El ultraderechista Anders Behring Breivik, quien cumple condena por el atentado de 2011 en Noruega, realizó hoy el saludo nazi en el inicio del juicio de apelación del proceso civil contra el Estado, donde los jueces revisan un fallo de que su encierro en solitario es inhumano. Breivik dirigió su mirada hacia los periodistas mientras hacía el saludo con el brazo derecho extendido, pero no habló.

Breivik ya había hecho un saludo similar cuando se celebró el primer juicio y en varias ocasiones durante el proceso celebrado contra él en 2012. "Es un comportamiento ofensivo hacia la dignidad del tribunal y también perturba la cuestión que nos ocupa, así que le pido que no lo repita", le dijo el juez Øystein Hermansen.

El extremista de derecha de 37 años, que mató a 77 personas en un ataque con bombas y tiros en 2011 en Oslo y la Isla de Utøya, y fue condenado a 21 años de prisión, demandó al gobierno en 2016 al afirmar que su encierro en solitario y el hecho de haber sido engrillado con frecuencia al inicio de su encarcelamiento violaban sus derechos humanos.

Los abogados que representan al gobierno dijeron que Breivik goza de mejores condiciones que otros presos en Noruega. Rechazan además que el reo pueda ser considerado una persona frágil mentalmente. Sin embargo, en abril, la corte distrital de Oslo falló a favor de Breivik en el sentido de que su aislamiento en la prisión de máxima seguridad de Skien violaba la Convención Europea de Derechos Humanos.

El Tribunal de Apelación deberá decidir sobre los recursos presentados contra la sentencia de un juzgado de primera instancia de Oslo. La condena se basó en la duración del aislamiento, las limitadas posibilidades de queja y las pocas iniciativas para compensarlo, según el fallo, que criticó que no se había tenido en cuenta la de Breivik y consideró que el control de las comunicaciones estaba justificado por la lucha contra el terrorismo.

Breivik fue condenado por hacer estallar en el complejo gubernamental de Oslo el 22 de julio de 2011 una furgoneta bomba que mató a ocho personas. Luego, se trasladó en coche a la isla de Utøya, al oeste de la capital, donde perpetró una matanza en el campamento de las Juventudes Laboristas en la que murieron otras 69 personas.

 

 

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