La Universidad de Tel Aviv dedica inmensos esfuerzos a la internacionalización de esa alta casa de estudios y para saber más al respecto, ItonGadol fue recibido por la vicepresidenta de Asuntos Internacionales, Milette Shamir.

“Debido a los procesos de globalización alimentados en la década de 1990, la revolución digital y el modo en que se conduce el mercado, una universidad de investigación que se precie de tal hoy debe dedicar muchos recursos materiales y humanos y energía a desarrollar su faz internacional”, destacó.

En ese sentido, destacó que la del coronavirus posibilitó que estudiantes de todo el mundo compartan un aula virtual sin la necesidad de viajar.

– ¿Esto vendría a ser la Cancillería de la Universidad de Tel Aviv?
– Podría decirse… Y también el Ministerio del Interior. El objetivo de esta oficina es formar una red profunda y amplia de relaciones internacionales para la universidad. Gran parte del trabajo es hacia el exterior: reunirse con autoridades de universidades, organismos y oficinas relevantes con los cuales estamos interesados en promover vínculos. Otra parte no menor del trabajo se lleva a cabo dentro del propio campus, porque para lo que se debe hacer que sea realmente internacional es crear el sistema que apoye a cada uno de los talentosos investigadores que tenemos para permitirles desarrollar sus habilidades de la mejor forma posible. Así que, de hecho, mucho del trabajo es hacer de la universidad una institución internacional.

– ¿Es un camino de doble vía?
– Dividiría la respuesta en dos… Una respuesta tiene que ver con las tendencias que estamos viendo en los últimos 15-20 años respecto del carácter internacional de las universidades: no hay duda de que debido a los procesos de globalización alimentados en la década de 1990, la revolución digital y el modo en que se conduce el mercado, una universidad de investigación que se precie de tal hoy debe dedicar muchos recursos materiales y humanos y energía a desarrollar su faz internacional. Es una tendencia que va creciendo y año a año más y más universidades entienden la importancia de este tema para destacarse como una universidad de investigación de calidad. Esta es una respuesta, dado que la Universidad de Tel Aviv es parte de esa tendencia. La segunda respuesta tiene que ver con el último año y medio: ¿cómo afectó a la internacionalización la crisis mundial, que -de hecho- influyó en todos los aspectos de la globalización? Es una pregunta interesante porque, por un lado, las influencias fueron crueles. Una parte muy grande de la internacionalización de la universidad reside en la movilidad física de los estudiantes y del personal. Todo eso se detuvo casi por completo. Por otro lado, las posibilidades que surgieron en tiempos de coronavirus, particularmente el muy rápido pasaje a una enseñanza digital de todos los campus del mundo. De pronto hay un mundo nuevo de internacionalización posible.

– ¿Cree que llegó para quedarse?
– Concretamente, vemos un mundo nuevo de internacionalización… Y el mejor ejemplo se da, en realidad, con los estudiantes. Pensemos en la Universidad de Tel Aviv: los estudiantes llegan ya de adultos, después del Ejército, a los 21-22 años, estudian 3 años para el título de grado -no 4 como en los Estados Unidos- y entonces vamos y les decimos: «Es muy importante que también cursen un semestre acá o allá»… La mayoría no puede hacerlo: no tiene tiempo, trabaja… Quizás el 2-3% de nuestros estudiantes utilizaban esa oportunidad… Llegó el coronavirus y de pronto entendemos que no hace falta viajar para recibir una experiencia internacional. Unimos un aula de Alemania con una de Brasil y otra de los Estados Unidos. Todos se sientan en el mismo espacio virtual y dirigen una extensión internacional, y esto es algo que puede darse con todos los estudiantes, aun si no pueden asistir físicamente. La experiencia internacional de los estudiantes en el campus viene a responder a una suerte de revolución, que a mis ojos es algo muy importante y encomiable porque pienso que para los alumnos israelíes, así como para los del resto del mundo, esta herramienta de capacidad de maniobra con satisfacción internacional es una de las cosas más importantes que podemos ofrecer.

– ¿Es difícil vuestro trabajo ahora?
– Es mucho trabajo… Toda cosa nueva es también difícil, pero hay mucho entusiasmo, energía y voluntad de abrir la universidad al mundo… Agrandamos mucho el plantel nuestro que se ocupa de la internacionalización. Una de las cosas que pasaron durante el coronavirus, entre otros temas como «ministra del Interior», fue construir el pasaje al servicio de internacionalización, así que tenemos personal y recursos nuevos, a los que estamos dedicados. Entonces, hay muchísimo trabajo y espero que lo estemos construyendo correctamente como para ser capaces de ver hacia adelante…

– A partir del 70° aniversario de Israel, todo el mundo comenzó a observar lo que ocurre aquí, particularmente en las universidades, ¿cuál es su mirada al respecto?
– No creo que la oposición a Israel sobre una base política por la situación en Medio Oriente se haya reducido. Creo que está viva y respira… Pienso que tenemos muchos desafíos, especialmente dentro de la nueva generación de estudiantes, ya que uno de mis objetivos respecto de los estadounidenses es superar la agenda progresista en la que muchos de ellos viven, con la idea de que un apoyo a los palestinos sería la solución al problema. Esto sube y baja en olas: después de que hay una operación en (la Franja de) Gaza o misiles desde allí, sí vemos una respuesta negativa… Vemos una reacción inmediata: puede ser una petición de estudiantes de una universidad amiga, que dicen: «Interrumpan las relaciones», pueden ser determinados disertantes que quizá no estén interesados en participar en una conferencia o preparativos virtuales con nosotros… Esto existe todo el tiempo… Pero en este sentido, pienso que también hay una imagen cada vez más compleja de Israel, y en ciertos lugares del mundo, las ventajas de una cooperación con Israel en áreas como medicina, cibertecnología, ciencias de la computación… en todas las disciplinas en las cuales, de hecho, damos grandes pasos adelante en el mercado son para ellos más importantes -o al menos, lo suficientemente intensas-, aun cuando eso que está establecido todavía existe. La imagen es compleja y nuestra función es tratar de explicar que la Universidad de Tel Aviv es pluralista, democrática, respetuosa de la ley, que cree en el diálogo abierto sobre todos los temas, incluso aquellos relacionados con los palestinos, y por eso algunos de ellos estudian aquí, en el campus. En ese sentido, tenemos una investigación excelente, con la cual se puede hacer cooperaciones sobre esta base, la de la comprensión de la complejidad de la situación en Medio Oriente, por un lado, y de las ventajas investigativas de la Universidad de Tel Aviv, por el otro.

– Para ustedes ha de ser algo cotidiano pero, ¿son conscientes de la importancia y el significado que tiene hacia el mundo el hecho que aquí estudien árabes?

– La Universidad de Tel Aviv es pública y parte del Estado de Israel. Pienso que hay una comprensión muy clara en la universidad de que la salud del Estado de Israel es la de todas sus poblaciones. Una sociedad sana es aquella en la cual todas sus partes pueden…

– «Salud»… ¡Qué palabra!

– …Sí… Por otro lado, tenemos en claro que en Israel, como un país o «Start Up Nation» en alta tecnología, la carta de entrada al éxito en la sociedad israelí pasa a través de nuestra educación superior y nuestras facultades, que capacitan a la gente para triunfar en este mundo. Esa carta debe ser accesible para todos los israelíes y por eso la Universidad de Tel Aviv está muy feliz por el aumento en la cantidad de estudiantes árabes, no solo en el área de la alta tecnología, sino en todo el campus. Yo estoy en Estudios Americanos y la mitad de nuestros estudiantes son árabes. Pienso en aulas con mitad judíos y mitad árabes… Pero en los campos de la alta tecnología vino una renovación porque en Ingeniería y en Ciencias de la Computación vemos un impresionante crecimiento de los estudiantes árabes dentro del alumnado. No conozco los números, pero me parece que en Ingeniería la cantidad de estudiantes árabes ya alcanza un porcentaje similar al que tienen en la población de Israel, que es como debe ser…

– ¿Qué valor le asignan a la llegada de estudiantes de todo el mundo, sean o no judíos?

– La galvanización de los estudiantes en el campus es la llave para el éxito en la investigación y la enseñanza. La investigación y la enseñanza son las dos cosas que nos importan… Cuanto más logremos moldear un campus galvanizado en ambas áreas, con gente de más culturas diferentes de todo el mundo, así lo lograremos… Un aula en la cual estén sentados un alumno argentino al lado de uno alemán, uno indio y uno israelí, que juntos tengan que resolver un problema, es un aula que logrará avanzar algunos pasos más que una en la que haya solo israelíes. Por eso, uno de los objetivos más importantes para nosotros en el campus es incorporar estudiantes internacionales en cantidades impresionantes y que nuestras aulas y laboratorios estén galvanizados desde el punto de vista cultural porque cada alumno trae su forma de pensar. Si queremos moldear un campus creativo, complementario y energético, necesitamos que todos los puntos de vista se entremezclen acá y ser un modelo para el Estado de Israel en ese aspecto. Tel Aviv ya es una ciudad muy internacional y lo quiere ser aún más, y si la Universidad brinda un modelo en una dirección internacional para las personas, judías o no, de adentro, de Europa Oriental u Occidental, de América del Sur y del Norte, de todas partes de Asia, damos algo muy importante para la ciudad.

– ¿Cuál es el arma secreta del gran aporte de Israel al mundo?

– Pienso que muchos de nuestros logros con el coronavirus van en dirección de la insolencia del israelí, para bien y para mal… En Israel hay muchas menos inhibiciones, se piensa muy rápido y se corre hacia adelante… directo a la tercera vacunación. Esto muchas veces también es un problema porque, a veces, si se corre demasiado rápido, no se piensa con la cabeza… Creo que lo que digo es un cliché, es lo que todos dicen sobre los israelíes… Es algo que nos urge entender de los alumnos del exterior de programas vinculados con el emprendedurismo y la innovación. Es el espíritu israeli que tratamos de comprender… Y de nuevo, también aprender de ellos, cómo se conectan sus culturas con los israelíes y cómo pueden neutralizar un poco ese correr hacia adelante y ser más planificadores.

– ¿Qué simboliza el hecho que haya hospitales y universidades fundados antes que el propio Estado de Israel?

– Es un símbolo que vemos hasta el día de hoy: la educación tiene una importancia muy alta. Lamento no tener los datos, pero es sabido que el porcentaje de jóvenes israelíes con un título de grado es muy alto en comparación con otros lugares del mundo -no hace falta repetir eso del shtetl (villorrio en Europa) y la madre judía…- y que el Estado de Israel invierte en educación superior e investigación un porcentaje de su Producto Bruto Interno relativamente más alto que otros países; por ejemplo, de Europa. No hay duda de que la educación superior se encuentra en la agenda del Estado hasta el día de hoy.