Diario Judío México - Cuando nuestro patriarca Abraham se encontró en la tierra de los filisteos temió por el bienestar propio y de su mujer, se sintió obligado a decir que ella no era su esposa. El rey de ese lugar, Abimélej, tomó a Sará, pero D-s no le permitió dañarla en absoluto. Cuando encaró a Abraham le preguntó por qué motivo había dicho algo que le provocó caer en el error. Abraham respondió que no había temor al Eterno en ese lugar y temió que lo matasen con tal de tomar a Sará.

Esto no debe entenderse que alguien que no respeta a Hashem se vuelve automáticamente un asesino. Más bien, eso significa que cuando no hay fe en Él, las leyes pueden ser manipuladas según los caprichos y entendimientos de aquellos que están en el poder. Difícilmente alguien se denomine “asesino” o “ladrón”. Más bien, cambia los términos para que sus designios puedan llevarse a cabo. Se redefine la ley en propio beneficio.

No hace falta remontarse mucho en la historia para recordar cómo existió ese fenómeno; fue en la historia reciente. Las fuerzas del Eje no tuvieron que permitir el asesinato, solamente declarar a ciertos elementos de la sociedad como sub-humanos. Tenían que purificar la raza. Ese caso extremo resalta por serlo; sin embargo, cuando no nos apegamos a las leyes que el Todopoderoso ha dictado para el bien de la humanidad y de cada ser humano en particular, tenemos muchísima facilidad para tergiversar cualquier cosa. En vez de robar, la gente puede decirse que está realizando su lucha para sobrevivir, que el mercado es más difícil de lo que era antes, que la vida es una constante batalla. Siendo así, los términos usados cambian, no es “estafar” o “defraudar”- es “ser ágil en el trabajo”, “ser inteligente”, “no dejarse comer por los grandes peces”. El respeto a D-s no permite ese cambio de definiciones. La falta de temor a D-s causa eso. Si nos aferramos a las palabras de la Torá y de los jajamim, nos salvaremos de caer en graves errores.

Basado en las enseñanzas de Rab Itsjak Berkowitz.