ningún concepto de ella. Las faltas serán castigadas”, contó.

Son todos recuerdos de la antigua empleada del hogar que debía vestir mandil blanco. “Por suerte nunca me encontré con Hitler y no tuve que hablar con él”, afirmó la mujer que nunca quiso contar a nadie sus experiencias durante la época del Tercer Reich.

“Cuando Hitler salía en alguna ocasión a pasear fuera, estaba prohibido observarlo. Sólo podíamos verlo a través de las cortinas”, aseguró.

El 14 de julio de 1944 fue la última vez que vieron a Hitler en Berghof, seis días antes de un atentado del que salió ligeramente herido.

Dos días antes del final de la guerra y antes que llegaran los aliados, huyó con ayuda de una amiga a casa de su madre en la ciudad de Salzburgo en Austria donde actualmente vive.