Cap. 9 El deseo de la maternidad nunca es suficiente || Viviendo de espectador en el espectro

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El deseo de ser madre siempre viene con un alto precio, el cual quiero que exploremos en este capítulo.  

He conocido muchas madres, que adoran su vida tal cual que no reparan en decirte lo maravilloso que es la maternidad y que aquellas mujeres quienes nos quejamos es porque no estábamos preparadas para serlo y ni siquiera nos merecemos el título. Es un sacrilegio voltear a ver la maternidad como algo negativo para estas mujeres, quienes se dedican a crear un culto, esperando que todo mundo les diga lo excelentes madres que son, porque realmente lo son. 

Por otro lado, estamos las madres realistas, las que adoramos nuestros hijos, pero sabemos el precio que tuvimos que pagar para tenerlos y reconocemos que la labor no es sencilla, además que no es apta para todas. Al menos yo personalmente, creo que no basta sólo con desear ser madre. Conozco mujeres que lo desearon y desafortunadamente la maternidad no fue lo que esperaban y terminó con sus vidas. Porque es una labor peligrosa.  


Empezando con el embarazo, las mujeres han dado a luz, desde siempre, por lo tanto, se reconoce como algo normal y natural, la Cesárea es la única cirugía donde se le pide al paciente hacerse cargo de otro ser vivo al momento de despertar y poder mover sus piernas. No importa que tan adolorida estés y cuántas capas de piel el cirujano tuvo que cortar para llegar a tu bebé.  

La verdad yo caí en este juego peligroso de la sociedad, me embaracé y pensé que la iba a pasar super bien, ya saben tenía en mente una maternidad de revista, esas mujeres que vemos con sus sonrisas intactas, panzas sin ni una sola estría y radiantes. No contaba con que lucir bonita seria lo último que tendría y por lo tanto en lo último que me preocuparía. 

Mi primer embarazo fue hermoso, fuera de alguna que otra molestia, se podría decir que estuve en las nubes, hasta que llegó el día del parto, más de 12 horas en labor de parto, para que todo resultará en cesárea, desperté cansada y teniendo que cuidar a mi hijo sola con una enfermera que tenía otros 5 bebés más que cuidar esa noche, además no sabía qué hacer, las personas creen que instintivamente vas a saber qué hacer, la verdad es que no, no sabes absolutamente nada, a pesar de qué me preparé con revistas y libros sobre cómo lidiar con diferentes situaciones una cosa es leer y otra diferente es la realidad.  

Mi segundo embarazo, fue espantoso, para empezar, estuve en cama por 3 meses, mi hijo amenazaba con no nacer, además había que soportar la crueldad que sufrimos las mujeres en estos hospitales. Llegas con amenaza de aborto, esperando que puedan solucionarlo y lo primero que te dicen es: “Lo más seguro es que mañana te preparemos para un legrado, pero no te preocupes las mujeres todo el tiempo abortan y después de un tiempo puedes volver a intentarlo.” Esas fueron las palabras más frías que pude haber escuchado en esos momentos, las mujeres que tenemos abortos involuntarios, no nos reconforta saber que hay muchas mujeres en la misma situación, no nos importa saber que podemos volver a intentar algo en lo que ahora nos sentimos fracasadas y sufriendo por una pérdida irreparable e irreemplazable, porque esa es la diferencia que muchas personas no entienden cuando se desea ser madre a no querer serlo. Cuando deseas ya tienes una idea, sueños y por supuesto te preparas para lo que viene, te autodeterminas a ser madre, es más ya lo eres, porque ya estás tomando tus vitaminas prenatales, ya estas alimentándote para cuidar a tu bebé que aún no sabes ni como será, pero que ya quieres conocerlo. Hay un efecto en ti positivo. Pero cuando no deseas, no existe eso, no está vivo ese proceso, es por eso que entiendo perfectamente a mujeres que terminan su embarazo por voluntad porque para ser buena madre hay que desearlo y quererlo, pero créanme a veces ni eso puede llegar a ser suficiente, he ahí la complejidad de la maternidad.  

Otras madres me han enseñado muchas cosas, a veces sin querer, he aprendido de ellas y sus experiencias. Me han formado y ni siquiera se han dado cuenta, porque no les he dado el reconocimiento apropiado, pero planeo cambiar las cosas un poco desde ya, porque las admiro, todas las mamás somos diferentes, algunas se apegan a modelo de educación recibido por sus padres, otras lo han moldeado un poco para adaptarlo mejor a las personalidades de cada uno de sus hijos y otras de plano se han salido de ese molde por completo, porque no vieron nada positivo en él. Creo que todos son respetables, hasta cierto punto yo quise adoptar el molde que aprendí de mis padres, sin embargo, eso casi me cuesta la relación y la salud emocional de mi hijo, porque mi hijo es autista y muchas cosas tenían un por qué, no era que mi hijo fuera mal educado o chiqueado, era que mi hijo simplemente reaccionaba diferente y ya. Gracias a que tuve la visión y fuerza para darme cuenta es que ahora mi hijo y yo llevamos una relación creo o me gustaría decir mucho mejor de la que yo llevaba con mis padres a su edad. No culpo a mis padres por nada, uno siempre cree que hace lo correcto, pero lo correcto tiene diferentes caras y cambia conforme los años pasan, afortunadamente, sino los niños seguirían recibiendo golpes por sus maestros o extraños y sería visto como algo normal. 

 

Hace algún tiempo conocí una madre de más de 90 años, con quien platicaba vía remota, me contaba como era su vida, lo feliz que había sido, lo realizada que se sentía porque ella tuvo a sus hijos, pero reconocía que tuvo el privilegio de decidir qué hacer, en cuanto a seguir trabajando/estudiando y ser madre. Pocas mujeres a su edad vivieron con ese privilegio y ella estaba muy consciente de ello, también me decía que su vida fue perfecta, que lo que vivió, lo vivió feliz, de hecho, siempre me decía eso, creo que es una de las mujeres más inteligentes que he conocido, aprovechó su vida al máximo y se notaba. Ahí descubrí la clave de ser feliz y es ser una mujer libre, con todas las oportunidades para poder decidir qué quieres hacer de tu vida. Estoy consciente que las oportunidades disminuyen dependiendo tu contexto, pero no olvides que siempre puedes decidir ser o no ser madre, cualquier opción que elijas, será la adecuada y nadie tiene derecho a juzgarte por ello.  

 

Gracias Maia, me enseñaste mucho… 

Acerca de Mamá de Pelusitas

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