Tierra Santa desde la concepción del judaísmo tiene especial relevancia debido a la historia de las doce tribus de Israel. Esto porque en la actualidad aunque muchos judíos nos encontremos en diáspora, conocemos nuestro pasado e historia más allá de la memoria que resguardan las páginas de los libros, gracias a los relatos de nuestros ancestros, donde Sabtas y Savas, contribuyeron a entrelazar nuestros nexos con el pasado, presente y futuro de esos caminos de leche y miel.

Así Jerusalén se hizo muy acogedora para los extranjeros durante el siglo pasado, abriéndose a los consulados de diversos países de Occidente y convirtiéndose en el mayor centro de peregrinación para millones de creyentes de diversas religiones del mundo, los cuales confluyen ante sus puertas en torno a su fe.

De esta forma han sido innumerables los relatos de viajeros, no solo de origen americano, europeo y asiático entre los que se cuentan arqueólogos e historiadores en esta parte del Medio Oriente, quienes despertaron el interés por esta pequeña franja de tierra en el desierto, desde hace más de un siglo.

Lo anterior sirvió para sentar las bases y constitución de las raíces del Israel moderno, ese que se encuentra tanto conformado por los movimientos nacionalistas de Europa, como también gracias a la comunidad de judíos autóctonos de Jerusalén. Porque ya en 1897 en Basilea, tuvo lugar el Primer Congreso Sionista bajo la presidencia de Theodor Herzl, buscando construir un consenso común de las diversas facetas de esta Nación.

En el mismo orden de ideas, ya para el año de 1901 surgió la Fundación Judía Nacional con el objetivo de adquirir tierras en Palestina, como bien nos relata Sara Kochav sobre el pasado de Israel en sus escritos. Sin embargo la primera Aliya que llegó a Israel fue de judíos inexpertos en cuanto al trabajo de la tierra a diferencia de la segunda emigración que durante el siglo XX, se constituyó por trabajadores que poseían una ideología sobre el trabajar la tierra con sus propias manos, pero para construir una nueva sociedad de hebreos.

Es de destacar que esta idea de una sociedad emergente, estaba basada en los ideales socialistas y sobre todo, gracias a las nuevas instituciones como las reconocidas organizaciones comunitaristas que constituían los originarios Kibbutzim, proyectos que no tuvieron precedentes antes en Israel.

Así estos emprendimientos fueron liderados por varios hombres y entre ellos no podemos dejar de mencionar la figura de David Ben-Gurión, quien tiempo después sería el Primer Ministro del nuevo Estado. Y donde los principios políticos, sociales y económicos, no se basaban solo en el trabajo duro, sino también en la creación de una constitución identitaria que albergara a una renovada cultura hebrea, acorde con la coyuntura histórico-social que le correspondía vivir a las nuevas generaciones de judíos en Tierra Santa.

Ahora si seguimos el planteamiento de Eleazar Ben Yehudá, este fomentó el hebreo como la lengua oficial de este nuevo Estado, siendo la única forma en la cual aquellos emigrantes que provenían de diversos países, se pudieran integrar a una sociedad más unida y uniforme lingüísticamente.

Durante este periodo de inicios del siglo XX, se conformó la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917, donde el Gobierno británico ya apoyaba abiertamente el establecimiento de un hogar nacional para las doce tribus de Israel en Palestina.

En términos generales durante el Mandato británico en Palestina las bases de una nueva sociedad en Israel se encontraban en marcha. Esto porque ya se había fundado la novedosa ciudad de Tel Aviv en las llamadas arenas del norte de Jaffa. Además se estaban construyendo el puerto de Haifa y a su vez, se habían iniciado la creación de varios asentamientos agrícolas como sindicatos de cooperativas, al igual que un sistema bancario y de educación laica, junto a la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Porque para finalizar el nacimiento del Israel que conocemos hoy, ese que para algunos era más que una utopía, le ha costado mucho trabajo a todos los judíos del mundo, aunque unos se identifiquen más con sus sueños de libertad, trabajo, sudor y lágrimas mientras que otros, siguen confiando en la esperanza de que algún día la tierra prometida, logre encontrarse ante sus ojos más allá de la diáspora.

(Especial para el Diario Judío.com de México.) 27 07 2020.

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Licenciada en Filosofía de la Universidad de Costa Rica, UCR, especializada en identidad nacional costarricense; ética; y comunicación social. En la actualidad investiga sobre los judíos sefardíes en Costa RIca. Además tiene estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa RIca y trabaja como consejera en razonamiento jurídico en una firma de abogados. Publica artículos en El Semanario Universidad, de la Universidad de Costa RIca, en esefarad.com, revista argentina en internet sobre cultura sefardita y ha publicado en el diario La Nación de Costa RIca. Es Poeta. Publicó poemas en la Revista Tópicos del Humanismo de la Universidad Nacional, UNA, en el Semanario Universidad de la UCR y en el diario La Nación. Forma parte de la Junta Directiva de la Ong Instituto para el Desarrollo, la Democracia y la Ética, IDDE.