Diario Judío México - Una fábula política.
Un muro que divide a los privilegiados de los desesperados.
Un intrépido niño que deberá forjar su propio sentido de la justicia.

Joshua vive con su madre y su padrastro en Amarias, un pueblo aislado donde las casas parecen todas nuevas. Amarias está rodeada por un gran Muro, vigilado por soldados. Un Muro que solo puede ser cruzado a través de un punto de acceso sumamente controlado. A Joshua le han enseñado que esta división es lo único que lo mantiene a él y a su gente a salvo de su brutal e implacable enemigo. Por lo mismo, no se cuestiona qué hay más allá, al contrario, está a favor, y agradecido, de la existencia del Muro.

Un día, mientras está jugando con su pelota, ésta cae en una zona de construcción. Cuando va a recuperarla se topa con una casa destruida, algo que jamás había visto en Amarias. Peor aún, las cosas de los habitantes de dicha casa siguen en su lugar, por ejemplo, un teléfono que parece estar esperando una llamada. Joshua se siente inquieto al ver semejante escena. No puede entender lo que está pasando y como es que esta casa, alguna vez habitable, se convirtió en un montón de basura.

La curiosidad lo lleva a querer saber más. Su investigación lo llevará al descubrimiento de un túnel que cruza el Muro. Joshua se arrastra a través de él y ve con sus propios ojos “La Zona Ocupada”. Ha escuchado muchas historias sobre lo que hay del otro lado, pero nada de lo que ha oído lo prepara para lo que encontrará. Un mundo tan diferente que cambiará por completo su visión de la vida y lo hará cuestionarse sobre su propia realidad, su familia, sus costumbres y el significado de la verdad.

Fragmento

Llevo viviendo en Amarias desde que tenía nueve años, y en estos cuatro últimos nunca he estado al otro lado. El Muro es más alto que la casa más alta de la ciudad. Si quisiera ver por encima, tendría que ponerme de pie sobre los hombros de un hombre que estuviera sobre otro hombre que a su vez estuviera sobre otro hombre que a su vez estuviera sobre otro hombre. Dependiendo de lo altos que fueran, quizá hiciera falta uno más. Todavía no se me ha presentado la oportunidad de probarlo.

Construyeron el Muro para evitar que la gente que vive al otro lado pusiera bombas, y todo el mundo dice que cumple su función de maravilla. La mayor parte de la gente que trabaja en las obras de Amarias es del otro lado y, si conduces hacia la ciudad, ves montones de personas que parecen venir de esos pueblos pero, aparte de eso, y aunque viven muy cerca de nosotros, da la sensación de que no estuvieran ahí. En realidad, eso no es cierto. Sabemos que están ahí porque el Muro y los puntos de control y soldados que hay por todas partes, son un recordatorio constante. Pero es casi como si fueran invisibles.

El autor

William Sutcliffe es un autor inglés reconocido por sus libros dirigidos al público juvenil. Su pluma es capaz de destacar en registros tan diferentes como la comedia, el suspenso y la crítica política. Cuando pasé al otro lado del muro es su sexta novela publicada.

 

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorPresidente en problemas
Artículo siguienteCarta Dirigida Javier Jiménez Espriu
Noticias, Reportajes, Cobertura de Eventos por nuestro staff editorial, así como artículos recibidos por la redacción para ser republicados en este medio.